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Walas, de Massacre: "Trascendí a pesar de ser un rockero gordo, tímido, inseguro e hijo de padres separados"

logotipo de Infobae Infobae 12/09/2018 Camila Hadad
Walas, en Infobae Walas, en Infobae

Rompió muchos prejuicios en el mundo del rock. Con su físico fornido ("Gordo", dice él, directamente, porque "¿viste que el rockero tiene que ser el flaquito Mick Jagger?"), ha subido al escenario con calzas y botas de mujer. Así se hizo ver. Y lo más importante: se hizo escuchar. Este hombre de 52 años criado en Parque Centenario es el líder del grupo Massacre. Se llama Guillermo Cidade; todos lo conocen como Walas. Y con el paso del tiempo y de sus canciones logró convertirse en un referente de la escena nacional.

—¿Te imaginaste llegar a los 30 años con Massacre?

—Superé todos mis objetivos, definitivamente, los que tenía cuando era chico, a los 18 años, y decía que quería tener una banda, una disquería, una marca de tablas de skate, una marca de… no sé, una empresa de guitarras, todo este tipo de cosas. Cuando era chico me movía en un ambiente más vale underground, o sea, de medio perfil para abajo, y con Massacre logré cosas de medio perfil para arriba: tocar en el Gran Rex, en el Luna Park, en Obras.

—Mantenerte en el tiempo, algo tan difícil…

—Exactamente: mantenerse… Esto alguna vez lo dijo una amiga nuestra, María Olga, manager de Andrés Calamaro: con lo difícil que es llegar, lo difícil que es mantenerse. Porque hay carreras meteóricas en las que se llega, pero después mantenerse es muy difícil.

—Para vos, ¿cuál es la clave?

—Es una receta, es como una especie de plato con varios ingredientes, no solamente talento y creatividad, también hay que ser de cierta forma como persona. No solamente tener talento, buenas obras, buenas canciones, buenas letras, o lo que hagas, sino también en cómo te movés, cómo sos como persona, cómo te relacionas con el otro. Es una receta que no es fácil, una fórmula que no es tan fácil.

—¿La descubriste al principio o ahora con el tiempo te das cuenta de que es así?

—La descubrí con el tiempo. La mitad de nuestra carrera yo no supe jugar el juego, sí el artístico, pero no el ejecutivo o el mediático, el comunicacional. Me di cuenta en un momento de que periodistas, productores o gente del medio me decían: "Ahora entendiste cómo comunicar lo tuyo, cómo mostrar lo tuyo". Antes éramos chicos y estábamos metidos como en una trinchera en la que lo que queríamos era tirar bombas de amor, o bombas de pólvora, y no nos importaba el otro, no nos importaba el mundo, la crítica.

—¿Antes lo odiabas o no te gustaba por algo en especial?

—Cuando uno es chico no quiere la intervención de otros en lo que hace, especialmente de los adultos, mirando lo que uno hace. Después te das cuenta de que dependés del mundo adulto para todo: el que fabrica el disco es un adulto, el que produce el show es un adulto. Después lo entendimos y es cuando entra nuestra fase, cuando la gente nos conoce más que antes. En los últimos tres discos llegamos a esos lugares que decíamos hace un rato, no quiero decir de éxito, pero sí de consagración. Una tapa de la (revista) Rolling Stone, por ejemplo, ese tipo de cosas, esos símbolos.

—¿Tuviste que luchar con muchos prejuicios en todo este tiempo?

—A mí me gusta romper estructuras. Desde chico, desde antes de conocer la cultura punk, rock o skate, me gustaba ser movilizador de estímulos, ser artista, o sea, generar cosas en el otro. Y he roto bastantes prejuicios por lo menos en el mundo en el que me muevo yo, empezando por ser un rockero gordo: ¿viste que el rockero tiene que ser el flaquito Mick Jagger? Nada, yo salí siendo gordo y poniéndome calzas de mujer, botas de mujer. Y decir cosas inoportunas en los festivales, que te dejan pensando. Ese tipo de cosas rompen prejuicios permanentemente.

