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La boda de Alfonso XIII y Victoria Eugenia: amor, sangre, muchos diamantes y el fin de una era

Logotipo de Vanitatis Vanitatis 31/05/2022 Alexandra Benito
A lo largo de los siglos, las bodas reales, especialmente si unían a dos grandes casas monárquicas, eran todo un acontecimiento de carácter histórico. Un impacto al que ahora se ha sumado la fascinación que genera recordar o celebrar las bodas de los royals. Lo comprobamos con el moderno 'sí, quiero' de la reina Victoria de Inglaterra, pero también con ejemplos más recientes como la boda de Mafalda de Bulgaria.

Hoy ponemos el foco en una boda que supuso el fin de una era para las uniones de la monarquía. Hablamos del enlace de los reyes de España, Alfonso XIII y Victoria Eugenia, que tuvo lugar el 31 de mayo de 1906 en Madrid. El último enlace de la familia real española celebrado en nuestro país hasta casi 90 años después, cuando la infanta Elena se casó con Jaime de Marichalar.

El rey Alfonso XIII, junto a la reina Victoria Eugenia. (Getty) © Proporcionado por Vanitatis El rey Alfonso XIII, junto a la reina Victoria Eugenia. (Getty) El rey Alfonso XIII, junto a la reina Victoria Eugenia. (Getty)

Nos remontamos a 1905, los albores del siglo XX, cuando el joven rey Alfonso XIII buscaba una prometida entre las princesas de las casas reales europeas. Así, viajó a la corte inglesa de Eduardo VII para conocer a una de las nietas de la fallecida reina Victoria, Patricia de Connaught.

La princesa era una de las candidatas preferidas para contraer matrimonio con el monarca español, junto a la duquesa alemana María Antonieta de Mecklenburg-Schwerin y la archiduquesa austriaca María Gabriela. Sin embargo, el encuentro británico con Patsy, como la llamaba cariñosamente su familia, no fue como esperaban.

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Así lo narró el escritor inglés Albert F. Calvert en sus crónicas de entonces, revelando que la nieta de la reina Victoria ya estaba enamorada de un conde inglés y no parecía muy interesada en Alfonso XIII tras su encuentro en Clarence House. A esto habría que añadir que, según narra el libro 'Alfonso y Ena. La boda del siglo', de Ricardo Mateos, la princesa confesó a una íntima amiga: "No quiero ser Reina, que es ser esclava de todos".

Un rechazo que fue mutuo, ya que durante una comida en su honor en Buckingham Palace (cuyo origen nos lleva a Francia) sintió atracción por otra de las nietas de la monarca. Lo que hizo que automáticamente las opciones de boda con las candidatas alemana y austriaca se esfumaran. Se trataba de Victoria Eugenia de Battenberg, con la que vivió un flechazo, según analiza el historiador Mateos en su mencionado libro.

El rey Alfonso XIII, junto a la reina Victoria Eugenia en una fotografía. (Imagen de archivo) © Proporcionado por Vanitatis El rey Alfonso XIII, junto a la reina Victoria Eugenia en una fotografía. (Imagen de archivo) El rey Alfonso XIII, junto a la reina Victoria Eugenia en una fotografía. (Imagen de archivo)

Una relación, entre el amor y la geopolítica, que tuvo un inicio feliz muy similar al de su padre, Alfonso XII, con su primera esposa, María de las Mercedes. La noticia de su relación también alegró a la opinión pública española, que rápidamente hablaron de la boda del siglo. Alabando las virtudes de la que iba a ser reina de España.

Victoria Eugenia Julia Eva de Battenberg era la nieta favorita de la reina Victoria, hija de la princesa Beatriz del Reino Unido y ahijada de la emperatriz Eugenia de Montijo; tenía lazos de sangre con la mayoría de las casas reales europeas.

Celebración de la misa nupcial entre Victoria Eugenia y Alfonso XIII en los Jerónimos, cuadro de Julio Borrel. (Patrimonio Nacional/Cortesía) © Proporcionado por Vanitatis Celebración de la misa nupcial entre Victoria Eugenia y Alfonso XIII en los Jerónimos, cuadro de Julio Borrel. (Patrimonio Nacional/Cortesía) Celebración de la misa nupcial entre Victoria Eugenia y Alfonso XIII en los Jerónimos, cuadro de Julio Borrel. (Patrimonio Nacional/Cortesía)

Aunque eso no fue suficiente para que no se encontrara con miembros de la corte española que se oponían a su matrimonio (que se lo digan a Eva Sannum, 20 años después), dado que era hija de la hija menor de la reina Victoria, por lo que la consideraban inferior en estatus. Más allá de intrigas, la realidad es que la relación de Alfonso XIII con Ena (como se la apodaba cariñosamente) prosperó. Celebrándose la petición de mano en el palacio de Miramar de San Sebastián en 1906.

