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Un buzo se encuentra con un tiburón y se da cuenta de que le está pidiendo ayuda

logotipo de El Diario El Diario 7/20/2018 Redacción
"El buzo Carlos Correa sube a la superficie en un descanso durante la Copa Caribeña de buceo sin equipo 2015 que se celebró en Honduras", explica el fotógrafo Alex St. Jean. "Cada vez que veo esta foto me relaja y me hace preguntarme cómo estos atletas pueden alcanzar profundidades de casi 100 metros con su propia respiración durante cerca de cuatro minutos". © BBC "El buzo Carlos Correa sube a la superficie en un descanso durante la Copa Caribeña de buceo sin equipo 2015 que se celebró en Honduras", explica el fotógrafo Alex St. Jean. "Cada vez que veo esta foto me relaja y me hace preguntarme cómo estos atletas pueden alcanzar profundidades de casi 100 metros con su propia respiración durante cerca de cuatro minutos".

Josh Eccles es un buzo experimentado que disfruta al sumergirse en las aguas de la costa de Florida, pero lo que experimentó en su más reciente visita al océano fue una experiencia que difícilmente olvidará.

Se encontraba a varios pies bajo el agua, maravillado por todo lo hermoso que esconde el mar, cuando de repente vio un tiburón.

Se trataba de un tiburón limón que se le acercaba. Por suerte, no suelen ser una amenaza para los humanos. Por eso Josh fue capaz de  mantener la calma en lugar de entrar en pánico.

Pero entonces sucedió algo extraño.

El tiburón comenzó a golpear a Josh repetidamente. No eran golpes casuales ni choque accidentales al estar nadando a su alrededor. Eran intencionales, como cuando un perro te llama requiriendo tu atención.

Como el tiburón no se iba y seguía golpeando, Josh decidió analizar la situación y mirar más de cerca al animal.

Sin pensarlo, el buzó Comenzó a acariciarlo para que así le permitiera echar un vistazo a su alrededor y ver qué le pasaba. Fue entonces cuando se dio cuenta de la triste verdad.

El tiburón tenía un gran anzuelo en su vientre. El pobre tiburón solo le estaba pidiendo ayuda. Esperaba que este humano pudiera ayudarlo a aliviar su dolor.

Josh supo inmediatamente lo que tenía que hacer. Mientras continuaba acariciándolo para mantenerlo en calma, entonces sacó el anzuelo con un movimiento rápido.

Nada más hacer eso, el tiburón se sintió aliviado. Tanto es así que se sintió muy agradecido con Josh, que seguía regresando, una y otra vez, para dar las gracias.


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