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¿Necesitas que te necesiten?

logotipo de Martha Debayle Martha Debayle 20/03/2019 Julio César Herrera López
Cuando se necesita más de lo que se ama las personas viven con miedo a perder o a dejar Es complicado disfrutar de una relación con miedo. © 2019 marthadebayle.com todos los derechos reservados Cuando se necesita más de lo que se ama las personas viven con miedo a perder o a dejar Es complicado disfrutar de una relación con miedo.


Amar y necesitar no es la misma cosa.

Se puede lo uno sin lo otro, sólo que el amor es más libre y satisfactorio y la necesidad está más condicionada a la presencia y atada a la ansiedad.

Cuando se necesita más de lo que se ama las personas viven con miedo a perder o a dejar de tener aquello que dicen necesitar.

Es complicado disfrutar de una relación con miedo.

No obstante, y a pesar de eso, muchas personas necesitan ser necesitadas para garantizar la permanencia del vínculo afectivo; sin duda un precio muy alto a pagar.

¿Es lo mismo amar que necesitar?

El amor se dirige hacia alguien y se toma en cuenta a ese alguien por quién es, además de por lo que hace.

El amor va más allá de la necesidad porque busca a la persona o el objeto de amor y va más allá de la necesidad: es decir, aunque todas las necesidades estén satisfechas, el amor perdura.

La necesidad es personal, no tiene que ver con un otro en particular, y se detiene una vez que es satisfecha de la manera que sea o por quien sea.

No importa de donde venga lo que cubre la necesidad; lo que importa es que sea cubierta.

Una vez que eso pasa, ya no es necesario ir más allá; es decir, hacia el objeto amado. De hecho, si llega otro que pueda satisfacer mejor la necesidad, el cambio será inmediato.

La necesidad acaba donde la satisfacción empieza.

¿Quien ama de verdad no necesita y viceversa?

Quien ama puede necesitar o no, por supuesto; pero el amor no acaba cuando la necesidad se cubre.

Una persona que necesite puede amar o no; pero cuando la necesidad desaparece, también lo hace el vínculo que se tenía si no había amor de por medio.

¿Por qué alguien querría ser necesitado entonces?

Probablemente porque crea o sienta que no puede o no merece ser amado.

O también que no sabe, no puede o no quiere amar por miedo a ser lastimado y entonces va creando relaciones basadas en lo que dan y hacen por los demás.

Porque aprendió a que algo siempre se debe dar a cambio de aceptación.

A esto se le llama “aceptación condicional”.

Por miedo al rechazo o al abandono.

Especialmente cuando en la infancia y la niñez existía una constante amenaza al vínculo condicionada a ciertas conductas, resultados o logros (muchas veces escolares).

La cuestión es que el dolor psicológico y emocional que produce la falta de amor es muy alto y es incluso equiparable al dolor físico.

Pensemos entonces que el hecho de ser necesitados es un paliativo para ese dolor, porque al menos mientras demos lo que otro necesita, sentimos que entonces no se alejará.

Aunque hay otras personas que, de forma muy retorcida, se hacen necesarias para controlar la vida de las personas.

Esto va desde los padres sobreprotectores hasta aquellos chantajistas emocionales que ofrecen mucho para luego amenazar con retirarlo o aquellos que crean vínculos como anzuelos sólo para pescar a otros.

¿Pero de verdad no necesitamos siempre de otros aunque sea un poco?

Claro que necesitamos siempre de otro, pero no es el tipo de necesidad que condiciona la permanencia, sino la que nos hace sentir parte de un grupo; esta es la necesidad de pertenencia.

La necesidad de pertenencia no significa que alguien te pertenezca o que tú pertenezcas a alguien, sino que formas parte de algo más grande como una familia o grupo social.

Desde niños necesitamos cuidados, amor y ser aceptados por los nuestros para pertenecer. De adultos necesitamos además compañía porque somos seres sociales.

Pero no es lo mismo ser aceptados que sólo necesitados.

El niño es evidente que necesita y ama a sus padres, pero los padres aman al niño aunque de hecho no lo necesiten.

Nos aceptan por quien somos y no por lo que hacemos.

¿Pero no lo que hacemos dice mucho de quién somos?

Si, pero hay que saber leer o escuchar al otro:

Por ejemplo una persona que miente puede hacerlo por miedo o para sacar ventaja.

Una persona que no habla de su pasado puede ser por vergüenza, deseo de privacidad o para evitar un juicio.

¿Por ejemplo, una persona gravemente enferma no necesita de alguien que le cuide?

Claro y siempre se puede contratar a un cuidador o enfermero eficiente; la cuestión es que lo que proveen son cuidados técnicos  a cambio de una paga, independientemente que esa profesión la hayan desarrollado por vocación.

Una persona que ama cuida a otra precisamente por el amor que le tiene, más allá de la necesidad que presenta.

¿Qué hacer?

Amar y ser amado tiene riesgos en tanto que nos hace sentir vulnerables. Quizá convenga que empieces a cerrar un poco la llave de eso que tú llamas generosidad y ver quién se queda al final cuando sólo quedes tú y no lo que entregabas.

Quien se quede se iba a quedar, quien se vaya sólo estaba por lo que dabas y no por quien eras.

Trata tu ansiedad, que es la que te dice que lo que debes hacer.  No necesitas un paliativo sino un remedio.

Como siempre, si sientes que no puedes, busca ayuda profesional.

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