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Roadtrip por el Alentejo Litoral: el paraíso de los surferos

Logotipo de Traveler Traveler 24/07/2017 Traveler

© Proporcionado por Traveler

Playa, olas y Portugal: perfección

El Alentejo en su conjunto es la mayor región del país. La zona litoral, como su propio nombre indica, está delimitada por la costa. Los surfistas llegan hasta aquí en furgonetas y caravanas en busca de la ola perfecta. Kilómetros de playa desierta sin rastro de construcciones. Sólo mar, cielo y naturaleza. Ese es el gran tesoro de esta zona de la costa portuguesa. En el fuerte oleaje del Atlántico y lo salvaje de las playas del Alentejo Litoral, los surferos encuentran los ingredientes perfectos para disfrutar al máximo de su pasión.

Desde el sur de Lisboa hasta las costas del Algarve, el Alentejo Litoral se tiende sobre el Atlántico como una costa salvaje en muchos puntos, con largas playas de arena dorada. Una zona que se presenta perfecta para recorrerse en carretera.

Y sí, las playas son verdaderamente de otro planeta. El agua, fría. Si eso no es un problema, aquí encontrarás algunos de los mejores arenales de la Península Ibérica. Y con mucha menos gente de lo habitual por nuestras latitudes costeras.

LA PUERTA AL ALENTEJO LITORAL: CAPARICA

Antes de entrar en el Alentejo propiamente dicho y una vez Lisboa ha quedado atrás, la costa de Caparica es obligatoria. Con sus más de 30 kilómetros de playas encadenadas, es uno de los destinos playeros preferidos de los lisboetas.

Las playas más cercanas a Lisboa están más llenas, pero conforme uno se aleja, camino al cabo Espichel, arenales como el de Meco se presentan inmensos y con espacio de sobra para esa ansiada la tranquilidad. 

Al sur de la Península de Setúbal, el Parque Natural de la Arrábida, frondoso y accidentado, ofrece unas agradables playas de arena dorada rodeadas de una naturaleza exuberante. Pero no es hasta dejar atrás la Península de Setúbal cuando uno entra de lleno en el Alentejo.

PORTO COVO, EL ADOQUÍN POR CASTIGO

La primera parada es Porto Covo. Situado sobre unos precipicios de poca altura, este pueblo encantador muestra con orgullo sus calles adoquinadas arremolinadas alrededor de la plaza en el extremo norte.

Unas viviendas que se pintan de un blanco inmaculado, con zócalos azules y tejas de barro. Desde lo alto, en el pueblo, hay senderos que bajan hasta el puerto y a la playa de Samouqueira.

Entre Porto Covo y Vila Nova de Milfontes hay una playa única: Malhão. Con sus dunas de piedras y cubierta de fragantes matorrales, es una de las playas menos conocidas de esta zona. ¿El motivo? Su complicada accesibilidad. Sólo eso ya un gran aliciente… Su extenso arenal es más que adecuado para los amantes del surf. También hay espacio para los naturistas.

VILA NOVA DE MILFONTES Y ZAMBUJEIRA DO MAR

Se sigue el camino, siempre rumbo al sur, hacia otra de las paradas obligadas de una ruta por la costa alentejana: Vila Nova de Milfontes. Playas relucientes y edificios encalados hacen de este pueblo un atractivo lugar de reposo. En pleno corazón del Parque Natural del Suroeste Alentejano y la Costa Vicentina, Vila Nova de Milfontes ofrece playas como la Praia do Farol, junto al pueblo.

Otro de los lugares que uno no puede dejar de visitar en esta ruta por el suroeste ajentejano es Zambujeira do Mar, ya de camino hacia el inicio del Algarve. Aquí el aliciente es también el de las playas salvajes, que descansan protegidas por abruptos acantilados. El pueblo es pequeño, con unas cuantas tranquilas callejuelas. Zambujeira es territorio surfista al cien por cien y eso se nota en cada esquina.

EL OTRO ALGARVE

Camino al Cabo San Vicente, el punto más suroccidental del continente europeo, el Parque Natural de la Sierra Vicentina, confiere gran parte del atractivo a la zona. Es el que ha permitido que esta esquina portuguesa se mantenga menos explotada que otras zonas del país. Aquí ya empieza el Algarve, pero de manera mucho más pausada que la costa sur, marcando una continuidad con el Alentejo.

A solo 25 kilómetros de Zambujeira, nos encontraremos con Odeceixe. Un pueblo fundamentalmente blanco, situado bajo una colina coronada por un molino de viento de postal. Su playa llama a los veraneantes, con una lengua de arena que se extiende en la desembocadura del río, flanqueada por impresionantes acantilados. Por aquí el surf también es religión.

Arrifana se presenta como una seductora cala rodeada, cómo no, por acantilados. Muy popular entre surfistas, la zona cuenta con varias escuelas de para aprender a coger unas olas que nunca fallan a su cita. A este alarde de playas indescriptibles hay que sumar la de Bordeira, una gigantesca lengua de arena blanca que casi se pierde en el horizonte.

Suma y sigue. La playa do Amado es una de las más conocidas por los surferos en el país. Está al sur de Carrapateira, un pueblo de pescadores también surfero por los cuatro costados. Amado es un arenal de un kilómetro que se enfrenta a la fuerza de las olas. Alberga un surfcamp, muy adecuado para aquellos que quieren aprender a hacer surf.

CABO SAN VICENTE

Poco antes de llegar al Cabo San Vicente, donde parece que acaba el mundo, una serie de pequeñas playas (Castelejo, Cordoama, Barriga) también protegidas por acantilados son igualmente excelentes para surfistas, pescadores deportivos y amantes de la naturaleza.

Sagres, ya al girar el Cabo San Vicente, pone el broche final a la ruta por la costa suroeste de Portugal. Esta localidad está volcada con el surf y en sus calles es posible respirar la pasión por este deporte, que llama a miles de devotos cada año hasta este remoto y tranquilo punto de Europa. Naturaleza y deporte se dan la mano en la esquina portuguesa que guarda aún muchos secretos por descubrir al visitante.

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