La boda no tardaría en llegar, un 31 de mayo de 1906 en Madrid. Aun sin la catedral de la Almudena terminada, cuya primera piedra puso el padre del novio, Alfonso XII, la pareja real se casó en la iglesia de San Jerónimo el Real de Madrid (o los Jerónimos).

Portada del periódico 'La Domenica del Corriere' con una ilustración de los novios, Victoria Eugenia y Alfonso XIII, prueba del impacto internacional de su boda. (Real Biblioteca/Cortesía) © Proporcionado por Vanitatis Portada del periódico 'La Domenica del Corriere' con una ilustración de los novios, Victoria Eugenia y Alfonso XIII, prueba del impacto internacional de su boda. (Real Biblioteca/Cortesía) Portada del periódico 'La Domenica del Corriere' con una ilustración de los novios, Victoria Eugenia y Alfonso XIII, prueba del impacto internacional de su boda. (Real Biblioteca/Cortesía)

Un enlace que contó con representantes políticos de todo el mundo, con invitados de China, Japón, Estados Unidos o Chile. Además de diferentes miembros de la realeza europea, como el archiduque Francisco Fernando de Austria (sobrino de la famosa emperatriz Sissi) o de la gran duquesa María Aleksándrovna de Rusia.

Una reunión de personajes influyentes en Madrid que, para el historiador Ricardo Mateos, hizo que "nunca antes ni después se concentraron tantos diamantes en Madrid como el día de la boda".

Cuadro 'Recepción en honor de la boda de Alfonso XIII', de Juan Comba. (Palacio Real de Madrid/Cortesía) © Proporcionado por Vanitatis Cuadro 'Recepción en honor de la boda de Alfonso XIII', de Juan Comba. (Palacio Real de Madrid/Cortesía) Cuadro 'Recepción en honor de la boda de Alfonso XIII', de Juan Comba. (Palacio Real de Madrid/Cortesía)

Centrándonos en la boda en sí, cumplía con toda la espectacularidad que se espera de un enlace de estas características. Los Jerónimos estaban totalmente decorados con rosas blancas, sillas con terciopelo, ricas telas y candelabros dorados (a juego con los espectaculares tronos preparados para el rey y su futura esposa y el dosel que los cubría). El novio, Alfonso XIII, llegó vestido con el uniforme de gala de capitán general del ejército.

Mientras que la novia, la reina Victoria Eugenia, lució un vestido de novia según los marcados cánones de la moda de la época. Un cuerpo encorsetado y falda de gran volumen, con reminiscencias de la época victoriana aún de moda. Un diseño de satén blanco, con bordados de plata y adornos de azucena y azahar, a los que se unía una cola de más de cuatro metros de largo. Sumándose a la lista de novias espectaculares de la nobleza británica. Aunque no era obra de un modista londinense, sino de Julia de Herce, una de las diseñadoras más famosas de la época entre la alta sociedad de Madrid.

Retrato de Victoria Eugenia de Battenberg, de José Moreno Carbonero, 1912. (Museo Nacional de Arte de Cataluña) © Proporcionado por Vanitatis Retrato de Victoria Eugenia de Battenberg, de José Moreno Carbonero, 1912. (Museo Nacional de Arte de Cataluña) Retrato de Victoria Eugenia de Battenberg, de José Moreno Carbonero, 1912. (Museo Nacional de Arte de Cataluña)

Todo ello coronado con varias joyas, como la espectacular tiara de Ansorena que el rey español le había comprado como regalo de bodas, y que décadas después la reina mandó a Cartier para añadir algunos cambios. Se trata de la famosa tiara de la flor de lis, incluida en las joyas de pasar de la familia real española, y que luce la reina Letizia en su retrato oficial más reciente. Realizada con 450 diamantes y 10 perlas sobre una base de platino, simbolizaba la unión entre los royals británicos y españoles.

Un enlace de lujo que nadie quería perderse. Además de medios internacionales de todo el mundo, se estima que más de 4.000 personas (a modo de turismo) llegaron a Madrid para ver a los recién casados, que tras darse el 'sí, quiero' pusieron rumbo al Palacio Real para la celebración de forma pública. Una comitiva nupcial que pretendía ser un cortejo para que los ciudadanos disfrutaran viendo el desfile, pero que se saldó en tragedia.

