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Ischia, la "reina" del Golfo de Nápoles

Home2-Travel 07/03/2014 europapress.es
Playa de Ischia. © Getty Playa de Ischia.

Frente a Nápoles, en la entrada del golfo que preside el majestuoso y siempre desafiante Vesubio, se encuentra la isla de Ischia. Aunque no tiene la fama de Capri, la llamada "isla verde" impresiona cuando el viajero se acerca a sus costas surcando las aguas del Mar Tirreno. Mucho más, incluso, cuando advierte la presencia del Castillo Aragonés, levantado en lo alto de un espectacular peñón, de origen volcánico, que protegió históricamente a guerreros, piratas y monjas. En el siglo XV un rey aragonés, Alfonso V, construyó el puente que lo une al resto de la isla, de ahí que tomara su nombre para la historia.

Todavía hoy en la cima de esta Gran Roca, a 113 metros sobre el nivel del mar, a la que se accede en la actualidad mediante un ascensor, se puede pasear por una parte de los restos de su monasterio de monjas clarisas. En este viejo convento, muy dañado tras las guerras napoleónicas, resulta muy sorprendente la visita de las tumbas de las monjas situadas en sus subterráneos. Las "sillas de piedra" donde quedaban depositados los cuerpos de las religiosas tras encontrar la muerte estaban a la vista del resto de la congregación para comprobar su deterioro y descomposición. Una visita diaria por parte de las monjas vivas les recordaba que la vida tenía un fin. El ritual terminaba cuando los esqueletos de las monjas eran amontonados en el osario del templo en una ceremonia llamativa y sorprendente que se siguió practicando hasta el inicio de la década de los sesenta en el siglo pasado. En ese momento el obispo de turno decidió terminar con la histórica tradición religiosa.

Ya en la superficie, el itinerario sigue por la catedral dedicada a la Asunción, o más bien lo que queda de ella con unos interesantes frescos en la cripta, la Casa del Sol -utilizada para exposiciones temporales- y sobre todo las celdas, hoy convertidas en habitaciones del pequeño hotel del castillo, aunque resulta difícil acceder a él salvo que uno sea huésped del establecimiento. Más arriba se encuentra la residencia de la familia Mattera, que curiosamente compró toda la fortificación en 1910 por una cifra que hoy haría reír a más de uno: cuarenta mil liras. Desde esta posición, e incluso más abajo a la altura de las terrazas a las que tienen acceso los turistas, la vista es excepcional con Ischia Puente, el Monte Epomeo -el punto más alto de la isla con 789 metros-  y las colinas Campagnano en el horizonte. Después, si se dispone de tiempo, vale la pena dar una vuelta por las murallas de este recinto que en el Seteciento albergó a mil ochocientas familias, y por el Museo del Mar, ya en el centro del pueblo, la antigua Torre del Reloj que alberga maquetas de veleros, fotos de época, postales e instrumentos de navegación de principios del siglo XX.

En realidad, Ischia, la más grande de todas las islas del golfo de Nápoles, es el asentamiento griego más antiguo de toda la zona. Los helenos fundaron Phitecusa en el siglo VIII a. C. en lo que hoy se conoce como Lacco Ameno, y después pasaron sucesivamente por la isla bizantinos, sarracenos, normandos, aragoneses, franceses y austriacos, hasta su definitiva incorporación al Reino de Italia en la segunda mitad del siglo XIX. Hoy, Ischia cuenta con una población próxima a los 60.000 habitantes y vive casi exclusivamente del turismo, sobre todo gracias a la fama de sus aguas, apreciadas históricamente por helenos y romanos,  que se pueden tomar en un amplio y variado grupo de centros termales (hay más de 300 hoteles en esta isla de 46,3 kilómetros cuadrados y 34 kilómetros de litoral). Las aguas de los centenares de manantiales que brotan en la isla recuerdan el origen volcánico de Ischia, aunque apenas tienen recorrido terrestre pues enseguida alcanzan el mar formando en algunas calas y bahías un color muy original.

La principal ciudad de la isla es Ischia Puerto, donde atracan los barcos procedentes de Nápoles, Sorrento y Capri. El puerto, situado entre decenas de limoneros y árboles frutales, sorprende también por sus cafés, sus tiendas y sus playas cercanas, pero los turistas reparten habitualmente su tiempo entre Ischia Puente, con su impresionante castillo, y Forio, en la costa oriental, que es la segunda localidad más poblada de Ischia. Forio fue a mediados del siglo XX un centro internacional de la cultura mundial atrayendo a nombres tan conocidos como Luchino Visconti, Pier Paolo Pasolini, Liz Taylor, Richard Burton, Alberto Moravia, Pablo Neruda o Jacqueline Kennedy y Aristóteles Onassis, aunque desde el punto de vista más popular la isla fue "descubierta" gracias a la divertida película que rodó en ella Billy Wilder ("Qué ocurrió entre tu padre y tu madre?", "Avanti", 1972), con Jack Lemmon y Juliet Mills de protagonistas.

El atractivo de Forio se centra, como antaño, en las calas y ensenadas que la rodean y en su principal "tesoro natural": los Jardines de La Mortella. Este parque, inspirado en la Alhambra granadina, fue originalmente propiedad del compositor inglés William Walton, quien llegó a la isla junto a su mujer, la argentina Susana Walton, en 1951 después de abandonar para siempre Londres. Walton y sobre todo su esposa planificaron este paraíso botánico con el asesoramiento de varios expertos botánicos del Reino Unido, creando un espacio exótico, tropical y mediterráneo con plantas que han alcanzado en algunos casos asombrosas proporciones. El compositor vivió aquí hasta su muerte en 1983.

La Mortella, que cuenta con más de 300 rarezas botánicas, recibió en 2004 el galardón al "jardín más hermoso de Italia". Está repleto de hermosos rincones florales, cascadas, estanques e incluso una casa de té tailandesa o un anfiteatro griego, pero su espacio más visitado es la "Casa Victoria", un bellísimo estanque tropical adornado con una fuente, "La Bocca"; donde reinan la "Victoria amazónica" y su corte de orquídeas. Se dice que el jugo extraído de las raíces de esta planta gigante de carácter acuático era utilizado por los indígenas como tinta negra para los cabellos. Hoy, tras el fallecimiento de Lady Walton, el parque pertenece a la Fundación William Walton, de la que el Príncipe Carlos de Inglaterra es socio de honor.

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