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Donald Trump: de pronto, un imprevisto aliado de la nomenclatura bolivariana

logotipo de Clarín Clarín 12/08/2017 clarin.com

Cuando nadie lo esperaba el sorprendente Donald Trump se asoció de un modo único con el régimen de Nicolás Maduro prestándole un oxigeno clave en uno de sus momentos más complicados. Utilizando un lenguaje digno del primer Roosevelt y su gran garrote, puso sobre la mesa la posibilidad nada menos que de una invasión militar norteamericana sobre Venezuela al estilo de la panameña que derrocó al dictador Manuel Noriega hace 28 años.

Fueron palabras encantadoras para la jerarquía chavista que ha venido revoleando esa amenaza como coartada para dos de sus dimensiones principales. Por un lado justificar con ese pretexto el creciente autoritarismo del modelo. Y por el otro, mantener acicalado el maquillaje de supuesta revolución de izquierdas con el que ha logrado por años atar las manos de sus críticos internacionales.

Trump suele hablar más desde la cadera que desde donde corresponde. Con esas pocas palabras no solo convalidó la narrativa victimizadora del chavismo, sino que además generó un aprieto que no existía en la relación de Washington con América latina sobre la cuestión venezolana.

En este espacio la expresión intervención promueve un claro efecto negativo, doblemente si se observa la mala imagen que recoge el mandatario norteamericano en la región por sus constantes cruces c on México, su desprecio a los inmigrantes hispanos, y el absurdo desmonte del deshielo con Cuba. Los gobiernos del área debieron hacer ejercicios de equilibrio ayer para condenar la bravata del líder de la Casa Blanca sin perder de vista lo que denuncian del derrape totalitario del experimento chavista. Justamente en ese aspecto los consensos habían crecido como nunca antes en proporción directa al endurecimiento que exhibió el régimen las pasadas semanas.

Hace pocos días en una cumbre de Lima, una docena de países de la región, logró conciliar un texto que proclamó que en Venezuela ya no hay democracia. Se reprochaba ahí la imposición, de un modo por demás opaco, de un organismo supremo que anula todos los otros poderes y busca proscribir a la oposición política.

Nicolás Maduro en el Congeso. DPA © clarin.com Nicolás Maduro en el Congeso. DPA

Ese acuerdo multinacional avanzó, además, en la implementación de herramientas comunes que traben cualquier negociación económica con Caracas y las empresas públicas que no sea avalada previamente por el Congreso en manos opositoras que el régimen mantiene sitiado. En ese encuentro, precisamente, EE.UU. prefirió no participar para evitar agregar argumentos a la narrativa antiimperialista de la nomenclatura bolivariana.

Con ese mismo criterio el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, Herbert Mc Master, había descartado, hace poco más de una semana, cualquier posibilidad de acciones directas de los Estados Unidos. “La larga historia de intervención estadounidense en América Latina ha causado problemas en el pasado”, reconoció y añadió atinado que su gobierno no quiere dar a “este régimen o a otros la oportunidad de decir que los yanquis (…) son la causa del problema”.

Eso es precisamente lo que acaba de hacer Trump. Ben Rhodes, uno de los asesores más estrechos del ex presidente Barack Obama, lo sintetizó en palabra simples: “Es difícil valorar cuán grande es el regalo que le ha dado a Maduro, que se aprovechará de EE.UU. para buscar apoyo en Venezuela y el resto de América latina”.

Repudio al régimen en una marcha en Caracas. EFE © clarin.com Repudio al régimen en una marcha en Caracas. EFE

Aislado como nunca antes, el régimen se tomó de esta plataforma para demandar a los países de la región que lo cuestionan que se alíen a Caracas como si la situación hubiera realmente variado. ”Este es el momento de unidad de los pueblos del mundo en especial de nuestra América”, recitó el canciller Jorge Arreaza con el lenguaje de prócer que fascina a la dirigencia chavista.

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