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Prácticas sexuales de riesgo en adolescentes y otros peligros

Logotipo de Sapos y Princesas Sapos y Princesas 28/09/2020 Sapos y Princesas
Prácticas sexuales de riesgo en adolescentes y otros peligros © Sapos y Princesas Prácticas sexuales de riesgo en adolescentes y otros peligros

La sexualidad en la adolescencia es un tema que nos preocupa a los padres desde que nuestros hijos se van acercando a los 11 años. La tarea de orientarlos y ayudarlos puede resultar difícil, pues a veces parece que ellos saben mucho más que nosotros a su edad; sin embargo, lo que en realidad ocurre es que ellos suelen tener las mismas viejas creencias y una visión distorsionada de la sexualidad.

Según los datos de la última publicación del INJUVE (Instituto de la Juventud), los jóvenes adolescentes inician sus primeras relaciones sexuales, entendiéndose con penetración, alrededor de los 16-17 años. Es recomendable empezar a hablar con ellos sobre sexualidad lo antes posible: este tema realmente debe ser tratado en los hogares como un aspecto más del ser humano. Cuanto menos tabú exista a su alrededor, más fácil será que nuestros hijos nos consulten sus dudas. Siempre seremos mejores fuentes de información que sus iguales o que contenidos de páginas web.

La sexualidad (hoy en día) durante la adolescencia 

  • Los adolescentes de hoy en día siguen en ocasiones uniendo la sexualidad con la función reproductora y no son conscientes de que la sexualidad va más allá, desde la infancia a la edad adulta.
  • Presentan un gran desconocimiento del cuerpo humano y mayoritariamente no consideran el funcionamiento de la sexualidad como un proceso integral del ser humano.
  • La disponibilidad a la información de la que disfrutan en la actualidad, paradójicamente, no se correlaciona con mayores niveles de protección frente a embarazos no deseados o ITS (infecciones de transmisión sexual). De hecho, en estas nuevas generaciones, aunque los chicos tienen más conductas de riesgo que las chicas, ella deja de protegerse con preservativo cuando tiene pareja estable porque teme que su novio piense que no confía en él, porque cree que su uso reduce el placer de él o porque piensa que “ellos controlan”, utilizando como método anticonceptivo la famosa “marcha atrás”.
  • Los adolescentes de la actualidad pueden desarrollar una sexualidad muy desligada de la afectividad, lo que es posible que los lleve a situaciones muy desagradables: desde sentirse utilizados hasta empezar a aislarse, en casos graves pudiendo desembocar en una depresión. Todo esto es consecuencia de una falta de madurez para poder mantener dicho tipo de relaciones tan puramente físicas, con ausencia de afectividad total.
  • Por último, ahora los adolescentes tienen acceso fácil a todo tipo de contenidos, ya sean artículos o vídeos pornográficos, y engullen acríticamente los mensajes en torno a la sexualidad. Existen multitud de estudios que hablan de la alta correlación entre una exposición a una edad temprana, sin apenas juicio y mirada crítica, con una actitud sexual más agresiva, denigrante y machista por parte de los chicos, y una mayor aceptación en las chicas.
Fuente: Canva © Proporcionado por Sapos y Princesas Fuente: Canva

Conductas sexuales de riesgo derivadas del uso de tecnologías

El acceso a la pornografía online trae consigo la normalización de prácticas de sexo en grupo y tendencias violentas. Esta distorsión de la realidad supone una problemática relacionada con conductas de riesgo como las que tratamos a continuación.

1. El consumo insano de porno

La conexión a la red (desde los propios móviles en muchas ocasiones) hace que el consumo de todo tipo de contenidos pornográficos sea más fácil que nunca (incluyendo streaming, zoofilia, pederastia o porno duro). La pornografía no es algo nuevo y los adolescentes (más los chicos que las chicas según estadísticas muy recientes) siempre han tenido acceso a él, pero ahora lo diferente es la cantidad y el contenido.

Utilizar el porno con un fin lúdico, de estimulación o excitación (solo o en pareja) no es negativo; el problema deriva del uso excesivo, a veces compulsivo, y del consumo de vídeos en streaming de contenido muy violento donde se visualizan prácticas de riesgo (nunca se verá un preservativo ni por asomo), de sexo grupal o de sexo anal, por ejemplo. El porno online se ha convertido en el nuevo “profesor”, sustituyendo a los medios de antes (tampoco precisamente buenos) como eran los amigos.

Por otro lado, la altísima estimulación sexual en edades tempranas a través de imágenes y fuera del mundo real implica que los jóvenes necesitan acudir a contenidos cada vez más fuertes y de forma cada vez más reiterada. Últimamente son habituales en consulta los adolescentes (y algunos no tan adolescentes) con problemas de excitación y erección desde muy jóvenes cuando están con pareja. Cuentan que no cumplen las expectativas de esos vídeos, ya sea por el aspecto físico (propio o de la pareja) o por el tipo de conductas que pueden/creen practicar (“No aguanto apenas nada”, “Tengo problemas de erección”, “No tengo apenas deseo sexual”, “Soy anorgásmica porque veo a otras que se lo pasan mucho mejor que yo”).

Otro de los problemas graves al respecto es la hipersexualización de los jóvenes y adolescentes. Olvidan muchas veces la afectividad y que somos seres imperfectos. Quieren resultados inmediatos porque en el mundo virtual todo sale a la primera, pero, en el mundo real, la sexualidad se construye encuentro a encuentro, relación a relación, sin ser un click inmediato. El deseo hay que construirlo y cuidarlo, y el orgasmo no es el único fin de una relación sexual humana.

