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El capricho del Atlas marroquí

16/01/2014 europapress.es
Un nuevo mundo al sur de Marruecos.: Photo © EUROPA PRESS Photo

A los pies del Atlas, junto a los picos más altos de la cordillera africana, Richard Branson instaló uno los diez "caprichos" lujosos que posee en el planeta. Kasbah Tamadot, un antiguo fortín berebere situado a menos de una hora en coche de Marrakech, traslada al visitante a un auténtico "cuento de hadas" moderno junto a las aldeas bereberes que fueron la raíz originaria del actual Marruecos.

Fue Eve Branson, la madre del multimillonario dueño de la cadena Virgin, quien de alguna manera convenció a su hijo para que adquiriera este palacio. En 1998 toda la familia había realizado un viaje en globo por el Atlas marroquí y la señora Branson le confesó a su hijo que se había enamorado no solo del histórico edificio sino también del entorno paisajístico y de las gentes que lo habitaban. Richard Branson hizo realidad el sueño de su madre, compró los terrenos y acondicionó lo que él mismo define como "una de las propiedades más bellas de todo el norte de África".

La vida en el Atlas marroquí

El origen de los bereberes, los primeros habitantes de este territorio y de todo el Magreb, sigue envuelto en un misterio. Se trataba de tribus patriarcales organizadas que se extendieron desde Egipto hasta las islas Canarias. Hoy como en otros tiempos, los bereberes marroquíes viven mayoritariamente en las afueras de la ciudades como Fez, Marrakech y el Atlas, Añadir y Ouarzazate. Considerados en su propios país como primitivos, han conseguido mantener algunas de sus tradiciones más antiguas como su propia lengua (hay cuatro dialectos: riffi, tahelheit, soussi y tamazight), aunque cada vez más su población se entiende en árabe y francés.

Es precisamente en el Alto Atlas donde este pueblo ha conseguido guardar gran parte de sus raíces debido a que durante muchos años fue un territorio aislado y casi inaccesible. Hablamos de una cordillera de montañas espectaculares y escarpadas con muy poca vegetación, con grandes y siniestros desfiladeros y profundas gargantas. Es en las laderas de este paisaje agreste e inhóspito donde se levantan las aldeas bereberes de casas de barro con techado plano. Sus callejuelas, ocres y rudas, dan paso más abajo a los huertos acondicionados en terrazas. Aldeas casi apagadas con un aroma que huele a mágica tristeza y que constituyen la "gran frontera" en Marruecos.

Kasbah Tamadot, estratégico enclave en Asni

En un cruce de caminos de este encantador paisaje del sur marroquí en Asni, se alza a nuestros ojos Kasbah Tamadot. Su renovación completa, cuidada al detalle en mitad de un auténtico vergel donde crecen hierbas aromáticas, verduras y frutas, preservó el encanto y la originalidad del enclave mezclando colores, texturas y modelos tradicionales con la arquitectura y la tecnología más modernas. Solo veinticuatro habitaciones, seis de ellas jaimas de lujo con vistas al río y a la vieja aldea berebere de Asni,  dotadas de camas "king size", bañeras relajantes y confortables sofás en una exquisita decoración antigua que contrasta con la modernidad de su equipo musical (desde Mozart a Norah Jones todo es posible), o la de su servicio Nespresso para tomar los cafés más selectivos, pasando por un sistema automático para calentar el interior de la cama durante un rato o toda la noche. Y la guinda final, la Aman Suite, la gran suite de tres habitaciones, réplica en miniatura del propio kasbah.

En las instalaciones comunes el cliente puede disfrutar de piscina "infinity pool" de 25 metros, de agua templada, con cascada en una de sus lados, y otra piscina interior con salas de sauna, masaje y un tradicional hamman tentador. Similar a un baño turco, pero acompañado de un servicio de masaje, ofrece un tratamiento que limpia la piel gracias a sus tradicionales jabones, alinea la postura y elimina las tensiones acumuladas. Muy cerca del spa, el restaurante Kanoun ofrece una suculenta carta de cocina internacional y marroquí que sorprende por la variedad de sus sabores. Absolutamente imprescindible es su mirador instalado en un corredor del restaurante, desde donde se divisan las cumbres del Atlas, tanto como su cercana piscina de pétalos para poder cenar con intimidad a la luz de las velas. Y una sugerencia, vale la pena tomar el aperitivo o un té en la biblioteca. Su grupo de telescopios permite observar las estrellas cuando cae la noche.

Las actividades del hotel son, sin duda, otro de los alicientes del viaje. Además de la consabida escapada a Marrakech, se puede practicar el senderismo, la equitación, los viajes en globo al amanecer o, quizás la más original, un recorrido en mula por el auténtico Atlas y sus aldeas bereberes. Con la ayuda de Abdul o Houssain se puede apreciar de cerca la vida de las aldeas -Asni no tiene más de 2.000 habitantes y está esparcida en varios núcleos- montando a estos animales. "No podemos emplear burros para estas excursiones -nos dice Abdul- porque son animales más obstinados mientras que las mulas pueden viajar durante cuatro horas seguidas sin parar". El aguante de las mulas es tal que en verano son capaces de soportar una jornada completa hasta llegar al pico Toubkal, el techo del África Septentrional con sus 4.167 metros. Desde su cima se divisa la gran "ciudad roja", Marrakech, otro mundo muy diferente al de estas montañas que han servido de escenario cinematográfico en películas tan populares como "Lawrence de Arabia", "Gladiator" o "La última tentación de Cristo".

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