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“Qué delicia ser un Trump o Bolsonaro” en Colombia: María Fernanda Cabal

logotipo de El Espectador El Espectador 15/09/2021 Javier González Penagos

La precandidata presidencial del Centro Democrático reivindica el papel de la seguridad para el progreso del país. Niega ser de extrema derecha, se define conservadora de ideas liberales y dice que Petro no es enemigo.

María Fernanda Cabal - Senadora - Centro Democrático © Proporcionado por El Espectador María Fernanda Cabal - Senadora - Centro Democrático

María Fernanda Cabal - Senadora - Centro Democrático (Mauricio Alvarado/)

La senadora María Fernanda Cabal figura hoy como la candidata más opcionada para tomar las banderas del Centro Democrático y tratar de asegurar otros cuatro años del uribismo en el poder. Así lo evidencia una reciente encuesta, en la que aventaja en intención de voto a otro peso pesado del partido: el exministro Óscar Iván Zuluaga. En entrevista con este diario, asegura que cuenta con la ventaja de tener “las mayorías silenciosas” dentro del uribismo, reivindica su firmeza y carácter, y se identifica como una “conservadora de ideas liberales”. Niega también que tenga algo de extrema y manifiesta que sería una “delicia” ser como un Donald Trump o un Jair Bolsonaro “a la colombiana”, pues han logrado impulsar la economía y reducir el desempleo en sus países.

No puedo dejar de preguntarle por el episodio de la Mintic. ¿Se demoró el Gobierno en pedir la renuncia de Karen Abudinen?

A mí me duele lo que le pasó a la ministra, porque uno no está exento de escándalos, especialmente en carteras donde hay tanto interés en la contratación. No la voy a calificar, aquí hay investigaciones, pero siempre hay una responsabilidad política que asumir. El presidente Iván Duque confió en ella, pero uno debe tener la responsabilidad de ser el jefe de Estado y saber que sus ministros son fusibles, que si se tienen que ir se van. Muchas veces pesa más el cariño y la amistad, que entender esa dimensión del afecto de la política. Lo entiendo, uno no quiere echar a la hoguera a alguien cercano, pero finalmente en política uno no puede privilegiar la amistad sino el deber frente al juicio ciudadano.

¿Qué opina del mecanismo de selección que definió el Centro Democrático para escoger al candidato único (encuestas entre militantes)?

Estuvimos todos de acuerdo en que fuera el nicho del uribismo.

Hubo quienes pedían abrir el proceso a la ciudadanía y que participaran también no afiliados. ¿Le hubiera gustado?

No. Lo que pasa es que legalmente la expresión es “simpatizante” y cuando uno lo es, puede ser o no militante, pero en general la característica es ser simpatizante. Ello implica ser uribista, aunque no tenga partido. Ser uribista, así sea conservador, liberal o cristiano. Es el sentimiento que se refleja en alguien que votó dos veces por Uribe, la primera vez por (Juan Manuel) Santos o por el No en el plebiscito.

Muchos precandidatos del uribismo han cerrado filas alrededor de Óscar Iván Zuluaga y han desistido de sus aspiraciones por apoyarlo. Como su rival, ¿la trasnocha?

No me preocupa para nada. Estamos en un juego abierto y limpio. Aquí pesará la opinión de las bases por encima de los aliados de la bancada. Cada congresista tiene unas huestes que lo siguen, pero aquí hay que darles cabida a todos, incluida la gran base de opinión. Gane el que gane, hay que acompañarlo.

¿Y cuáles son las huestes que la siguen a usted?

No sé, porque es que decir “aquella vota por mí” es comprometer a alguien que no quiere. Tengo una ventaja y son las mayorías silenciosas, que no hacen ruido, pero me acompañan.

¿Comparte lo que dicen algunos frente a Zuluaga, que debería darles espacio a nuevos liderazgos?

Él tiene derecho a participar, nadie puede vetarlo. En la colectividad estamos bien. De hecho, no ha habido mayor controversia y vamos a un juego limpio que se definirá el 22 de noviembre.

¿Usted tiene el guiño de Uribe?

Uribe necesita que el partido sea uno que vuelva y recoja unas bases que sienten que la seguridad se perdió, que estamos con unas amenazas por el narcotráfico que terminaron siendo direccionadas por la guerrilla. Aquí el Acuerdo de Paz lo que hizo fue ampliar la base de los cultivos y generarle una caja registradora a las guerrillas que juegan a todo: a la legalidad y a la disidencia, mientras a la ciudadanía, empobrecida por el COVID, le toca ver cómo le queman el local, no puede tener vida en el Portal de las Américas o se privilegia la violencia porque hay jóvenes histéricos. No se dan cuenta de que un país nunca prospera si no hay autoridad.