Por último, más grave es el problema de la falta de empatía y respeto hacia la otra persona. Los adolescentes acaban pensando que, tal y como ocurre en esos contenidos que consumen cada vez más temprana y masivamente, siempre hay que tener ganas (“¿A quién no le apetece un polvo?”) y que “siempre sale bien”. Entramos en el difícil terreno del consentimiento, de lo que hacen por sí mismos o para pertenecer al grupo de iguales (pues ahora se lleva ser muy liberal sexualmente), y de saber hacer de todo. De ahí al paso a conductas violentas, de denigración y humillación, hay una línea muy delgada.

Fuente: Canva © Proporcionado por Sapos y Princesas Fuente: Canva

2. El sexting

Algo mucho más frecuente y normalizado entre jóvenes es el sexting, que consiste en la creación y envío de textos, fotos o vídeos de contenido sexual. Esta conducta ya ocurre en la adolescencia desde los 12 años, tanto en ellos como en ellas. Sus consecuencias van desde que los receptores de dichos contenidos los divulguen entre otras personas, lo que puede derivar en ciberbullying, hasta el grooming online de menores (que sean contactados por adultos para mantener relaciones sexuales).

3. Las chemsex

Otra de las tendencias que ya empiezan en la adolescencia son las chemsex, fiestas en las que se consumen drogas sintéticas para luego mantener relaciones sexuales con multitud de parejas durante largo tiempo. Debido al efecto de los estupefacientes (como MDMA, anfetamina o ketamina por vía oral o incluso inyectada) y el alcohol, es posible que se lleven a cabo prácticas con más promiscuidad, como las ya citadas o el gangbang (relación de una persona con mínimo 3 personas de forma simultánea o por turnos). Las ITS, los embarazos no planificados, las agresiones y las situaciones de abuso sexual no consentido conscientemente van a darse a través de estas conductas con facilidad.

4. El muelle

Esta es una práctica sexual que consiste en que varios chicos se sitúan en círculo sin ropa interior para que, mientras mantienen la erección, las chicas se vayan sentando sobre ellos alternativamente cada 30 segundos forzando una penetración. El que primero eyacula, pierde. Aunque hay pocas evidencias de este tipo de comportamientos en nuestro país, es cierto que hay un aumento alarmante de enfermedades ITS en jóvenes y adolescentes, que se ha perdido el miedo a enfermedades como el SIDA y que no ha bajado el número de embarazos no planificados, lo que significa que la educación sexual a todos los niveles está fallando.

5. El cruising

Esta práctica consiste en tener relaciones sexuales con desconocidos a través de aplicaciones. Los encuentros se dan en lugares públicos como parques, playas o discotecas. De nuevo, el problema reside en la inmadurez para este tipo de conductas, además del riesgo que supone estar con personas no conocidas mayores que ellos.

6. El felching

El felching se define como la sustracción de semen de la vagina o del ano tras la eyaculación o de objetos como anillos o juguetes, una práctica con riesgos tanto físicos como psicológicos.

Fuente: Canva © Proporcionado por Sapos y Princesas Fuente: Canva

Sabiendo que nuestros hijos disponen de acceso a TICS, debemos responsabilizarnos de cómo las utilizan, del tiempo de uso y de supervisar los contenidos que consumen. Es necesario que sepamos que, en el caso de que sepamos que nuestros hijos están realizando alguna de las conductas anteriores o similares, habrá que tomarse tiempo para hablar con ellos, para explicarles los peligros a los que se exponen y, si hace falta, pedir ayuda a un psicólogo especializado en adolescencia.

Riesgos físicos y psicológicos

Además de los riesgos físicos ya mencionados, como las ITS, los embarazos no planificados, las agresiones y las situaciones de abuso sexual, nos encontramos con daños como lesiones perineales o perianales, pudiendo derivar en disfunciones sexuales como el vaginismo (dolor en la penetración o incluso sin llegar a penetrar, ya que el cuerpo tiene memoria y se va a defender ante lo que ha aprendido que produce daño).

En cuanto a los riesgos psicológicos de un desarrollo insano de la sexualidad en la adolescencia y de las conductas mencionadas, están los sentimientos de humillación, vergüenza, culpa (tanto si se ha sido sujeto pasivo o activo de la práctica sexual) y miedo a las consecuencias, fruto de la realización de actos bajo la presión del grupo o bajo los efectos de sustancias, por ejemplo. Así se entra en un ciclo que dificulta que el adolescente comunique lo ocurrido a sus familiares. Asimismo, existe la posibilidad de desarrollar un trastorno por estrés postraumático o una depresión.

Por todo ello, es sumamente importante hablar de sexualidad a nuestros hijos lo antes posible, además de tratar el tema como algo natural y sano, para ir generando en ellos la capacidad de discernir lo que quieren hacer de lo que no y las conductas que pueden suponer un riesgo tanto físico como psicológico y social. De este modo, se darán cuenta de que hay que estar preparado psicológicamente para ciertas prácticas y de que es mejor esperar a encontrar a la persona adecuada antes que hacer algo simplemente por ser “aceptado” en el grupo.

La sexualidad sana es una gran oportunidad de crecimiento, de apertura, de conocimiento del cuerpo humano y de acceso a una esfera de la vida que puede ser muy placentera y proporcionar muchas cosas buenas. Pero, como progenitores, es necesario saber lo que puede ocurrir, estar disponibles y accesibles, e incluso adelantarnos a esa conversación, introduciendo el tema de la sexualidad desde que son pequeños. Esto puede hacerse mediante cuentos adaptados, libros o series y acompañando con la escucha, para saber cuándo nuestros hijos están preparados para ir ampliando sus conocimientos con claridad y sin tapujos.

Diana Sánchez

Psicóloga y sexólogaPsicologosentorrelodones.es

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