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La maldición de los 13 pabellones abandonados. Algo pasa en la Casa de Campo

logotipo de El Confidencial El Confidencial 14/01/2018 Carlos Prieto

Preso de las llamas. El antiguo restaurante Guipúzcoa en la madrileña Casa de Campo —uno de los parques urbanos más grandes de Europa, con 1.772 hectáreas— ardió poco antes de Navidad. ¿Las posibles causas? Un accidente provocado por okupas rumanos que venden chatarra, llevan tiempo acampados en la Casa de Campo y habían sido desalojados y realojados en hospicios a finales de 2015.

No es el único restaurante del denominado Paseo de la Restauración de la Casa de Campo que ha tenido problemas los últimos años. Currito cerró en 2014 por la crisis y fue desvalijado (los sospechosos no son ni okupas ni rumanos). Currito protagonizó un hito folclórico antes de echar el cierre: el rey emérito (Juan Carlos I) celebró su última cena como monarca junto a varios prohombres de la Transición. La gestión de ambos restaurantes estaba en manos privadas, pero el propietario de los edificios de la Casa de Campo es el Ayuntamiento de Madrid vía Madrid Destino.

Interior del antiguo restaurante Currito. (Pablo López Learte) © Proporcionado por El Confidencial Interior del antiguo restaurante Currito. (Pablo López Learte)

Hay quien se pregunta, por tanto, si hay un problema de orden público en la Casa de Campo. No obstante, más allá de lo coyuntural, el conflicto generado por la abundancia de pabellones vacíos se remonta al año de la muerte de Franco (1975), cuando se realizó la última edición de la expo —Feria del Campo— que daba sentido y contenido a estos edificios.

Los diversos consistorios democráticos han dado bandazos para dotar de uso e identidad a los pabellones que quedaron en pie, que en 2017 basculan entre la restauración, la sede municipal y el abandono.

"La decadencia del recinto ferial llegó con la muerte de Franco porque la Feria del Campo se veía como algo franquista. Estos edificios son víctimas sobre todo del desuso", cuenta Rafael Pulido, cabeza visible junto a Luis de Vicente de la veterana plataforma Salvemos la Casa de Campo.

Es difícil encontrar a alguien con mayor conocimiento de la historia y la fontanería de la Casa de Campo que Pulido y De Vicente, con quien nos juntamos una mañana para dar una vuelta por el parque. "Yo, que soy del barrio de toda la vida, me colaba de joven en los pabellones vacíos, y hacía trastadas, te llevabas a casa las botellas que encontrabas y eso… Lo que quiero decir es que cuando un edificio deja de usarse, tarda poco en ser vandalizado", razona Pulido.

La madre de todas las ferias

El antiguo pabellón y restaurante Guipúzcoa poco antes del incendio. (Pablo López Learte) © Proporcionado por El Confidencial El antiguo pabellón y restaurante Guipúzcoa poco antes del incendio. (Pablo López Learte)

La Casa de Campo comenzó a llenarse de pabellones en 1950 para la Feria Nacional del Campo. Los pabellones —diseñados por arquitectos españoles de referencia como Miguel Fisac, Francisco de Asís Cabrero, Carlos Arniches o Alejandro de la Sota— representaban las diferentes partes de España (los restaurantes Currito y Guipúzcoa eran en realidad los pabellones de Vizcaya y Guipúzcoa). "Para 1962, todas y cada una de las provincias españolas tenían su casa pabellón", según la 'Historia de la Casa de Campo' (2017), de Luis Roldán Calzado.

Convertida en evento de masas, la feria se internacionalizó en 1953 coincidiendo con el fin de la autarquía y la entrada de España en organismos internacionales como la UNESCO. EEUU, Alemania y Argentina construyeron pabellón propio (el de Argentina aún existe, pero tras reciclarse hace años como cafetería de la cadena ‘Manila’ se encuentra ahora abandonado).

Pabellón de los Hexágonos. (Pablo López Learte) © Proporcionado por El Confidencial Pabellón de los Hexágonos. (Pablo López Learte)

En 1959 se trasladó a la Casa de Campo (con algunas modificaciones) el Pabellón de los Hexágonos, de José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún, que venía de ganar el gran premio en la Exposición Universal de Bruselas (1958) por delante del Atomium. El Pabellón de los Hexágonos va camino de la ruina tras varios intentos fallidos de rehabilitación, aunque aún se debate sobre la mejor manera de salvarlo.

La Feria del Campo fue, en definitiva, un "laboratorio de la arquitectura española moderna", según cuenta José de Coca Leicher en su tesis doctoral 'El recinto ferial de la Casa de Campo de Madrid (1950-1975)'.

Los restos del naufragio

Con la Feria del Campo ha pasado como con los pabellones de la Expo 92 o de cualquier otro macroevento temporal una vez se acaba la fiesta: no es fácil dar uso posterior a unos edificios planteados muchas veces como grandes y diáfanos contenedores expositivos. Hasta el punto de recurrir a la piqueta en ocasiones...

"Desde la finalización de las Ferias del Campo ha quedado el testimonio silencioso de un conjunto de edificaciones originales que han resistido los acontecimientos de la historia actual de nuestra ciudad... Todavía conviven en la Casa de Campo, en el corazón de nuestra ciudad, los restos maltratados de muchos de aquellos pabellones de exposiciones… El pabellón de Ciudad Real fue demolido con otros muchos (populares y modernos) a finales de los 80, etiquetados de 'franquistas y folclóricos', siguiendo la política de 'labores de esponjamiento' del Ayuntamiento de Madrid para recuperar el estado 'original' de la ladera, arrasada en la Guerra Civil y reforestada, precisamente, con la urbanización de la feria", cuenta José de Coca Leicher en su tesis.

