Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

El presidente Bouteflika reaparece sin habla en la televisión de Argelia

logotipo de El Confidencial El Confidencial 21/03/2017 Ignacio Cembrero

El presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika, de 80 años, está vivo, pero goza de una pésima salud hasta el punto de no poder hablar. Las imágenes del jefe del Estado con las que las autoridades argelinas han intentado acallar los rumores, el domingo pasado, han tenido un 'efecto boomerang' a juzgar por los comentarios que han suscitado por parte de la prensa extranjera.

Bouteflika padeció en 2013 un derrame cerebral por el que estuvo más de 80 días ingresado en París. Desde entonces está en silla de ruedas y le cuesta expresarse. Se somete con regularidad a controles cardiovasculares en un hospital de Grenoble (Francia), pero las autoridades argelinas no publican partes médicos sobre su salud.

Había sobrados motivos para preguntarse qué sucedía con un jefe de Estado que goza de amplios poderes en la primera potencia económica del Magreb. La presidencia de la República argelina aplazó el 20 de febrero, a causa de una “bronquitis aguda”, la visita a Argelia de la canciller alemana Angela Merkel. Lo hizo solo horas antes de que empezara. Después la presidencia de Irán anunció, sin dar explicación alguna, la suspensión del viaje a Argel del presidente iraní Hassan Rohani previsto para el 12 de marzo.

El ministro español de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, efectuó el 8 de marzo su primera visita a Argel. Su agenda incluía una audiencia con Bouteflika que fue cancelada en el último momento aunque el jefe de la diplomacia argelina, Ramtane Lamamra, se apresuró en declarar a la prensa que esa cita no estaba prevista. La delegación española no se sorprendió porque otros ministros de peso, como el titular francés de Interior, Bruno le Roux, también habían pasado por Argel sin poder ver a un presidente que antaño era un gran conversador. Se sabía cuándo empezaba la audiencia, pero no cuando concluía.

Los colaboradores de Bouteflika, empezando por su primer ministro, Abdelmalek Sellal, repetían que el presidente “estaba muy bien”. El jefe del Estado seguía, sin embargo, sin ser visto en público desde que, en octubre, inauguró la Opera de Argel en silla de ruedas. Desde hace casi dos meses no había tampoco recibido a ninguna personalidad en su residencia de Zeralda.

Imagen del encuentro de Bouteflika con Manuel Valls en abril de 2016, difundida por colaboradores del ministro francés, que sentaron muy mal en Argelia © Proporcionado por El Confidencial Imagen del encuentro de Bouteflika con Manuel Valls en abril de 2016, difundida por colaboradores del ministro francés, que sentaron muy mal en Argelia

El tiro por la culata

Para tranquilizar la presidencia de la República decidió mediatizar la audiencia de Bouteflika, el domingo, con uno de sus más fieles colaboradores, Abdelkader Messahel, ministro para Asuntos Magrebíes y Africanos, que le expuso la situación en el Sahel y Libia. La televisión pública grabó unas imágenes que ocuparon minuto y medio de la apertura del telediario. El presidente parece aturdido, aparenta estar muy débil, permanece mudo y tiene dificultades para manejar una carpeta con documentos que le entrega su interlocutor que ni siquiera consulta, según la interpretación del vídeo hecha por medios de comunicación no argelinos.

No es la primera vez que a los responsables argelinos que pretenden trasladar una imagen de normalidad les sale el tiro por la culata. Cuando aún era primer ministro de Francia, en abril de 2016, Manuel Valls visitó a Bouteflika en Argel y su séquito le hizo una foto, en la que aparece completamente azorado, que acabó subiendo a Twitter. La iniciativa de los franceses, no pactada con sus anfitriones argelinos, causó algunas tensiones.

Bouteflika, elegido presidente en 1999, es un caso único en la historia contemporánea. Es un jefe de Estado de una República presidencialista cuya salud no le permite viajar al extranjero ni dentro de su propio país y no siquiera puede desplazarse al aeropuerto para recibir a huéspedes extranjeros. No pronuncia discursos porque su voz es inaudible y se agota al poco tiempo de empezar una reunión.

La duda es si está en condiciones de ejercer los amplios poderes que le otorga la Constitución para gobernar el país más poblado (40 millones de habitantes) y la primera potencia económica del Magreb y el primer proveedor energético de España cuyas costas están a tan solo 140 kilómetros de las argelinas. Argelia posee además el segundo Ejército de África, solo superado por el egipcio, que constituye un dique a las incursiones terroristas procedentes del Sahel y de Libia.

Imagen del encuentro entre Bouteflika y Manuel Valls, en abril de 2016 © Proporcionado por El Confidencial Imagen del encuentro entre Bouteflika y Manuel Valls, en abril de 2016

Sin líder ante la crisis económica

La pregunta sobre la aptitud de Bouteflika a gobernar se la hizo, entre otros, Jean-Louis Debré, exministro francés de Interior, en el libro que publicó el año pasado bajo el título “Ce que je ne pouvais pas dire” (Lo que no podía decir). En él cuenta su audiencia, el 9 de diciembre de 2015, con Bouteflika. “Me recibe en su palacio situado fuera del centro de Argel, fuerte y ostentosamente protegido”, escribe. “Me dicen que es una residencia medicalizada. Está encogido en su butaca, resopla, la voz es débil. Un pequeño micrófono pegado a su boca permite comprender mejor lo que dice. Tiene muchas dificultades para expresarse”, recuerda.

El exministro francés no respondió a la pregunta que él mismo se hizo, pero otros si lo han hecho. El general jubilado Hocine Benhadid aseguró, por ejemplo, en septiembre de 2015, en una entrevista con Radio M, que Bouteflika solo tenía algo más de media hora de lucidez al día gracias a las inyecciones con estimulantes que le administraban. Es su hermano pequeño, Said, el que gobierna, nombra a los ministros y toma las decisiones en lugar del presidente, afirmó. Benhadid, uno de los militares con más prestigio, fue detenido poco después de esa entrevista y liberado, por motivos de salud, en julio de 2016.

Argelia tiene un presidente que no está plenamente capacitado para ejercer el poder cuando se adentra poco a poco en una grave crisis económica a causa de la caída del precio de los hidrocarburos que constituyen el 97% de sus exportaciones y el 60% de los ingresos del Estado. A causa de la crisis el Gobierno ha anunciado, la semana pasada, la suspensión de la construcción de viviendas sociales en un país donde muchos jóvenes matrimonios carecen de un hogar y comparten piso con sus progenitores. Este año el Estado no construirá tampoco ninguna infraestructura importante, como hospitales o autopistas.

El Gobierno ha decidido también someter a todas las importaciones a una autorización previa, pero tarda mucho en otorgarla. La consecuencia es que algunos productos, incluso comestibles como los plátanos, escasean y que ha aparecido un mercado negro en el que se venden a precios exorbitantes. El Estado argelino reinstaura así un control sobre el comercio exterior que empezó a relajar en 1994 cuando firmó sus primeros acuerdos comerciales con el Fondo Monetario Internacional. Aunque no es tan penosa, la situación económica de Argelia tiene puntos en común con la de Venezuela.

Captura de pantalla del video del presidente Bouteflika en la televisión argelina © Externa Captura de pantalla del video del presidente Bouteflika en la televisión argelina

Más de El Confidencial

image beaconimage beaconimage beacon