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Muere Bob Silvers, profeta de los libros

logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 20-03-2017 Juan Cruz

© Proporcionado por Prisa Noticias

“Con gran dolor” la revista literaria más importante del mundo, la New York Review of Books, anunció la muerte de su extraordinario fundador, Robert Silvers. Bob, como le llamaban todos, falleció este lunes en su casa de Manhattan a los 87 años.

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Silvers (Mineola, Estados Unidos, 1929) inauguró esta publicación excepcional gracias a una huelga en el principal periódico de la ciudad, el New York Times, en 1963.

Él me contó la historia de la New York Review of Books en una entrevista que le hice, a instancias de su amiga Elena Foster, para un libro que ella editó con el título Un oficio de locos (Ivorypress). Elena Foster, que mantuvo una larga relación con este y con otros grandes editores internacionales, como sir George Weidenfeld, declaró su pesar. Unos días antes él le había contado que iba a someterse a un chequeo. En la nota de la revista se dice que Silvers padeció una “enfermedad muy rápida”.

Así explicó Silvers en la citada entrevista el nacimiento de esta enorme contribución a la lectura y a la crítica literaria en Estados Unidos y en el mundo:

-Toda mi experiencia en The New Yok Review of Books ha sido un privilegio. Tenga en cuenta que la pusimos en marcha sin ningún dinero y durante una gran huelga periodística, la huelga de los impresores, que perjudicó a The New York Times, en 1963. Me llamó mi amigo Jason Epstein y me dijo: “Este es un momento histórico para lanzar una revista sobre libros, ¿no te das cuenta? No sale The New York Times, y los editores se están volviendo locos, porque los libros salen de las imprentas y no existe un lugar donde se pueda hacer verdadera crítica literaria. Si diseñamos una buena maqueta con una lista tentativa de críticos y hacemos con ello una buena revista, no habrá un editor que se niegue a comprar una página de publicidad”.

Al principio de la entrevista me había preguntado: “¿Cuánto tiempo tenemos?” “El que usted quiera”, le dije. Y él siguió contando, mientras jugaba con una manzana, que era lo que comía a esa hora de la tarde. La charla fue muy larga; aquí solo publico un muy breve extracto.

-La situación de partida era la siguiente: yo era editor de Harper's Magazine. Creé una edición especial sobre literatura americana y encargué a la gran ensayista Elizabeth Hardwick un artículo sobre crítica literaria. Se tituló El declive de la crítica literaria. En su opinión, la entonces dominante sección de crítica literaria de The New York Times era triste, mediocre, y carecía precisamente de esa calidad literaria que ella reclamaba para la crítica. Creó polémica porque los libros de Harper´s eran publicados por Harper´s Publishers, quienes precisamente necesitaban buenas críticas, como también The New York Times. Así que Cass Canfield, entonces director de la editorial y un gran hombre, tuvo que escribir un artículo en Harper's Magazine pidiendo disculpas y asegurando que la crítica literaria en The New York Times era del máximo nivel. Elizabeth Hardwick no tardó en responder: “El señor Canfield habla como si representara al lector común, y la verdad es que no encuentro ninguna razón para confiar a estas alturas en el lector común”. De repente, mi ilusión de poner en marcha una revista de libros se enfrentaba a la realidad de no poder contar ya con publicidad. Así que cuando me llamó Jason Epstein vivíamos en esa situación, era preciso hacer una revista de libros y salía a nuestro encuentro esta posibilidad. De modo que nos reunimos con su mujer, Barbara Epstein, y mire, está viendo su biblioteca aquí mismo… Esa es nuestra historia, así comenzamos. Hasta hoy”.

En el primer número estaban Susan Sontag, Gore Vidal, James Baldwin, Jason Epstein, W. H. Auden, Norman Mailer, Robert Lowell, Barbara Probst Solomon, Robert Penn Warren, Mary McCarthy… Los empresarios para los que trabajaba hasta entonces despidieron a Bob Silvers augurándole que lo verían pronto: “¡Fantástico! Vas a vivir una gran experiencia y estarás de vuelta en un mes”.

Aquel primer número vendió, me contó él, jubiloso, “¡cien mil ejemplares!”. Ahí comenzó la leyenda de su gran revista y la leyenda de este hombre concienzudo que leía línea a línea, con exigencia y conocimiento, todos los originales que recibía según sus encargos. Hasta hace una semana, cuando decidió hacerse un chequeo; una enfermedad veloz interrumpió para siempre su vida. Su revista le sobrevivirá, ojalá que para siempre, como los libros, como la lectura que él quiso exigente, comprometida, imprescindible.

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