Jardín de uno de los edificios abandonados. (Pablo López Learte) © Proporcionado por El Confidencial Jardín de uno de los edificios abandonados. (Pablo López Learte)

Ahora mismo hay 13 pabellones abandonados en el Recinto Ferial de la Casa de Campo. La gran pregunta es: ¿qué hacer con ellos?

Los cambios de criterio de las sucesivas administraciones han sido permanentes, incluso dentro del mismo partido. La Comunidad de Madrid (PP) aprobó la conversión de la Casa de Campo en Bien de Interés Cultural en 2010, lo que aseguraba un mayor grado de protección de los edificios y su entorno, pero poco después (2013) el Ayuntamiento (con Ana Botella de alcaldesa) lanzó el megaproyecto de la Ciudad de la Seguridad para trasladar las sedes del Samur, Bomberos y Policía Municipal a diferentes pabellones abandonados. El proyecto se ha quedado a medias: el actual Consistorio lo ha paralizado tras calificarlo de "megalómano".

Salones del Currito. (Pablo López Learte) © Proporcionado por El Confidencial Salones del Currito. (Pablo López Learte)

Salvemos la Casa de Campo cree que la Ciudad de la Seguridad no se ajusta a lo que necesita la Casa de Campo por diversos motivos: del impacto medioambiental por el aumento de los desplazamientos en coche a las restricciones al acceso de una parte del parque que antes era de uso público.

"La Ciudad de la Seguridad era una millonada, mejor que la pararan", zanja Pulido. "Estoy de acuerdo en que se dé un uso a los edificios, pero no acaban de entender que la Casa de Campo no es un contenedor en el que cabe cualquier cosa. Planes para recuperar el parque ha habido muchos, pero casi ninguno integral, se van tocando cosas aquí y allá sin una idea homogénea de lo que se quiere hacer y con usos ajenos a la historia del parque. Del Real Sitio hemos pasado al cajón de sastre", zanja De Vicente.

Cuatro de los nueve restaurantes del Paseo de la Restauración han cerrado, pero De Vicente no ve claro el hipotético plan millonario del Ayuntamiento para rehabilitar la zona (cancelado sine díe por falta de presupuesto, por cierto): "Los restaurantes tuvieron éxito en la época de la burbuja, se celebraban comidas, bodas, comuniones, pero no estoy seguro de que tenga sentido volver a abrirlos si han cerrado porque no funcionaban". "Hablamos de restaurantes donde no te puedes tomar un menú por 11 euros. No sé si abrir más restaurantes de lujo es la solución a los problemas de la Casa de Campo", añade Pulido.

Plan de rehabilitación

Con lo que sí está de acuerdo Salvemos la Casa de Campo es con los nuevos planes del Ayuntamiento para reformar cuatro pabellones abandonados (Valencia, Ministerio de la Vivienda, Icona I e Icona II) y cedérselos al asociacionismo de la ciudad. El proyecto —impulsado por Nacho Murgui, concejal y delegado del Área de Gobierno de Cooperación Público Social— está presupuestado y en marcha —en pleno anteproyecto de rehabilitación de los edificios— aunque no se haya presentado oficialmente.

"El proyecto parte de la necesidad perentoria de dotar de espacios al tejido asociativo de la ciudad, de contar con un complejo bien dotado, no solo para las asociaciones, sino también para la rama del Ayuntamiento dedicada a fomentar el asociacionismo", cuentan desde el Área de Gobierno de Cooperación Público Social.

"Nos gusta porque se trata de un plan que trata de recuperar una zona en conjunto", dice De Vicente sobre un proyecto que interviene sobre un lugar concreto del parque (los cuatro edificios están más o menos seguidos, cerca del Pabellón de los Hexágonos).

Lo que no le gusta a De Vicente es el plan del consistorio para la joya de la corona de los edificios vacíos de la Casa de Campo: el Palacio de los Vargas, residencia adquirida por Felipe II en el siglo XVI, cuando llevó la corte a Madrid tras comprar los terrenos de la actual Casa de Campo. El Palacio de los Vargas ha sido rehabilitado y reformado recientemente, pero está a la espera de que se decida su uso.

Uno de los salones del antiguo restaurante Currito. (Pablo López Learte) © Proporcionado por El Confidencial Uno de los salones del antiguo restaurante Currito. (Pablo López Learte)

El empeño personal de la alcaldesa Manuela Carmena en convertirlo en el Instituto de Estudios del Hambre en el Mundo y en una Biblioteca de Gastronomía y Nutrición ha chocado con la oposición del PSOE, que cree que no se ajusta a la categoría de Bien de Interés Cultural, que obligaría a un uso "cultural o museístico" vinculado al Real Sitio.

"Este palacete es el elemento central del pasado del parque, no podemos estar de acuerdo con un plan sin vinculación histórica alguna, nosotros apostamos por un centro de información, divulgación y documentación de la historia de la Casa de Campo. Yo no dudo del valor cultural de la gastronomía, pero en fin...", zanja De Vicente.

La conversación vira entonces hacia la moda de la restauración y el efecto 'Master Chef', pero esa ya es otra historia...

Todos los pabellones vacíos de la Casa de Campo © Externa Todos los pabellones vacíos de la Casa de Campo

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