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Lewandowski ya vuela en el Barcelona

Logotipo de El Mundo El Mundo 28/08/2022 FRANCISCO CABEZAS
Robert Lewandowski marca el tercer gol del Barcelona al Valladolid. © AP Robert Lewandowski marca el tercer gol del Barcelona al Valladolid.

Remite Robert Lewandowski a los delanteros de otra época, aquella en que las patas de gallo no definían al futbolista, sino su aura. Su deber con el gol. Voló el polaco frente al Valladolid para emular el escorzo de Cruyff ante Reina en 1973. Y retorció la cordura sacando la espuela en otra posición antinatural . La pelota rozó en Joaquín, hundió a Masip, y acabó donde Lewandowski marca siempre la última frontera: la red. [Narración y estadísticas: 4-0]

José Rojo Pacheta, con el 2-0 en contra, decidió darse la vuelta y volver a su banquillo. Dice el técnico del Valladolid que él se deja llevar por los sonidos, no tanto por las imágenes. Y que el Camp Nou, allí donde su equipo sufrió este domingo una tortura, es capaz de arrastrarte a un sufrimiento extremo cuando hinchas y futbolistas alcanzan la comunión. Fue lo que ocurrió. Poco pudieron hacer los vallisoletanos ante este nuevo Barcelona, con una plantilla cargada de talento e irreverencia a la que Xavi Hernández comienza a dar sentido. Su Barça ya vuela. Y lo hace sin Piqué ni Jordi Alba.

Cierto es que la capacidad competitiva tendrá que ser medida en los duelos de altura -la fase de grupos de la Champions, por ejemplo-, pero lo mostrado en su duelo frente al Valladolid va mucho más allá de los brotes verdes. No solo por esa agresividad en la presión que atrapó a los de Pacheta en su campo o por un dinamismo que no decrece. Por fin, el Barcelona de Xavi pretende adquirir una personalidad propia, marcada por la tremenda incidencia de los extremos -de la pulcritud e inteligencia de Raphinha a la imprevisibilidad de Dembélé-; la presencia en el área de un rematador, Lewandowski, que pesa tanto goleando (suma ya cuatro goles) como arrastrando cepos; o los defensas que, en su tarea de elaboración, dibujan un cordón umbilical con los interiores, con Eric García divisando a Pedri y Koundé aprendiendo a descifrar a Gavi.

Debut de Koundé

Pese a meses de venta de patrimonio o de activación de palancas, que es como le gusta llamarlo a quienes habitan en el palco, ni siquiera hubo suficiente para que Jules Koundé pudiera ser inscrito como futbolista del Barcelona en las dos primeras jornadas. El ex jugador del Sevilla, desconcertado en el limbo salarial, compareció al fin como lateral derecho contra el Valladolid porque el presidente Joan Laporta y su tesorero avalaron la inscripción, sí, con su propio patrimonio. Síntoma de la urgencia con la que está siendo gobernado un club que rechaza la tentación de la economía de guerra con la esperanza de que la regeneración deportiva sea inmediata. La ilusión, en este fútbol, es de pago. Y Laporta, que asomó por el palco del Camp Nou con el ojo a la virulé pero con una sonrisa de oreja a oreja, debió cargarse de razones ante sus maniobras de prestidigitador financiero.

Raphinha, cuyo fichaje fue puesto en duda por su alto precio o por la identidad de los comisionistas, completó una actuación estupenda mientras tuvo fuerzas. Le hizo la vida imposible a Escudero en la orilla derecha y brindó cuantos centros de calidad pudo. Divisó la cabeza de Lewandowski en la primera gran ocasión azulgrana, que acabó con la pelota golpeando el palo y la espalda del meta Masip. Y Raphinha lo volvió a intentar, con una asistencia aún más tensa, aún mejor dirigida entre los centrales y el portero. Aunque la coronación requirió el vuelo con la pierna levantada de Lewandowski.

Dembélé, que venía de probar la estabilidad del larguero con un duro zapatazo, fue quien encontró a Pedri en un 2-0 de aroma coral. Araujo robó, Busquets dio sentido, Dembélé aceleró mientras Lewandowski arrastraba, y Pedri, ya solo en el balcón, definió con dulzura.

Pacheta intentó que los suyos reaccionaran. Que, pese al tormento, alzaran el mentón. Pero ni los cambios de Xavi redujeron la presión, ni Ter Stegen bajó los brazos -le sacó un gol a Sergio León la primera vez que le llegó el foco-, ni Lewandowski perdió la oportunidad para tomar su segundo gol de espaldas a la portería. Se puso ya frente a ella en el 4-0 cuando Masip rechazó un remate al larguero y Sergi Roberto no tuvo más que acompañar.

Fue el colofón a una jornada que el barcelonismo, quizá con razón, establezca como punto de partida.

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