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Poliamor: La tendencia de tener más de una relación romántica al mismo tiempo

logotipo de Cosmopolitan Cosmopolitan 15/06/2017 Itzcóatl Yedra Hernández
© Proporcionado por Editorial Televisa S.A. de C.V.

Es martes por la noche. Me encuentro en un bar en el centro de Londres, buscando a una cebra inflable. Miro en la barra, en la mesa de los demás y en el piso, las personas comienzan a mirarme raro, no puedo encontrar a ninguna cebra.

 

Estoy aquí, encubierta, en una reunión mensual de poliamorosos. En el fórum donde la junta fue promocionada, me dijeron que buscara al animal inflable y que ahí estarían los ‘indicados’, pero no puedo verlo... o verlos.

 

Y por mucho que la sociedad nos diga lo contrario, ellos se encuentran como tú y yo. No hay un bowl en el centro de la mesa con llaves, no hay prendas fetiches o harems. Sin la cebra, nunca los encontraré.

 

Desde el año pasado me he interesado más y más en la creciente apertura que gira alrededor del poliamor. Como una columnista de citas, es algo que he investigado con fines laborales; he escrito muchísimo al respecto, visto documentales y leído todavía más.

 

Pero también ha levantado un interés personal como alguien que siempre ha considerado el término “juntos para siempre” muy aterrador. Me he comenzado a preguntar por qué me impongo una regla así. Tal vez amar a más de una persona al mismo tiempo es una opción viable para alguien con mis miedos; quizá me estoy privando de un sin fín de oportunidades por la noción de un romance poco práctico y anticuado. 

 

Me encuentro interesada en personas para quienes esto es una manera de vivir disfrutable, práctica y satisfactoria. Y me pregunto si al conocerlos me ofrecerán una introspectiva de lo que significa ser como ellos.

 

El poliamor (estar abiertos a tener más de una relación romántica al mismo tiempo) es una tendencia creciente. El año pasado, el sitio de citas OkCupid añadió la opción del poliamor para sus usuarios, permitiendo a las relaciones buscar solteros para unirse a su relación, y viceversa.

 

De acuerdo con sus datos, 42% de sus integrantes consideraría salir con alguien en una relación no monógama. Cuando analizas esto con las tasas altísimas de divorcios, parece que el mensaje es claro: un solo compañero no funciona para todos.

 

El poliamor ya no es un estilo de vida que se oculte entre las sombras. Desde los años 60, con el estereotipo del amante hippie que renuncia a todas las normas sociales y responsabilidades, ahora es una manera considerada, cuidadosa y responsable de mantener tus vínculos, con más y más veinte y treintañeros que lo consideran una vía de satisfacción personal.

 

Jo Hemmings, psicóloga del comportamiento y coach de citas, piensa que el incremento ocurrido en el poliamor es producto de nuestra época. “Sin duda alguna, la estructura social de la familia está cambiando; notamos un aumento en el número de familias mixtas, postizas, homoparentales y monoparentales. Considero que el poliamor es parte de ese gran espectro, y aunque en el pasado algunos ansiaban un estilo de vida así, no era ‘aceptable’ en generaciones previas”, afirma.

 

“Parte de esta elección ha sido probablemente alimentado por la clara disponibilidad de las parejas utilizando plataformas, por lo que evidentemente el acceso se ha vuelto mucho más fácil”.

 

¿La razón por la que estoy buscando una cebra inflable en un bar? Un website de poliamor en Londres me llevó hasta acá. Éste no es un evento de citas. Si te encuentras en busca de una pareja potencial, mejor prueba los poli-cocktails. Estoy en una junta mensual para conocer y platicar con personas similares. Un hombre comentó que es ‘poliamigable’ y que busca expandir su círculo.

 

He decidido no decirles que soy una periodista, porque no quiero que se sientan juzgados. Me asigno un seudónimo y planeo decir que trabajo en el amplio mundo de los medios.

 

Hay muchísimo ruido, y no puedo ver el famoso inflable. Pruebo mi suerte con un grupo de personas que me miraban fijamente.

