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Los jóvenes, nuevos mártires del trabajo en Japón

logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 06-10-2017 El fallecimiento de una periodista de la cadena pública japonesa NHK se suma a una serie de casos de muerte por exceso de trabajo

Tramo de muro ya construido entre Anapra (México) y Sunland Park (EE UU).

Tramo de muro ya construido entre Anapra (México) y Sunland Park (EE UU).
© C. TORRES (AP) / VÍDEO: REUTERS-QUALITY

El anuncio de que una periodista de la cadena pública japonesa NHK falleció víctima de estrés laboral se suma a una serie de casos de muerte por exceso de trabajo o karoshi. Este fenómeno data del siglo pasado y afectaba sobre todo a japoneses mayores en trabajos de muchas horas y gran concentración. Hoy, los nuevos protagonistas del fenómeno son jóvenes con contratos precarios en firmas en ascenso o nuevos empleados de prestigiosas empresas donde una promisoria carrera parece justificar cualquier sacrificio.

Acuñado en los años 70, en vísperas del estallido de la burbuja económica, el término vuelve a estar de moda gracias a sonadas demandas de familiares de víctimas que murieron de repente por fatiga laboral o que, presionadas por la incansable carga de trabajo y el hostigamiento de colegas y superiores, entraron en depresión y se quitaron la vida.

Los primeros mártires del trabajo fueron en su mayoría padres de familia curtidos en la titánica reconstrucción que tuvo lugar después de la derrota de la Segunda Guerra mundial.

Incentivados por el empleo vitalicio, pasaban interminables jornadas en su empresa hasta que caían fulminados por súbitos ataques al corazón y accidentes cerebrovasculares que solo se empezaron a atribuir al agotamiento laboral y a ser clasificados con el neologismo karoshi entrada la década de los ochenta.

La periodista de NHK, Miwa Sado, tenía 31 años cuando falleció de complicaciones cardiovasculares en 2013. El veredicto de karoshi, emitido por las autoridades laborales en 2014, se mantuvo oculto hasta esta semana por petición de los familiares.

Otro caso paradigmático de la nueva oleada de karoshi quedó reflejado en los tweets dejados tras su suicidio por Matsuri Takahashi, una empleada de 24 años de la agencia de publicidad Dentsu que entró en depresión y saltó desde el dormitorio de la firma el 25 de diciembre de 2015.

“Otra vez tengo que trabajar el fin de semana. Quiero morir” decía uno de los mensajes divulgados después de que su madre demandara a Dentsu. La joven llegó a trabajar 105 horas extras el mes anterior a su muerte.

Al papel altamente simbólico de los sindicatos japoneses se suma la famosa ética laboral, que incluye un alto sentido de la responsabilidad de los empleados, el orgullo por el trabajo bien hecho y un profundo temor a cuestionar la autoridad.

A las 40 horas de la semana laboral las empresas japonesas pueden exigir hasta 80 horas extras mensuales a partir de las cuales existe el riesgo de incurrir en “accidentes laborales”. La periodista de NHK llegó a acumular 159 horas extras mensuales, una cifra nada inusual en firmas de informática, investigación y tecnología, y servicios.

Las cifras oficiales más recientes calculan que en 2015 hubo más de 2.000 suicidios por karoshi. Pero abogados como Kazunari Tamaki, que representa las familias de muertos por exceso de trabajo, aseguran que muchos casos se quedan sin denunciar.

Tamaki, quien lleva varias victorias legales de casos de karoshi y tiene como objetivo que el gobierno fije un tope de 40 horas extras mensuales, explica que muchas empresas se niegan a registrar horas y eso dificulta su labor.

El gobierno japonés asigna a las empresas la responsabilidad de velar por la salud de sus empleados. Pero el largo camino que queda por recorrer para erradicar el karoshi queda demostrado con la liviandad de las sanciones. Por la muerte de Matsuri Takahashi su familia recibió una compensación por “accidente laboral” mientras que Dentsu, la quinta agencia del mundo en ingresos, fue castigada con una multa de 3.700 (tres mil setecientos) euros.

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