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El misterioso origen de la tiara de zafiros de Carolina de Mónaco

Logotipo de Vanitatis Vanitatis 18/04/2022 Paula Mata
A lo largo de su particular historia, cada casa real europea ha ido creando y dando forma a una colección de joyas propias. Con piedras preciosas, engarces asombrosos y mucho, pero que mucho brillo. Hablamos de pendientes, collares, tiaras o pulseras que pasan de generación en generación como lo que son, piezas únicas de valor y estima incalculables.

Sus orígenes suelen remontarse tan atrás en el tiempo que en ocasiones ha resultado complicado determinar el quién, el cómo o el cuándo, y eso es lo que precisamente sucede con la joya que hoy nos acontece. Parte del joyero de la princesa Carolina de Mónaco, se trata de una gargantilla de zafiros, convertible en tiara, y en cualquiera de sus dos roles resulta espectacular y deslumbrante.

Carolina de Mónaco. (Getty) © Proporcionado por Vanitatis Carolina de Mónaco. (Getty) Carolina de Mónaco. (Getty)

Distinguida como una de las royals más elegantes, siempre impecable en sus puestas en escena y con un vestidor de lujo, cierto es que la hija de Raniero y Grace Kelly no suele aderezar sus looks con joyas majestuosas. Pero cuando lo hace, consigue acaparar la atención.

Es la principal heredera de todas las tiaras históricas de la familia Grimaldi. Además, y tras su enlace con el príncipe Ernesto de Hannover en 1999, también ha recibido parte de las joyas de esta rama de la realeza. De muchas conocemos el origen; como por ejemplo, de su preferida: la tiara Pearl Drop de Cartier,

Los zafiros de Carolina de Mónaco

Regalo de bodas del príncipe Pierre de Mónaco (padre de Raniero y abuelo de Carolina) a su mujer Carlota en 1949, al morir cayó en manos de su nieta. Con base de oro blanco y platino, como su nombre indica, está formada por perlas en forma de pera que cuelgan de los arcos plagados de diamantes. Nada que ver con la misteriosa procedencia que envuelve a su tiara de zafiros.

Decorada con siete grandes zafiros, y realizada en oro amarillo con diamantes de talla brillante y otros tantos de talla baguette, esta pieza pertenece a la princesa desde su juventud. De hecho, fue de las primeras grandes joyas que lució en su vida.

La princesa Carolina en la cena oficial y el baile de la boda de los príncipes Alberto II y Charlène de Mónaco. (EFE/Bruno Bebert) © Proporcionado por Vanitatis La princesa Carolina en la cena oficial y el baile de la boda de los príncipes Alberto II y Charlène de Mónaco. (EFE/Bruno Bebert) La princesa Carolina en la cena oficial y el baile de la boda de los príncipes Alberto II y Charlène de Mónaco. (EFE/Bruno Bebert)

Así, son muchos expertos en casas reales han apuntado a que posiblemente fue un regalo de sus padres, pero la realidad es que se desconoce de dónde procede la joya o quién agasajó con ella a Carolina de Mónaco.

Son muchas más las veces que ha lucido la pieza a modo de gargantilla que de tiara. Una de las últimas ocasiones que adornó su cabellera con ella fue en la cena de gala y el baile posterior a la boda de su hermano Alberto II con Charlène el 2 de julio de 2011.

La gargantilla de zafiros de Carolina de Mónaco. (Cortesía/Palais Princier de Monaco) © Proporcionado por Vanitatis La gargantilla de zafiros de Carolina de Mónaco. (Cortesía/Palais Princier de Monaco) La gargantilla de zafiros de Carolina de Mónaco. (Cortesía/Palais Princier de Monaco)

Otra de las leyendas erróneas más populares extendida sobre esta pieza es que tiene unos pendientes a juego. Pero no se trata de un conjunto completo, ya que según hemos comprobado, la princesa monegasca ha ido alternándola con diferentes pendientes, unas veces de diamantes y otras de zafiros.

A pesar incluso de haber sido exhibida al público en diferentes exposiciones monográficas dedicadas a la colección de joyas de la familia Grimaldi, ningún representante de la casa real, ni tampoco la propia Carolina de Mónaco, se han pronunciado sobre su enigmático y secreto origen. Un misterio royal que seguimos sin resolver.

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