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Trump inicia su primer viaje al exterior, con una maleta llena de retos

logotipo de El Diario El Diario 5/19/2017 María Peña
Donald Trump llega a Palm Beach para pasar el fin de semana de Pascua en Mar-a-Lago. © Proporcionado por Impremedia LLC Donald Trump llega a Palm Beach para pasar el fin de semana de Pascua en Mar-a-Lago.

WASHINGTON.- Haciendo paréntesis de la tormenta política que arrecia en Washington,  el presidente Donald Trump inició este viernes su primer viaje al exterior, con una maleta cargada de retos y que además pondrá a prueba sus habilidades diplomáticas, y en particular su política hacia la comunidad musulmana.

Aunque impredecible, Trump es un hombre que goza de rutinas -prefiere su casa a aventuras de viajes-, pero en Twitter no dio asomo hoy de ansiedad alguna, al indicar que su meta será “proteger fuertemente los intereses estadounidenses”.

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Su debut como mandatario en la arena internacional, con una gira de nueve días por Arabia Saudita,  Israel,  Italia, el Vaticano, y Bélgica, en ese orden, ha puesto los reflectores sobre su presidencia, ahora en plena campaña de control de daños por el goteo de escándalos y filtraciones relacionados con Rusia.

El “nubarrón” en realidad lo persigue desde febrero pasado, cuando su entonces asesor de Seguridad Nacional, Mike Flynn, fue obligado a renunciar por haber mentido sobre sus contactos con el embajador ruso, Sergey Kislyak, en diciembre pasado.

El reciente despido del director del FBI, James Comey, las revelaciones de éste de que fue presionado por Trump para suspender las investigaciones en torno a Flynn, y la designación, esta semana, de un fiscal independiente para que investigue la posible colusión de la campaña de Trump con Rusia, han frenado por completo la agenda legislativa de la Casa Blanca.

Según analistas, cualquier “metedura de pata” de Trump, ya sea por su tendencia a crear controversia con sus declaraciones o sus mensajes en Twitter, solo agravaría la percepción de incompetencia de su Administración.

En ese sentido, la exsecretaria de Estado, Madeline Albright, dijo a la cadena televisiva CNN, que su esperanza es que Trump no tenga “ni un solo tuiteo sobre cualquier cosa en los nueve días que esté fuera”.

Después de todo, la gira abarcará temas de alta sensibilidad para Washington, incluyendo el combate al terrorismo, las trabas en las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos -que discutirá con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y con  el presidente palestino, Mahmoud Abbas-, el compromiso de EEUU con la protección del medio ambiente, y las posturas proteccionistas de Trump en el ámbito comercial.

Como parte de su gira, Trump participará en Italia en la cumbre del grupo “G-7”, que aglutina a los siete países más industrializados, y en otra con representantes de los 28 países miembros de la organización trasatlántica OTAN en Bruselas, donde además se reunirá en privado con el presidente francés, Emmanuel Macron.

Su gira también tendrá fuerte componentes religiosos y culturales, ya que Arabia Saudita contiene uno de los sitios más sagrados de la fe musulmana, en Israel visitará el “Muro de los Lamentos”,  el sitio más sagrado de los judíos y, por último, en el Vaticano, tendrá una audiencia privada con el Papa Francisco.

Según la Casa Blanca, la selección de los tres sitios emblemáticos de las principales religiones del mundo no fue coincidencia sino que Trump quiere aprovechar su viaje para renovar su llamado a forjar alianzas contra el terrorismo global.

Un discurso clave

La visita a Arabia Saudita, en particular, ha atraído la atención tanto de analistas políticos como de aliados de EEUU en la comunidad internacional, debido en parte al discurso que Trump prevé ofrecer sobre el islam.

El asesor de Seguridad Nacional, H.R. McMaster, dijo a la prensa que el discurso de Trump tendrá un tono “respetuoso”, aunque insistirá en la necesidad de sumar esfuerzos contra grupos extremistas islámicos que se escudan detrás del islam para cometer “crímenes contra la Humanidad”.

Durante la contienda electoral, y tras su ascenso al poder, Trump ha levantado ampollas por declaraciones contra los musulmanes, pese a que su campaña y, ahora, la Casa Blanca, siempre han insistido en que el mandatario sólo busca combatir a grupos extremistas islámicos, como ISIS.

Su una veda al ingreso de inmigrantes de seis países musulmanes, emitida en marzo pasado, se encuentra frenada en los tribunales, tal como ocurrió con la primera versión de enero pasado.

El viaje a Arabia Saudita es clave –al igual que la “buena química” que pueda haber entre Trump y el rey saudí, Salman-, porque se producirá en unos momentos en que las autoridades estudian acuerdos multimillonarios con EEUU, por encima de un acuerdo reciente para la compra de equipos militares por un valor de casi $100,000 millones.

Como en casi todo lo que ha hecho desde que comenzó su mandato hace 119 días, Trump también está rompiendo una tradición en torno a viajes presidenciales: normalmente, los mandatarios han escogido como primer destino en el exterior a países considerados entre los más fuertes aliados de Estados Unidos.

Así, por ejemplo, su antecesor, Barack Obama, viajó a Canadá, mientras que el entonces presidente George W. Bush, viajó a México, Bill Clinton viajó a Canadá y, antes de él, George H.W. Bush, lo hizo también al vecino país del Norte.

 

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