Portada del periódico 'La Domenica del Corriere' con una ilustración del atentado sufrido. (Real Biblioteca/Cortesía) © Proporcionado por Vanitatis Portada del periódico 'La Domenica del Corriere' con una ilustración del atentado sufrido. (Real Biblioteca/Cortesía) Portada del periódico 'La Domenica del Corriere' con una ilustración del atentado sufrido. (Real Biblioteca/Cortesía)

A la altura del número 88 de la calle Mayor de la capital, ya cerca de su destino, tuvo lugar una explosión que acabó con la vida de 28 personas y dejó cientos de heridos. Sin embargo, el balance podría haber sido mayor, ya que Mateo Morral, el autor de los hechos, se hizo con un carnet falso de periodista para intentar colocar la bomba en la misma iglesia del enlace. Finalmente, aunque existen diferentes teorías para la cronología de los hechos, la más extendida es que Mateo Morral lanzó un ramo de flores con el artefacto explosivo hacia la carroza.

Posicionado como anarquista, su acción fue el culmen de varias semanas en las que Madrid había estado repleto de panfletos en los que se amenazaba de muerte al monarca desde diversos sectores sociales. Las crónicas de la época aseguraron que el rey se bajó del carruaje y repetía: "¡Qué desgracia, Dios mío! ¡Qué desgracia!". A pesar del acto terrorista, en el que el vestido de Victoria Eugenia se llenó de sangre, los reyes e invitados continuaron con parte de las celebraciones como la celebración del banquete, aunque se canceló el baile de gala.

Una ilustración del atentado sufrido por los reyes Victoria Eugenia y Alfonso XIII. (Real Biblioteca/Cortesía) © Proporcionado por Vanitatis Una ilustración del atentado sufrido por los reyes Victoria Eugenia y Alfonso XIII. (Real Biblioteca/Cortesía) Una ilustración del atentado sufrido por los reyes Victoria Eugenia y Alfonso XIII. (Real Biblioteca/Cortesía)

El menú del banquete real incluyó delicias como un consomé Nilson, lenguado, costillas de ternera al jerez con espárragos o capón asado con ensalada de lechuga. Además de una tarta nupcial 300 kilos, que se convirtió en el primer pastel de bodas de España. Respecto a esta aparente normalidad en los festejos, se quería mantener una línea de tranquilidad en un evento de carácter internacional como este. Por ello, aunque se tenían rumores de que podría existir un segundo artefacto explosivo, los reyes salieron a pasear en coche descubierto por Madrid al día siguiente.

Un enlace marcado por la tragedia, que también marcó el final de una época para la historia. Se trató de una de las últimas ocasiones en las que las grandes familias de la realeza europeas se unieron, de la forma tan grandilocuente en la que se conocía hasta entonces. El auge de los movimientos republicanos y la I Guerra Mundial cambiaron el mapa político que había estado establecido durante generaciones.

Portada de una publicación en honor a los reyes Victoria Eugenia y Alfonso XIII por su boda. (Real Biblioteca/Cortesía) © Proporcionado por Vanitatis Portada de una publicación en honor a los reyes Victoria Eugenia y Alfonso XIII por su boda. (Real Biblioteca/Cortesía) Portada de una publicación en honor a los reyes Victoria Eugenia y Alfonso XIII por su boda. (Real Biblioteca/Cortesía)

Respecto a la felicidad de Alfonso XIII y Victoria Eugenia, mucho se podría teorizar, analizar y debatir sobre ella. Parece, según los investigadores más dedicados a estos personajes, que su felicidad duró poco. Concretamente, hasta el nacimiento de su primer hijo, Alfonso, tras el que llegaron 6 descendientes más. A pesar de los continuos regalos que el monarca hacía a su esposa, como los diamantes inspirados en 'Los 3 mosqueteros'.

Las infidelidades de él, que ya tenía un hijo ilegítimo anterior al matrimonio, no poder superar la hemofilia de algunos de sus hijos (enfermedad de la que ya habían sido informados tanto el rey Alfonso XIII como su madre, la regente María Cristina) o las tensiones con su suegra fueron separando a la pareja. Hasta que la llegada de la II República a España en 1931 terminó con su exilio y añadió la separación física a la sentimental, pero eso ya es otra historia.

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