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Cuando el calor caldea la vida de cientos de millones de europeos

Acaba de empezar y ya parece interminable... Una ola de calor sahariano caldea la vida a cientos de millones de europeos en estos primeros días del verano. En Roma, como en otras capitales, el bien más apreciado por locales y turistas son sus fuentes, monumentales o no: "Creo que me quedaré en la oficina, ya que trabajo a unos metros de la fuente. Este es un día particular, hace mucho calor", explicaba un vecino de la capital de Italia. "En este tipo de áreas, donde hay mucha gente, el calor es abrumador. Puede ser peligroso porque algunas personas pueden sufrir insolaciones o desmayarse", se lamentaba un turista asiático. Si bien las temperaturas tórridas son relativamente frecuentes en Italia, en Hungría, más al norte, no lo son tanto. La receta para combatirlas es la misma: agua, espacios cubiertos y refrigeración... "Me encanta el calor. Tengo helado, que es muy bueno en estas situaciones", afirmaba una estudiante alemana. "No tenemos aire acondicionado, solo un pequeño ventilador que echa aire caliente en la oficina. Dentro estamos a 40 grados", se quejaba la trabajadora de un establecimiento. Todavía conmocionada por el recuerdo de la ola de calor del verano de 2003, cuando murieron cerca de 15.000 personas, Francia ha tomado medidas excepcionales, llegando incluso a suspender y retrasar exámenes escolares. En algunas ciudades, la sensación de calor rondará los 47º C esta semana. En Praga, las fuentes tienen ruedas. Camiones cisterna recorren los lugares más concurridos refrescando las calles y a los turistas... Pero no solo las personas corren riesgos al exponerse al sol extremo. El ganado y los animales, en general, también necesitan ayuda. Los oranguntanes de un zoológico de Viena agradecen los mimos, en forma de manguerazos, del personal del establecimiento.
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