¿Qué le ha dicho Uribe de su candidatura? ¿Tiene su guiño?

No lo llamaría un guiño porque él es muy respetuoso y ha sido muy afín a otros candidatos, como Paloma Valencia o Rafael Nieto. Pienso que él sabe que como partido tenemos que apostar por candidato propio y mantener la vocación de poder. Siento que él ve que yo tengo firmeza y carácter, que es lo que falta ahora, y que hay que seguir. Veo a Uribe cómodo y satisfecho, pero no conmigo, sino con las varias candidaturas.

¿Le da miedo que le hagan lo que le pasó a la exconcejal Ángela Garzón, a quien, tras ser la ungida del partido para la Alcaldía de Bogotá, finalmente le dieron la espalda?

Es distinto. Ahí hubo otras dificultades. Pienso que la fórmula de selección fue inadecuada y eso es lo que reclama la base, que les preguntemos a ellos, no a los externos. Uno no hace una consulta en el Pacto Histórico preguntándoles a los uribistas.

De todos los espectros en el uribismo, ¿en cuál se ubica? El precandidato Edward Rodríguez dice que usted es de la línea dura...

Me ubico en la vertiente republicana, en la institucional y en la defensa de principios y valores que no pasan de moda. No hay sociedad civilizada que no tenga pilares que se basen en principios y valores. Si se quiere un Estado de derecho construido sobre pilares que deriven de la legitimidad de la naturaleza de las cosas, porque antes del derecho escrito está el natural, se debe apelar a los principios de la sociedad y esos nacen a través de la costumbre. Somos una civilización judeocristiana, venimos de allí. Tenemos un conocimiento bíblico, diez mandamientos. Ojalá no se necesitaran tantas leyes para lo básico. Esa es mi esencia, soy conservadora de ideas liberales.

Creo en la libertad de cultos, de pensamiento y de expresión, también en el respeto a la diferencia. Todos cabemos, hasta que llega el criminal a creer que tiene más derechos que los demás o ese ánimo que asiste hoy al progresismo de trivializar la sociedad y la tiranía de las causas justas. La excusa de la inclusión nos vuelve odiadores. Entonces, al indígena lo rotula y lo vuelve odiador, lo mismo con comunidades negras y grupos LGTBI, cuando cada cual tiene sus libertades. Todos somos hijos de Dios y merecemos respeto, hasta que transgredimos líneas que no deben transgredirse.

¿Esa línea republicana a qué porcentaje congrega dentro del partido?

Si hablo de la base, la gran masa uribista, estoy hablando de una masa conservadora de ideas liberales, que pueden ser liberal-conservador o conservador-liberal. Es decir, hay una mezcla en la que usted se puede mover desde personas más conservadoras, que se pueden llamar de derecha, pero tienen ideas liberales, o personas más liberales que podrían sentirse más cómodas diciendo “soy de centro”. El problema es que el centro, si no asume posiciones serias frente a la defensa de los más vulnerables y de las víctimas, la gente se va sentir desprotegida. Aquí hay toda una gama. No se puede centrar en una sola, ese es el problema de la rotulación, cuando dicen “es que usted es extrema”. Por eso no me gusta contestarle a Edward (Rodríguez), porque me parece que está jugando el papel de comodín para ver cómo fastidia y se hace importante debilitando a los demás. No quiero entrar en ese juego, más porque él me conoce desde que fui la cabeza de lista en la más votada a la Cámara de Representantes durante la Alcaldía de Bogotá de Gustavo Petro.

En una reciente encuesta Encabeza la intención de voto por encima de otros precandidatos, ¿cree que la tendencia se mantendrá hasta noviembre?

No puedo apostar sobre la incertidumbre. Creo que estoy muy bien en las bases uribistas, pero habrá que ver cómo resulta la encuesta.

¿Cómo hacer para que la impopularidad que trae el gobierno Duque no afecte sus aspiraciones?

Toda obra de gobierno va a afectar positiva o negativamente la marca del partido. Depende del candidato cuán creíble sea en sus propuestas y en su trayectoria. No creo en aquellos que mudan de piel como las serpientes y buscan un espacio para seguir ordeñando al Estado. Eso ya depende de cada uno. Claro que afecta, pero veo también que este Gobierno, al que critico por relajar las banderas de la seguridad, le está apostando al tema social y económico, y aspiramos a que le vaya muy bien. Yo no quiero que le vaya mal.

