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Tres formas de reutilizar tu saquito de té y reducir su impacto ambiental

logotipo de eldiario.es eldiario.es 13/7/2022 Eva San Martín
Tres formas de reutilizar tu saquito de té y reducir su impacto ambiental © Proporcionado por eldiario.es Tres formas de reutilizar tu saquito de té y reducir su impacto ambiental

Como sucede con la borra del café, con la que se puede cocinar e incluso hacer galletitas, también hay modos de exprimir tus saquitos de té ya usados más allá de la primera taza. Según cifras del sector, unas 25.000 tazas de té son consumidas en el mundo cada segundo

Nos despierta y nos gusta su sabor, pero hay otras razones para consumir esta bebida, tales como sus beneficios: quienes beben té tres veces por semana viven más tiempo, ya que reducen el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular y alargan su esperanza de vida unos 1,26 años de media, según un estudio reciente publicado en The European Journal of Preventive Cardiology

Y aún podés sacarle más partido a tu pasión tetera y reducir lo que te cuesta cada taza a la mitad.

No es un crimen reutilizar las hebras de té, volver a ponerlas en agua caliente para que suelten las esencias que aún quedan en ellas, y hacerte otra infusión más tarde. Dos tés al precio de uno parece una idea interesante. 

Y, según los expertos, también constituye una opción perfectamente segura, si tomás algunas precauciones básicas. ¿A favor? También reconforta, y pagarás la mitad por cada infusión. No solo es por el precio: también ayudás a proteger los recursos que implica producirlo. ¿En contra? El hecho de que el sabor de tu segunda infusión resultará ligeramente más suave. 

Antes que nada, necesitás conservar tu saquito de té usado húmedo. Una vez que se reseca, se convierte en un medio estupendo para criar hongos y bacterias y eso podemos ahorrárnoslo. Tu mejor baza reside en meter la bolsa en un vaso con un poco de agua. 

Y, todo ello, guardarlo en la heladera para reducir a la mínima expresión la posibilidad de que las bacterias colonicen tus mágicas hebras. Aun así, si sospechás que los hongos o las bacterias se han apoderado de tu bolsita (el mejor indicador es el olor), tirala.

Reutilizar el té verde o el té blanco suele dar mejor resultado que las opciones más oscuras, como el té negro. Y la segunda taza resulta solo un poco más suave, pero aún reconfortante por la tarde, cuando no necesitás un shot de cafeína tan fuerte. 

Ahora bien: una vez que utilices tu saquito de té dos veces, ya habrá dado de sí todo lo que podía. Después de eso, desechalo. O, mejor aún, incorporalo en el compost para que se convierta en abono para tus plantas. 

O elevá tu saquito de té usado al siguiente nivel, y hacete un té chai con una combinación de tus especias favoritas. El chai combina especias y hierbas aromáticas, constituye un modo delicioso de reutilizar tu saquito de té, y de insuflarle una nueva vida a un producto que, de lo contrario, acabaría en la basura. 

La receta básica es esta: una bolsa de té ya usada, 150 mililitros de leche (puede ser leche vegetal, incluso casera, por ejemplo, de avena), y la mezcla de especias que prefieras, y a tu gusto: cúrcuma, jengibre, canela, cardamomo, clavo o pimienta negra. Además, hay quien le añade azúcar y quien lo prefiere tal cual. 

¡Es tan sencillo de preparar! Poné a hervir la leche y la misma cantidad de agua con tus hebras, añadí las especias (con moderación, una pizca debería bastarte) y el azúcar (si usás). Después, dejá que se haga a fuego lento, otros cinco minutos más. Sabrás que está listo cuando el chai tenga el color que te gusta de la infusión. Colalo, ¡y disfrutá!

Otra forma sabrosa y festiva de reutilizar tu saquito. Poné un puñado de ciruelas pasas y unas cuatro o cinco bolsitas de té: funciona muy bien con la variedad earl grey, un té negro fermentado y aromatizado con aceite de bergamota, que encontrás en cualquier súper. Cubrilo con agua hirviendo y dejalo reposar una hora. Colalo. El líquido podés guardarlo en la heladera, y tomarlo como un té frío. 

Las ciruelas, guárdalas en un frasco de cristal cerrado, añadí brandy o aguardiente, y dejalas a remojo al menos ocho horas. ¡Ya las tenés! Y resultan geniales con un helado, con queso o para aromatizar los postres. Y, por supuesto, para acompañar con una segunda taza de té. 

E.S.M.

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