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Compensación de CO2, ¿solución o farsa?

El actual debate sobre las emisiones de carbono no parece tener impacto en el transporte aéreo. La "Verguenza de volar en Suecia" no ha tenido efecto dominó, pero sí ha creado un dilema ético a muchos pasajeros dispuestos a compensar las emisiones de CO2 de su viaje. De hecho, el número de personas que buscan información sobre la compensación de emisiones de carbono ha aumentado en un 400 por ciento en los primeros seis meses de este año según la organización suiza "MyClimate". Por su parte, Atmosfair registró el año pasado un 40 por ciento más de pagos compensatorios que el año anterior. La compensación de carbono ofrece a los pasajeros la oportunidad de apoyar financieramente proyectos de protección del clima, no sólo cuando viajan en avión, barco o coche, sino también cuando viajan en coche. Los costes se basan en el número de kilómetros volados o conducidos, o en las emisiones de CO2 producidas. Los críticos, por otro lado, hablan del lavado verde, del comercio moderno de indulgencias y de la compra de una buena conciencia. A partir de 2021, por cada tonelada emitida, las aerolíneas tendrán que suscribirse a estos créditos de carbono. Una estrategia que no convence a todos. Algunas organizaciones ecologistas aseguran que las compañías apuestan por la compensación para hacer creer que son virtuosas, como hacían los católicos con las indulgencias para ser absueltos de sus pecados. Hoy, afirman los críticos, la buena conciencia ecológica se compra a través la compensación.

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