¿Cómo lidia con esos sectores dentro del uribismo que se le van encima por esa postura crítica?

Esos que me critican tienen que entender, más allá de su amistad personal con el presidente, que el país es de todos y los gobiernos son transitorios, que una mala decisión arriesga la estabilidad institucional. Uno no puede mirar solo el fuero personal, tiene que pensar como miembro de una nación. Los invito a ser reflexivos antes que a hacer una crítica destructiva, porque eso no sirve.

Winston (Churchill) tenía una frase muy famosa cuando le decían en el Parlamento británico que a un lado de la cámara estaban sus enemigos, los del otro partido. Él decía: no, esos son mis adversarios; mis enemigos están en mi partido.

¿Ve enemigos en el uribismo?

No, es una frase sabia y solo lo digo porque la política, dentro de toda su perversidad como ejercicio, que saca lo peor y lo mejor del ser humano, trae ejemplos como este. ¿Será que Petro es mi enemigo? No, es mi adversario. De pronto los enemigos están aquí, que es el que te da el codazo.

¿Qué responder a quienes dicen que un gobierno de María Fernanda Cabal sería como tener un Trump o un Bolsonaro en Colombia?

Uy, qué delicia ser Trump o Bolsonaro, que redujeron el desempleo al mínimo histórico. ¿Se imagina esa belleza, generando riqueza? Ellos bajaron los impuestos y ampliaron la base de tributación. Si a un pequeño empresario usted le exige un tributo mínimo, ¿cree que no lo paga? Claro que lo hace, pero aquí el sistema tributario te exige lo que no das. Es contradictorio y expropiatorio. Si uno se va a comparar con Bolsonaro o Trump en términos económicos es una fantasía. En términos de volver a querer el país también. Lo que pasa es que cuando uno es firme en sus afirmaciones, termina ofendiendo a los políticamente correctos y eso tiene un costo, por eso a uno lo rotulan de extremo. Yo no tengo de extremo nada. Lo único que tengo son ganas de ayudar y de servir.

¿Cómo siente que la gente ha recibido su candidatura?

Siento que las personas quieren a toda costa que vuelva la autoridad. Con anarquía no se construye nada. Siento que sí hay que escuchar, porque dentro de todo este desorden también hay verdades. Sí hay que escuchar, pero no puede ser un diálogo indefinido. Eso es una trampa. No se puede desproteger a la mayoría de la población por demandas de unos pocos, así esas demandas sean válidas.

Si le entiendo, ¿su gran bandera en campaña será la seguridad?

La seguridad es primordial, porque sin ella no hay nada, pero el problema también es el narcotráfico, que va pegado a la corrupción. Ahí hay un entronque. No es posible que todavía el Estado colombiano no haya desarrollado las capacidades tecnológicas para darse cuenta de que se están robando el erario público. ¿Cómo hace una multinacional para que no la roben? Tienen tecnologías de información. ¿Y el Estado? ¿Para qué sirven los jefes de control interno? Hay carteles que son los dueños de la contratación pública y eso es histórico. ¿Por qué no se corrige? Porque no les pasa nada, porque hay impunidad. Mientras no se castigue, esa persona seguirá confiada en que puede tomar del pelo a la administración.

O sea, ¿sus “tres huevitos” serán seguridad, lucha contra el narcotráfico y lucha contra la corrupción?

Total. Si usted da seguridad y trabajo, si lucha contra el narcotráfico, está dando seguridad también a la población. La corrupción se roba $50 billones. En este país tendríamos hospitales por lo menos de primer nivel. Pero en un país donde no hay castigo cada quien hace lo que se le da la gana o paga el más pendejo.

Si llega a la Presidencia, ¿qué va a hacer con el Acuerdo de Paz?

Reformas profundas. Primero, dejar de privilegiar municipios con la excusa del conflicto cuando hay otros más pobres que, porque no hay conflicto, no les llega dinero. Ese es un desequilibrio insostenible. Siempre es portando al que se porta mal en este país. Segundo, los magistrados de la JEP. No voy a aceptar magistrados activistas. No se puede garantizar una justicia imparcial. No puede haber magistrados que hayan hecho activismo contra la fuerza pública. ¿Quién los escogió? Las mismas Farc. Hay que cambiarlos y poner unos de primer nivel, ojalá viejos que no aspiren ni a tener plata ni novias. Que den confianza. También dividiría las salas, porque lo de la JEP no es un mal diseño.

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