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El mingazo

logotipo de El Espectador El Espectador 25/10/2020 Ramiro Bejarano Guzmán
El Espectador © Proporcionado por El Espectador El Espectador

El oportunismo y el cinismo del Gobierno no conocen límites. Ahora resulta que después de que desde el subpresidente Duque para abajo todos en el Gobierno estigmatizaron la minga, la ministra del Interior felicita a los indígenas, poniéndolos como ejemplo en el mundo. Y lo que es todavía más sorprendente: el Gobierno, muy orondo, prácticamente reclama como triunfo suyo que la visita indígena y el paro del pasado miércoles hayan sido pacíficos.

Duque, experto en frases tramposas —como la de que no haría trizas pero tampoco risas el Acuerdo de Paz que ha incumplido groseramente—, esta vez acuñó la tontería de que es mejor la propuesta que la protesta, todo para descalificar a los ilustres visitantes indígenas. Sí, señor, ilustres, así le duela a la rancia ultraderecha que también tenía atemorizada a la ciudad con el cuento de que las calles iban a quedar impresentables y que los desmanes alcanzarían proporciones catastróficas.

Tal vez por eso el atolondrado comisionado de Guerra, Miguel Ceballos, pretendió torpemente fracturar la minga yéndose tardíamente al Cauca mientras los indígenas andaban en Bogotá, movida que fue un auténtico oso pero que, en todo caso, dejó al descubierto otra maniobra más de la Casa de Nari por desvertebrar la protesta y la movilización social.

Los dirigentes gremiales, que calificaron de insensata la marcha del 21 de octubre y vaticinaron que aquí íbamos a vivir otro 9 de abril y que Bogotá quedaría no solo arrasada sino desaparecida por el COVID-19, han tenido que tragarse la muy mala noticia para ellos de que indígenas, maestros y estudiantes que protestaron y caminaron largas jornadas, unos desde el Cauca y los demás por todo Bogotá, esta vez no se dejaron infiltrar y no hubo un vidrio roto. Los establecimientos de comercio siguen en lo suyo y el sector productivo no tiene queja de la semana atroz que supuestamente los dejaría en la ruina. Que le teman más al DANE que a la minga.

Aquí todo sigue igual, o casi todo, porque el subpresidente Duque continúa en su terco empeño de no reunirse con los indígenas, con el argumento de que los debates políticos en nuestro sistema constitucional se hacen en el Congreso. Mientras tanto, en el parlamento casi todos sus miembros, además de los tapabocas con los que se han silenciado, andan procurándose rodilleras para no lacerarse más ahora que les toca mantenerse hincados ante un poder que amenaza, persigue y delinque.

La merecida bofetada que ha recibido el Gobierno no debería ser respondida con lisonjas a la minga por su civilizado recorrido en casi toda la geografía nacional sin haber causado un solo incidente. A Duque se le acabó el tiempo de mamarles gallo a los indígenas y a quienes legítimamente protestaron por los líderes sociales asesinados, por los abusos y asesinatos de la Fuerza Pública, por el desdén frente al proceso de paz, por los intentos para desmantelar la JEP y torpedear la verdad de lo que pasó en esta guerra de medio siglo. Les llegó la hora a Duque y a su marrullero Gobierno de oír esas voces libertarias. Ya no hay excusas, el subpresidente debe devolverles la visita a los indígenas que vinieron, protestaron y lo vencieron.

El miedo de Duque a la minga no tiene justificación ni presentación. Aquí nadie está pensando en tumbarlo o en una ruptura institucional que obligue a decretar el estado de conmoción interior, como lo pidieron varios parlamentarios del Centro Democrático (CD). Algunos de ellos inclusive llegaron a poner en duda la transparencia de la protesta que llegó del Cauca, porque supuestamente todo estaba financiado por el narcotráfico o por fuerzas terroristas, porque cómo así —se preguntaban los peligrosos perseguidores de la ultraderecha y el CD, algunos de ellos perfumados en el momierío caleño del que son agentes— que esos mugrientos indígenas tienen plata para venir a Bogotá, de dónde la habrán sacado si todos son de condición miserable.

Les salió el tiro por la culata al Gobierno, al Centro Democrático y a los gremios. Ojalá entiendan el mensaje y se decidan a convencer a Duque de que venza el pánico o el tedio de reunirse con sus compatriotas indígenas.

Adenda. Bien por la señal del papa Francisco de reconciliación con la comunidad gay. Qué dirá el homofóbico y corrupto embajador Alejandro Ordóñez, de quien se oyen cosas peligrosas de lo que hace y promueve desde Washington.

notasdebuhardilla@hotmail.com

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