—¿Siempre tuviste una seguridad muy fuerte para poder hacerlo?

—Para nada. Yo soy completamente inseguro, completamente tímido. Soy un chico hijo de padres separados que fue al psicólogo desde muy chiquito. Trasciendo eso cuando me convierto en otro, o en otra, y salgo a la cancha. Pero no me sale fácil.

—¿Te ponés una máscara para poder realizarte?

—Exactamente. La máscara del escenario, la máscara de esa obra inmediata que se llama rock, la obra rock, que es una cosa que es ¡puff!, arte efímero. Está en ese momento y después desaparece.

—¿Te bajás del escenario y la máscara baja con vos?

—No. He luchado bastante. De adulto he hecho mucha terapia por el tema del personaje, si tengo que llevarlo a la familia, a los amigos, o no.

—¿Y qué conclusión sacaste?

—Todavía no llegué a ninguna conclusión. Estoy aprendiendo permanentemente. Cuando me piden consejos… y qué sé yo. Estoy aprendiendo. ¿Viste que me piden consejos las bandas nuevas? 

—Cuando uno te ve de afuera, y si hay algo que no piensa es que sos tímido…

—Sí, sí, soy recontra tímido, recontra inseguro. Todas las inseguridades que me generó ser desde chico hijo de padres separados, y de dos padres que cada uno estaba en sus intereses.

—¿Sos hijo único?

—No, tengo una hermana. Mirá lo que te digo: tengo una hermana, tengo varios hermanos, porque en el último tiempo conocí a medios hermanos míos, hijos de mi papá con otro matrimonio posterior, que no los había conocido. Se agrandó la familia y es divino, así que tengo varios hermanos.

—¿Cómo fue reencontrarte de grande con un hermano?

—Sí, especialmente una de mis hermanas es la que hizo la gran parte del trabajo, que fue buscarme, rastrearme, hizo las mil y una, revolvió cielo y tierra para llegar hasta mí. Yo al principio estaba más reticente, estaba como más… Como somos los varones con lo afectivo. La mujer es más conciliadora, es más matriarca, más de buscar la cosa familiar, de los polluelos y todo eso; en cambio el varón es guerrero, territorial y no pone tanto lo afectivo. Y entonces mi hermana Cecilia hizo mucho del trabajo. Nos reencontramos y nada… es un bombonazo, mis hermanos son unos bombonazos, pero ella especialmente: se parece a Drew BarrymoreLlegan edades que te reconciliás con la vida y con los vínculos.

—¿Utilizás mucho esa manera de "mejor no ver así no sufro"?

—Sí, sí, soy de la teoría de que en algunos casos es mejor ignorar. Bueno, lo de la globalización es un poco así: mejor no saber si el pibe del África… Utilizo bastante esa fórmula de "es mejor ignorar y no saber".

—¿Qué cosas no te dejan dormir?

—Justo ahora me está pasando una cosa, en el último tiempo, que nunca tuve en mi vida: el insomnio. Tengo preocupaciones, y me preocupa esto de la crisis global que se viene. Y me preocupan también los fenómenos extraterrenales, los fenómenos paranormales, qué es lo que está pasando debajo de la tierra: los volcanes, los tsunamis. Me parece que es un cambio planetario, por no decir universal, y entonces me asusta un poco el calentamiento global, todas esas cosas que se dicen.

—¿Te levantás a la noche pensando en estas cosas?

—Sí. Mi terapeuta me dice que no vea contenidos de índole paranormales, pero no puedo escaparle. Le digo: "Tenes razón, mi vida tengo que arreglarla con esta

fórmula, no tal cosa, no tal otra". Después me voy, me porto mal y digo: "No puedo, no puedo, no puedo".

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