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La Inglaterra del Brexit cree que la boda real es lo único que puede salvarla

logotipo de GQGQ 17/05/2018 Noel Ceballos
londres boda © La high street de Londres ya se ha puesto sus mejores galas. / Copyright: ® Getty Images londres boda

2011. Bajo un titular tan contundente como "Esta locura real debería avergonzarnos a todos", el columnista británico Johann Hari escribió sobre "ese bochorno ruborizante y estomacal que te invade cuando alguien a quien amas (tu país) empieza a comportarse de forma profundamente rara en un lugar público". Sería interesante saber bajo qué piedra se ha escondido Hari siete años después, cuando el despliegue de kistch monárquico con las caras del príncipe Harry y Meghan Markle ha invadido las calles londinenses con tal fuerza que lo de William —heredero al trono, no lo olvidemos— y Catherine Middleton se recuerda ahora como un simple calentamiento. Por existir, existe incluso un souvenir en forma de preservativos con certificado de autenticidad, algo que no sólo subraya esa sensación de que toda Inglaterra ha caído presa de una extraña fiebre, sino que también introduce la duda de si este tsunami de tazas, cojines, platos conmemorativos, cupcakes y sombreros con la Union Jack no estará enmascarando algo más profundo y urgente que el enlace entre dos personas famosas.

Según el Express, la boda es un anuncio de 500 millones de libras para la Gran Bretaña del Brexit, o (en palabras de la experta en economía Amber Aziza) una manera de recordar "a todas las naciones del mundo que Inglaterra está abierta a los negocios". Los 350.000 turistas extranjeros que se esperan durante esta semana no sólo son buenas noticias para el sector hotelero (y, bueno, para esas tiendas de souvenirs que ya han puesto sus mejores camisetas irónicas en el escaparate), sino también para la moral de un país que realmente necesita proyectar una imagen optimista de puertas afuera. Así, muchos líderes empresariales ya han predicho una suerte de "efecto Meghan" para la Marca Reino Unido, con el director ejecutivo de Fortnum & Mason llegando a declarar que "los ciudadanos británicos se sienten un tanto descorazonados con el proceso del Brexit, así que la boda real será una razón para golpearnos el pecho y recordar que somos un país de significativa importancia".

Una de las áreas clave donde Inglaterra necesita vender una imagen que anule la narrativa aislacionista de los últimos meses es Estados Unidos. Robert Wood Johnson, embajador norteamericano, ha afirmado que la unión entre Harry y Markle es un símbolo de la proverbial "relación especial" entre ambos países, con su alteza real británica tomando como esposa a una californiana. "Podemos tener peleas de vez en cuando", prosiguió Johnson, "pero al fin y al cabo somos una familia: nos reconciliamos y estamos de acuerdo en las cosas importantes".

Sin embargo, la ceremonia no será un evento de Estado a nivel oficial, ya que Palacio ha hecho todo lo posible para diferenciarla de la que el Duque y la Duquesa de Cambridge tuvieron en 2011. Lo que, en cristiano, significa que ningún líder internacional ha recibido invitación, un movimiento destinado (en teoría) a primar a los amigos y familiares más cercanos sobre la pompa tradicional de este tipo de eventos. La ausencia de Donald y Melania Trump añade un severo contrapeso a esa idea de Harry-Meghan como símbolo de la relación especial: su mera presencia sí habría sido un símbolo claro, mientras que su ausencia puede dar alas a aquellos que, como el líder laborista Jeremy Corbyn, consideran que Estados Unidos ya no es el principal aliado del Reino Unido post-Brexit.

La figura de Corbyn introduce un tema interesante (si bien bastante espinoso) en la ecuación: el estado actual del republicanismo en Inglaterra. Si bien él mismo ha asumido que, dada la popularidad de la Familia Real y sus bodas, "no es una batalla que vaya a dar", la organización política Republic está más que dispuesta a hacerlo en su lugar. Su lema ("En esencia, la monarquía está corrupta") se da de bruces contra la realidad palpable de las calles de Londres, donde todo está tan impecablemente preparado para una boda real con altísimos índices de popularidad.

¿O quizá no? Para Nigel Catling, uno de los portavoces de Republic, el culebrón mediático que la poderosa maquinaria propagandística estatal ha preparado es tan avasallador que muchos ciudadanos llegan a olvidar la realidad que trata de enmascarar. Es decir, el impacto profundamente simbólico que un acontecimiento así tiene sobre un sistema de clases regido por una suerte de simetría agradecida, incluso admirativa. Republic sabe, por tanto, que debe ofrecer una contranarrativa racional a la narrativa emocional del Efecto Meghan, un cuento de Princesa Disney que vende apertura de mentes y un muy necesario soplo de aire fresco dentro de una de las instituciones más tradicionales del planeta.

En su última columna para The Guardian, Afua Hirsch celebra el resultado positivo que Markle ha tenido ya para el debate étnico en Gran Bretaña: "Desde este momento, será imposible argumentar que ser negra es de algún modo incompatible con ser inglesa". Muy bien, pero hablamos de la misma Meghan Markle a quien se ha obligado a renunciar a cualquier resquicio de su activismo político (por no hablar de su opinión sobre el Brexit) antes de unirse a La Firma, que prohibe explícitamente a sus miembros expresar ideas políticas. En la práctica, esto significa que Markle no estará presente en el castillo de Balmoral durante una eventual visita de, pongamos por caso, Donald Trump, a quien se refirió en el pasado como "misógino" y "una figura divisiva". Ahora entendemos mejor la decisión de no invitar a jefes de Estado a la boda: para Inglaterra, Meghan Markle funciona mejor como esfinge lampedusiana, o como el mínimo porcentaje de cambio (o, mejor aún, la simulación del mismo) que la Casa Windsor y la propia institución monárquica, fundada en el mismo momento en que Arturo sacó aquella espada de la piedra, necesitan para seguir existiendo en un futuro económico, político e identitario tan incierto como el que plantea su salida de la Unión Europea

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