 

“Hola”, digo con tranquilidad. “¿Están aquí para...?”. Levanto mis cejas de manera sugestiva.

 

“¿Para?”, un hombre calvo de lentes me pregunta, un poco confundido.

 

“¿Para la... junta del... poliamor?”, susurro.

 

“Sí, ¡hola!”, dice y acerca una silla. “Siéntate. ¿Cómo te llamas?”.

 

“Ana”, respondo incómoda, y después, por alguna razón incomprensible, digo: “Trabajo en medios”.

 

“Oigan”, dice mientras atrae la atención de todos los de la mesa (cuatro hombres y cuatro mujeres). “Ella es Ana y trabaja en medios”.

 

“Estaba buscando la cebra”, explicó.

 

“Ah, sí. Perdón, pero hoy no hay cebra”.

 

Son, como lo esperé, enteramente de lo más normal. No son ni muy guapos ni tan feos. Ni raros ni fetichistas. Son sonrientes y carismáticos; un grupo que va desde veinteañeros hasta cuarentones, una mezcla de razas y nacionalidades, y se observan como un grupo común de amigos.

 

Charlamos de cosas sin importancia durante un rato, yo no paraba de decir cosas mientras bebía mi copa de vino, petrificada por parecer una impostora.

 

Emma*, 28, guapa, de pelo chino y sin maquillaje, pregunta qué me trajo hasta aquí. Le digo mi historia ensayada: “Siempre he pensado que la monogamia no es satisfactoria (esto es en parte verdad). Hace poco empecé a salir con un chico que me gustaba mucho, llamado Craig, con quien no me he acostado, pero quien me dijo desde la segunda cita que está en un matrimonio abierto (esto, definitivamente, no es verdad). Me encuentro aquí para descubrir más acerca del poliamor antes de decidir qué quiero hacer”.

 

“¿Te alegra que te lo haya dicho antes de que te acostaras con él?”.

 

Me imagino en la situación. “Sí”, respondo. “¿No me gustaría ser cómplice de su acuerdo sin saberlo?”.

 

“Definitivamente. ¿Ya la conociste?”, pregunta.

 

“No”, respondo. Esto ni siquiera me había cruzado la cabeza. “¿Crees que debería?”. 

 

“Depende de ti”, me aconseja. “Para algunas personas es reconfortante, para otras, no”.

 

“¿Alguna vez has conocido a las parejas de tu pareja?”, pregunto. Se ríe y asiente, apuntando alrededor de la mesa. 

 

Ver también: Todo lo que debes saber sobre la eyaculación femenina

 

LOS AMANTES... DE TU AMANTE

Concéntrate para la siguiente parte. Emma está viviendo con Dan*, han estado en una relación poliamorosa por cinco años. Dan se va a mudar, pero Ben* (el calvo con lentes) entrará en el lugar de Dan.

 

Al lado de Emma está Glenda*, una joven madre de dos, separada de su esposo, tiene dos novios y también ‘algo’ con Dan (ambos sonríen al momento de que me están explicando la situación). Así que sí, sí las conozco.

 

“¿Alguna ocasión te han dado celos?”, le pregunto a Emma.

 

“Por supuesto”, dice. “Todo el tiempo”.

 

“¿CÓMO LO MANEJAS?”

“Lo hablamos. Y después de poner todo sobre la mesa nos aseguramos que todos estemos siendo honestos, y nos damos cuenta de lo tontas que son esas preocupaciones. Y al poco tiempo te llega un gran sentimiento”.

 

Le pido que lo describa. Toma un sorbo de su vaso y recapacita. “¿Sabes cuando tu mejor amiga ha conocido a un chico y se está enamorando, y puedes ver lo feliz que está. No puede dejar de hablar de él y no puedes hacer otra cosa más que sonreír también porque estás emocionada por ella? Es como eso, pero lo sientes por tu novio”.

 

Me enseña una nueva palabra que todos ellos utilizan: ‘compersión’. Es una manera particular de compasión (cuando te sientes segura acerca de la otra u otras relaciones de tu pareja). Es lo opuesto a los celos. Esta noción de permitirte ser celosa, y después discutirlo en vez de ocultarlo, surge muchas veces. 

