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Esther Doña: “¿Por qué no iba a publicar los ‘whatsapps’ con los que Carlos Falcó me conquistó? ¡Si estaba orgullosísimo!”

logotipo de El País (América) El País (América) 28/10/2021 Jesús Ruiz Mantilla
Esther Dona, viuda del difunto Carlos Falco, marqués de Griñón, fotografiada en el hotel Westin Palace de Madrid. © Olmo Calvo (EL PAÍS) Esther Dona, viuda del difunto Carlos Falco, marqués de Griñón, fotografiada en el hotel Westin Palace de Madrid.

La pandemia se llevó en marzo de 2020 a su marido, Carlos Falcó, el marqués de Griñón. Y también le quitó a su padre. Esa es la razón por la que Esther Doña (Málaga, 43 años) ha escrito como terapia el libro La vida de un gran hombre a través de mis ojos, que ha publicado Planeta. En él, la modelo cuenta cómo fue su historia de amor: desde los whatsapps que se escribieron al principio hasta su salida del luto. Ahora ella ha rehecho su vida junto al juez Santiago Pedraz (Salamanca, 63 años). Se sabe por la revista ¡Hola!, pero también porque antes de esta entrevista ha comido con ella en el Hotel Palace de Madrid y se acerca a saludar. Esther Doña se queda a posar con su perrita, Chloe, que quiere salir en la foto y a veces pareciera que también responde.

Pregunta. Ni se pudo despedir de su marido, Carlos Falcó, ¿cómo le afectó eso?

Respuesta. Él salió de casa vital, como era, con sus tres botellas de aceite, para el hospital. ¿Y el vino?, le dije. “Eso no me dejan”, me contestó. El médico me llamó por la mañana para decirme que todo iba bien, y horas después había fallecido. Necesitaba echar fuera todo lo que tenía. Mi terapia ha sido el libro. Me costó muchísimo. No podía salir de la casa porque pensaba que iba a volver. Lo soñaba y le esperaba bien vestida y guapa, tenía que estar guapa, para que cuando entrara por la puerta me viera allí.

P. ¿Cuánto le costó asumir que no regresaría?

R. Tres meses después. Estuve en un limbo.

P. ¿Y ahora está mejor?

R. Mucho mejor. La casa se nos caía encima. A mí y a mi perrita. Es un palacio, con todo lo que conlleva un palacio: techos altos, muchos metros…

P. Y soledad…

R. Soledad, sí.

P. Llama un poco la atención que haya publicado los whatsapps que se mandaban al principio de la relación, entre el coqueteo y la dignidad. ¿Un arma de doble filo para el amor, WhatsApp? ¿No es demasiado íntimo?

R. ¡Hombre! Yo no he mostrado todos los mensajes. He hecho una selección. ¿Por qué no iba a publicarlos? ¡Estaba orgullosísimo de ello!

P. Ya, pero…

R. Tan orgulloso estaba que los imprimió. No era normal enamorarse por Whatsapp para un aristócrata. Pero quizás, cara a cara, desde el principio, no nos hubiéramos enamorado. A través de ellos, yo pude conocer a la persona. Él era el hombre perfecto, lo único que no era perfecto al principio, era la diferencia de edad, luego, eso dio igual. Nosotras nos enamoramos de la mente, necesitamos admirar a la persona con la que estamos; los hombres, del físico.

P. Se conocieron en una cata organizada por su primo. La vio a usted y le dijo: ‘¿De qué nacionalidad eres?’. ¿No deja eso en mal lugar a la mujer española?

R. Sí, me vio y me dijo: ‘¿De qué nacionalidad eres? ¿Estás soltera?’. Él pensó: ‘Somellier, no es…'.

P. Desde el minuto uno, al ataque.

R. Sí, porque él quedó fascinado. Yo tenía más recelo. Me comentó que quería montar un spa basado en terapias con aceite de oliva. Él me propuso ese negocio. Los whatsapps comenzaron con esa intención profesional.

P. ¿Usted cree?

R. Bueno, no sé. Se lo he preguntado después muchas veces. Necesitaba un equipo y necesitaba conocerme un poco más.

P. Cuenta usted que él le recordó muchas veces después cómo le había fascinado, dice, con un trajecito de Zara.

R. Bueno, si es que yo no quería ir a esa cena, pero llegué del gimnasio, me puse ese traje, sin escote y sin nada, sencillo y superdiscreto, me recogí el pelo en una coleta y para allá que me fui. No sé por qué le fascinó tanto. Yo creo que fue el aura.

