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Una calculadora anticovid para ayudar a ventilar y evitar contagios

Logotipo de idealista idealista 04/01/2021 Juanjo Bueno (colaborador de idealista news)
Pixabay © Pixabay Pixabay

La calidad del aire interior, un factor que ahora preocupa especialmente a causa de la covid-19, se puede medir a través de un parámetro fiable, la concentración de C02 en el interior de la vivienda. Con las reuniones y celebraciones familiares en una misma estancia, y con el frío de por medio, se plantea siempre la misma disyuntiva: ¿Abrimos la ventana para ventilar? Esta posibilidad, que ahora se ha convertido en una exigencia, es uno de los principales hábitos que debemos interiorizar para evitar y reducir los contagios por aerosoles.

Aseguran los expertos que ventilar con frecuencia es el primer paso para ganar la batalla a la covid-19 en casa, pero ¿cuánto tiempo debemos tener abierta la ventana si nos reunimos en un salón amplio cinco personas? ¿Y si se trata de una estancia más pequeña y somos seis familiares? A estas preguntas intenta dar respuesta una calculadora desarrollada por el Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Zaragoza (COAATZ), que analiza diversos indicadores y situaciones: la superficie del comedor, el número de adultos y niños reunidos, las condiciones meteorológicas en el exterior (si se trata de un día ventoso o calmado), las superficies de los huecos de ventanas o puertas que se pueden abrir para ventilar la estancia o la posibilidad de ventilación cruzada manual en la vivienda (abriendo las ventanas de delante y detrás para crear corrientes).

La casuística de esta calculadora es muy variada. Por ejemplo, para un comedor de 25 metros cuadrados, donde se encuentren cuatro adultos o niños mayores de 12 años y dos menores por debajo de esa franja de edad, la recomendación del COAATZ es que se debería ventilar la estancia cada 20 minutos durante una duración mínima de tres minutos con la apertura de puertas y ventanas.

Otro estudio del Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (CGATE) analiza cómo las altas concentraciones de CO2 en el aire que respiramos en nuestros hogares son perjudiciales para la salud. Para ello, está llevando a campo un exhaustivo trabajo de campo en el marco de una campaña de medición de la calidad del aire en viviendas de Madrid, que se extenderá por gran parte de España.

Este análisis parte de los análisis de expertos que sitúan que las concentraciones de CO2 por debajo de las 1.000 ppm (partes por millón) se pueden considerar como saludables, mientras que las situadas por encima de este umbral son dañinas para la salud. A partir de las 2.500 ppm son dañinas y de las 5.000 ppm, graves.

Ya en las primeras mediciones llevadas a cabo en pisos de Madrid, construidos antes de 1979, año en que entra en vigor la primera norma básica sobre condiciones térmicas de los edificios, se evidencia la mala calidad del aire que existe en este denostado parque inmobiliario.

Para llevar a cabo estas primeras muestras y toma de datos, el CGATE ha instalado, durante un tiempo determinado, aparatos muy precisos de medición en dos estancias claves, el salón y el dormitorio principal, para el que ha planteado dos simulaciones reales distintas en donde entran en juego una serie de variables (tipología de edificación, superficie, número de ocupantes, calidad de las ventanas e incluso el sistema de calefacción empleado).

En una primera situación, ha escenificado una celebración seis familiares o amigos en un salón en donde las ventanas están completamente cerradas. En menos de una hora no solo se superan las 1.000 ppm de concentración de CO2, sino que llega a límites nocivos para la salud a partir de la tercera hora, cuando supera valores de entre 3.000 y 5.000 ppm dependiendo, por ejemplo, del tipo de ventana (3000 ppm para ventanas antiguas, de aluminio con doble acristalamiento, y 5000 ppm para aquellas con altas prestaciones).

Como solución a esta falta de salubridad en espacios interiores, el CGATE aconseja o bien mantener de forma permanente una pequeña apertura de la ventana, de manera que no se superan las 1.000 ppm, o bien abrirla en su totalidad durante cinco o 10 minutos cada hora, consiguiendo niveles por debajo de 700 ppm y, por lo tanto, excelentes en calidad de aire.

En una segunda simulación, los expertos técnicos del CGATE también analizan la calidad del aire que se respira en un dormitorio principal y en distintas franjas horarias. Así, durante la noche, mientras uno de sus habitantes duerme, la concentración de CO2 aumenta considerablemente alcanzando valores superiores a las 4.000 ppm, umbral que supera con creces los límites saludables y que se sitúan por debajo de las 1.000 ppm. A medida que avanza la noche y el ocupante se despierta, abandona la habitación y la ventila, la situación se vuelve más favorable. Pero, aun así, preocupa su exposición durante el descanso nocturno.

Entre los consejos que aporta el Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Zaragoza se encuentra limitar el número de personas a 10, y ventilar cada 14 minutos, para conseguir mejorar la calidad del aire (800 ppm) en salones de 30 m2 de superficie. También distribuir dos mesas dentro del comedor de forma separada y con una distancia de al menos dos metros. Y, por supuesto, tener la mascarilla puesta el tiempo mínimo en la ingesta de alimentos y bebidas y utilizarla a la hora de hablar. Nada de cantar ni gritar en espacios interiores. Ya habrá tiempo.

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