 

Un amigo me puso en contacto con la cantante de 30 años, Blythe Pepino, quien ha estado en una relación poliamorosa con su pareja de 27 años, Lee* por dos años y medio. También tiene una novia en Bristol, Claire, con quien ha estado por año y medio, y ella y Lee tienen sexo en grupo con sus amigos y otras parejas poliamorosas, Sam* y Beth*.

 

Ella también ha experimentado envidia y la ha dejado ir: “Cuando Lee y yo comenzamos a vivir juntos, un gran miedo que tenía era que íbamos a dejar de ser tan apasionados. Al mismo tiempo, habíamos comenzado a tener estos encuentros con Beth y Sam”, me dice. “Beth es una bailarina; es realmente hermosa y mucho más joven que yo, y pensé: ‘Oh, no’. Y me odié por sólo pensarlo. Tuve que decírselo a Lee. Y me respondió: ‘Estas son las razones por las que te encuentro atractiva’, y cuando empezó a enlistarlas, pensé: ‘Ah, calla’, porque ya las sé. Y descubres lo tonto que es”.

   

Considero que toda la comunicación constante necesaria en el poliamor podría interponerse en la misma relación. “Una vez que el diálogo estándar se ha establecido, las ansiedades y el tiempo para hablar de ellas se estabilizan”, afirma Blythe.

 

“Al momento de que me involucré con Claire, hubo bastantes conversaciones incómodas. Antes de mí, no conocía el poliamor y es una persona muy impulsiva. Sin embargo, después de aproximadamente seis meses se volvió más fácil”. 

© Proporcionado por Editorial Televisa S.A. de C.V.  

ADMINISTRACIÓN DEL TIEMPO

Otra preocupación para mí, como una mujer históricamente desorganizada en las relaciones, es la logística de las múltiples relaciones. Cuando tengo novio, le batallo para dividir mi atención entre él, mis amigos, la familia, el trabajo y mi vida social. No sé cómo le haría con una pareja más en la ecuación.

 

En mi segunda reunión del poliamor, voy a un bar diferente al este de Londres, esta vez hay muchos participantes más. Hay una mesa larga de personas hablando, riéndose, compartiendo historias y brindando. Me siento frente a una mujer treintañera llamada Lisa*. Me platica que actualmente se encuentra saliendo con cinco personas diferentes. Incluso Rob*, el hombre poliamoroso sentado a mi lado, está sorprendido.

 

“¡Por Dios santo!”, digo. “¿Cómo te organizas?”. Y saca su teléfono.

 

“Google Calendar”, dice. Abre la página cubierta con diferentes bloques de colores. “Todos en esta comunidad te dirán lo mismo: Google Calendar es un salvavidas. Asigno un tono a cada pareja, y hacemos citas con anticipación. Cuando tienes tantas relaciones, la única regla es que nunca cancelas si aparece algo más emocionante. Y tienes que respetarla”.

 

Lisa también me dice que uno de sus amantes más desorganizados tiene un calendario abierto, así todas sus parejas pueden calendarizar citas y él recibe una alerta donde aparece con quién y adónde irá ese día.

 

Le contesto que odiaría que mi pareja organizara mi agenda. Encoje los hombros y sonríe. “Sin embargo, a él le funciona”.

 

Otra preocupación práctica que los monógamos tienen es la cuestión de la familia. ¿Cómo le hace una pareja poliamorosa para criar hijos? Zara*, 33, se encuentra en un matrimonio poliamoroso. Tanto ella como su esposo disponen de varias parejas y juntos tienen dos hijos. Pero en lugar de que sea un obstáculo han hallado un par de manos extras muy útiles:

 

“Los niños pequeños requieren mucho esfuerzo, y hemos encontrado el apoyo en nuestras parejas”, me dice. “Han estado ahí para cocinar, cuidarlos y pasar el rato cuando necesitamos la compañía de un adulto. Nuestra hija ama a nuestras parejas, y siempre los buscan para leer cuentos y cosas así”.