P. Él luego se motiva mucho, con los whatsapps.

R. Me hace hasta un poema.

P. Un poema que si me permite el comentario, es, en mi opinión, flojito.

R. Bueno, pues nada. No, no es flojito. Pero el poema trajo muchos problemas, eh. Nunca me habían hablado de esa manera. Yo no soy una mujer provocativa. Mi belleza es distinta.

P. ¿Cómo la calificaría?

R. Bueno, no es comparable: pero más Audrey Hepburn que Marilyn Monroe, puede gustar o no, es más sutil. Puedo pasar desapercibida.

P. No con su trajecito de Zara. ¿Nunca antes le habían dedicado un poema?

R. No y a mí, además, me ofendió. Creo que se pasó de la raya en eso y que no me podía entonces hablar así.

P. ¿Quizás lo que la atraía, por otra parte, era que él pareciera un hombre de otra época?

R. Bueno, es que yo soy muy chapada a la antigua, me gusta que me manden flores, que me abran la puerta del coche…

P. También es fuerte que bajara usted el primer día a desayunar en pijama y él le pidiera que se vistiera para que el servicio no se espantara.

R. Bueno, después de aquello entendí que no se podía bajar a desayunar en pijama y que es su cultura, la de la aristocracia. La aristocracia es así.

P. ¿Cómo?

R. Son culturas diferentes.

P. ¿De este mundo?

R. Sí, cada vez más. Cada vez la sociedad se abre más y ellos se adaptan a una modernidad. Si no, apaga y vámonos. ¿Qué vamos, a seguir casándonos entre sangres?

P. Y después de todo, ¿se siente marquesa?

R. No, yo soy Esther Doña. Y no estaba casada con el marqués de Griñón, sino con Carlos Falcó. Me gustan las cosas sencillas de la vida. Para mí, ciertos compromisos eran agotadores.

P. Ahora, forma pareja con el juez Santiago Pedraz. Ha contado usted que en vida, el propio Falcó les dijo que de faltar él algún día le gustaría que acabaran juntos. ¿Es así?

R. Él dijo que cuando no estuviera, le gustaría que otra persona viviera conmigo la felicidad que él tuvo. Y que fuera Santiago. Le admiraba muchísimo. Admiraba la brillantez y eso lo veía en él, además que era muy buena persona. Igual eso no lo tendría que haber contado. Pero es que fue así.

P. Y lo de que usted confiese que Falcó ha sido el hombre de su vida, ¿cómo le sienta a Santiago?

R. Con Santiago es muy fácil. Él era uno más en nuestro círculo. Todos los días hablamos de Carlos, y él lo hace con mucha admiración. ¿Por qué Carlos es el amor de mi vida? Pues porque a Santiago le acabo de conocer en ese aspecto, le quiero muchísimo, por eso estoy con él. A día de hoy, sigue siéndolo. Era muy genuino. A mí me conquistó. Y ha sido lo mejor que me ha pasado en mi vida. Pero que conste que Santiago ya me ha pedido que escriba un libro igual que este sobre él.

P. Defina genuino: ¿en qué?

R. Pues que era único, siempre tenía una buena palabra para una mujer. Y se alegraba mucho del bien ajeno, de las cosas buenas que les ocurrían a los demás, aunque no les conociera. Estaba muy puesto en cómo avanzaba la sociedad: era más moderno y liberal que yo. Yo soy más conservadora.

P. ¿No votará a Vox?

R. ¡No, hombre! Pero yo de política no hablo.

P. ¿Y de su hermana concejal socialista en el Ayuntamiento de Málaga?

R. Se llevaba fenomenal con Carlos. Yo le decía: ‘Te has equivocado de hermana’. Se adoraban.

P. Con ese capítulo que usted llama El club de las terceras esposas, ¿qué ha querido transmitir?

R. No sé, que siempre existe una rivalidad, ¿no? Muchas veces las mujeres se sienten más cómodas con hombres que con otras mujeres.

P. Usted también se ha casado tres veces.

R. Y habrá un cuarto. Soy muy convencional. Y si estoy con una pareja, me caso.

P. ¿Quiere decir eso que habrá boda pronto?

R. No, no, no… Que llevamos tres meses… Más adelante, Dios dirá: por el momento ni boda, ni hijos.

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