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Colin Kaepernick: política, racismo... y un mal quarterback

logotipo de AS AS 20-03-2017 Pepe Rodríguez Rodríguez
Charlotte, NC - September 18, 2016: San Francisco 49ers quarterback Colin Kaepernick (7) walks off the field at Bank of America Stadium with his fist up in the air after their game against the Panthers.(Gerry Melendez for ESPN) © Gerry Melendez Charlotte, NC - September 18, 2016: San Francisco 49ers quarterback Colin Kaepernick (7) walks off the field at Bank of America Stadium with his fist up in the air after their game against the Panthers.(Gerry Melendez for ESPN)

La carrera de Colin Kaepernick es una oda al exceso. En una sociedad polarizada, donde la opinión publicada navega a la deriva en las feroces aguas de las redes sociales, su figura adquiere el tamaño de las grandes metáforas y todas las teorías de la conspiración le caben entre pecho y espalda. Demasiado tentador como para dejarlo pasar. Demasiado fácil apretar el gatillo de los prejuicios como para reflexionar un mínimo sobre su verdadera posición en la NFL. Y es que, en su actual historia, se mezcla el racismo, la política... y el hecho de que es un mal quarterback.

Dos instantes sirven como ejemplo de los extremos de su carrera. El primero, por orden cronológico, es la cuasi remontada del 3 de febrero de 2013, en la Super Bowl XLVII, cuando las luces del Superdome de Nueva Orleans se apagaron y con ellas los Baltimore Ravens. En el retorno a la acción, unos desatados San Francisco 49ers estuvieron a punto de rematar una victoria épica. Se quedaron a una jugada.

El segundo ocurrió el pasado 14 de agosto cuando, en un partido de pretemporada, el jugador se negó a ponerse de pie durante la interpretación del himno norteamericano en señal de protesta por la brutalidad policial contra los afroamericanos, algo que desató una tormenta de opiniones y juicios raciales y políticos de toda índole.

Son esos dos puntos los que nos tienen aún pendientes de Colin Kaepernick. Uno de hace más de cuatro años y el otro no relacionado con el deporte.

Sin trabajo por política

Porque resulta que Colin Kaepernick no tiene equipo. Con la llegada del nuevo régimen a los 49ers, Kyle Shanahan de entrenador y John Lynch de general manager, el jugador pidió ser libre un minuto antes de que le cortaran. Y, en la agencia libre, su teléfono no ha sonado.

¿Por qué? ¿Cual es el motivo fundamental para que en un mercado en el que quarterbacks como Geno Smith, E.J. Manuel o Matt Barkley han encontrado trabajo aún esté desempleado Kap?

La teoría de la conspiración, y su siempre fiel y ruidoso séquito, se ha lanzado a explicar que todo tiene que ver con su posicionamiento político. Está mal visto un tipo comprometido. Puede dar problemas entre las aficiones y en el vestuario.

Y, desde luego, bien podría ser un factor.

En sitios como Buffalo, por ejemplo, Kaepernick fue recibido con enorme hostilidad en la pasada visita de los 49ers a los Bills. El dueño de los New York Jets tiene una gran relación con el Partido Republicano. En Texas, donde Houston busca QB, no parecen muy proclives a este tipo de actitudes contra la bandera del país. Cleveland no es la cuna del progresismo, precisamente. Algunos de los lugares donde más sentido podría tener Colin como jugador podrían tener un difícil encaje social con su figura.

El propio entorno de Kaepernick sabe que esto tiene parte de verdad cuando añaden, sin que nadie les pregunte, que este año sí que va a respetar el himno porque ha notado ciertos avances sociales en su país. Que, huelga decirlo, suena a una muy pobre excusa.

Sin trabajo por deporte

Sin embargo, y aunque lo anterior pueda tener cierto peso, lo verdaderamente cierto es que Colin Kaepernick ha sido un desastre de QB en los últimos años. Su porcentaje de completados no ha llegado al 60% en ninguna de las dos últimas temporadas, y eso teniendo en cuenta que las yardas por intento de pase han sido las más bajas de su carrera, sin alcanzar las 7.0 ni en 2015 ni en 2016.

Además, y al menos de momento, no ha querido aceptar un contrato de muy poco dinero, muy poco garantizado que, esencialmente, se convierta en un año de prueba, para demostrar si tiene nivel para seguir en la liga.

Y es que el argumento político y racial se puede desmontar con cierta facilidad. Jugadores de la NFL muy comprometidos con la lucha por los derechos de los afroamericanos como Richard Sherman, Michael Bennett, Martellus Bennett, Kenny Stills, Marcus Peters, Devin McCourty, Malcolm Jenkins, D.J. Fluker o DeSean Jackson, no sólo siguen teniendo empleo sino que algunos de ellos también han salido a la agencia libre este año y han conseguido sus contratos. Nadie ha sacado el tema político a relucir en estos casos.

Porque, evidentemente, los problemas de relaciones públicas y opiniones controvertidas tienen un efecto, y no muy grande, siempre y cuando el apartado deportivo sea sospechoso. Si eres de los que rindes en el campo, esos problemas desaparecen como por arte de magia.

Es por eso que el reciente movimiento a favor de que Colin Kaepernick tenga una nueva oportunidad en la liga (que la tendrá, de eso estoy seguro, sólo que a un precio y en un rol que aún no está dispuesto a aceptar) falla al insistir en que sus opiniones políticas no deben ser un impedimento para su contratación. Y es que para llegar a ese punto, antes ha de convencerse a los equipos de que es un jugador útil para ellos; esa parte es la que mejor explica su situación y, sin embargo, de la que menos se habla.

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