 

Y como era de esperarse, como dicta el modelo del poliamor, la honestidad es la mejor política para explicarles las relaciones: “Hemos sido honestos con ella, pero no piensa que su familia sea particularmente inusual; sabe de muchas otras que no encajan en el modelo nuclear”.

 

En lo personal, mi problema más grave sería la seguridad sexual; mientras te acuestes con más personas, corres mayores riesgos de contraer alguna enfermedad. Charlo con una profesora universitaria de 36 años, Carrie Jenkins. 

 

Conoció a su esposo hace seis años y siempre han estado en una relación no monógama. Salió con frecuencia con otras personas hasta que se enamoró de su actual novio, hace cuatro años.

 

Carrie explica que el poliamor a menudo significa mejor conciencia de la seguridad: “Las personas que están en relaciones abiertas no monógamas lo hacen mucho mejor en cuestiones de salud y seguridad que quienes piensan que sólo duermen con una persona, pero sin su conocimiento están siendo engañadas. Ellos corren mayores riesgos porque es cuando no se suelen tomar precauciones”. Esto está respaldado por investigaciones.

 

Un estudio reciente, publicado por The Journal of Sexual Medicine, mostró que las personas que se presumen monógamas eran mucho menos propensas a utilizar condones con sus parejas sexuales fuera de sus relaciones, y 75% de quienes han engañado no le ha dicho a su pareja.

 

NEGATIVIDAD SEXUAL

Carrie dice que el sentido de responsabilidad y cuidado es motivado por un “egocentrismo pragmático”, pero también porque “nadie quiere perpetuar un estereotipo erróneo”. Esa imagen injusta se refiere a la idea de que el poliamor es solamente sexo. 

 

Ella cree que la “negatividad sexual” alrededor de la sociedad significa que de inmediato pensamos que algo es sospechoso si está relacionado con el coito; por lo tanto, si decidimos que algo es puramente erótico, está estigmatizado. “Si creen que el poliamor es sólo un encuentro íntimo, entonces piensan que no tienen que respetarlo”, explica.

 

Morgan, diseñadora gráfica de 28 años, ha sido poliamorosa por cinco años. Ha estado en relaciones con hombres, mujeres, mujeres transexuales y personas de género neutro. Me cuenta que sus padres han aceptado su manera de vivir: “Mi papá lo acepta más fácilmente. Tuvimos una conversación acerca de la invitación a una boda, y me preguntó por qué quería llevar a dos acompañantes. Le expliqué que sentía lo mismo por ellos, así como lo que él sentía por mamá. En cuanto dije eso, estuvo de acuerdo en que podía ir con dos personas”.

 

Estoy interesada en esto y me pregunto si se desarrolla un sistema de jerarquía subconsciente entre las múltiples parejas. Liam, un cuarentón irlandés que conocí en mi segunda reunión, me dice que nunca ha calificado a sus novias como mejores que su esposa, ni viceversa; tan sólo brindan diferentes cosas, así como sucede con las distintas amistades. “Mi esposa es muy seria y académica”, dice. “Nunca iría con ella por un trago o a bailar. Mi novia es mucha más enérgica y abierta, pero no hablaría de mis gustos literarios con ella”.

 

Me contesta que, aunque su mejor amigo entiende el arreglo y que las invitaciones del día a día siempre son para tres, para ocasiones formales tiene un sistema diferente. “Alterno con quien paso la Navidad”, dice. “De esa manera es justo y nadie termina sintiéndose mal”.

 

En todo este tiempo que pasé rodeada de poliamorosos, el sexo casi nunca es mencionado. Lo que sí surge son preguntas filosóficas de qué es el amor, y deshacer tradiciones para asegurarnos de que estemos sacándole provecho al lazo afectivo de la manera más efectiva.

 

“Las parejas no sólo nos llenan”, dice Blythe. “Cada relación es preciosa por su cuenta. El poliamor no es la respuesta al miedo a permanecer solo”.

 

Tal vez la no monogamia no es una opción viable para mí, y que la verdad soy más tradicional de lo que creía, pero tras convivir con este grupo de románticos seres humanos, sinceramente me gustaría ser como ellos. 

 

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