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Dejarlo todo para viajar por el mundo: "Vivir sin trabajar es posible si tienes un plan"

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 23/01/2022 Héctor G. Barnés
Un día te das cuenta de que has alcanzado tu objetivo. Eres periodista, cobras un sueldo más que digno y llevas la vida que habías soñado. A la mañana siguiente te das cuenta de que tu vida podría ser aún mejor; completamente distinta. Es lo que le ocurrió a Baltasar Montaño hace alrededor de una década, cuando después de catar la vida del 'bon vivant' tras casi un año viajando por Australia y Nueva Zelanda, decidió cambiar de vida, dejarlo todo y dedicarse a viajar. La fecha límite, el 20 de noviembre de 2016, su 45 cumpleaños. Plan cumplido: aquel día no amaneció en su piso madrileño, sino en Bogotá, aún ansioso y medio borracho, donde había llegado tres días antes.

"Pasé más de un año viajando por Latinoamérica, y cuando volví a Madrid en diciembre del año siguiente estaba descolocado", explica en una terraza madrileña al lado de las Escuelas Pías, junto al piso donde hace fonda y parada. Hace apenas cuatro días que dejó México. Su próximo destino, ¿África? En el último lustro, Montaño ha viajado sin parar, como explica en 'Sin billete de vuelta' (Círculo de Tiza), donde recoge las andanzas (y reflexiones a la manera de su casi tocayo Michel) que fue anotando en su Ipad desde el Amazonas, Luang Prabang, los campos de opio de Myanmar o el canal Beagle. Cinco años de viajes con el único paréntesis obligado del covid, que aprovechó para poner en orden sus recuerdos.

"Si no eres de buena familia, tienes que ahorrar e invertir con tiempo"

Un libro de viajes casi a la antigua usanza, pero en el globalizado siglo XXI, y sin que el protagonista sea un aristócrata sino el hijo de una familia humilde de siete hermanos de Puebla de Sáncho Pérez (Badajoz). La pregunta del millón: ¿se puede vivir sin trabajar? "Sí es posible, pero teniendo los mimbres económicos más o menos armados a medio plazo". A Montaño no se le ocurrió dejarlo todo de un día para otro. Fue un proceso de varios años y que probablemente no esté al alcance de todos los bolsillos ni templanzas.

El truco, un buen sueldo, un ERE y ahorrar. "Si no eres de familia de dinero y no tienes ninguna herencia, como es mi caso, a los 30 y pico puedes empezar a plantearte alguna inversión y a preocuparte por ahorrar, algo posible al buen sueldo que tenía un periodista en los noventa y en los dosmil”, explica. "Yo lo hice, me compré una casa muy buena con ganas de disfrutarla y, después, de alquilarla". Un ERE en 'El Mundo', donde era periodista económico, un mullido colchón de ahorros y un par de inversiones en ladrillo que le dan los réditos suficientes para poder permitirse su tren de vida: 1.500 euros mensuales que religiosamente llegan a su cuenta cada mes.

De paso por Madrid. (Héctor G. Barnés) © Proporcionado por El Confidencial De paso por Madrid. (Héctor G. Barnés) De paso por Madrid. (Héctor G. Barnés)

Muchas veces le sobra. "Va variando, porque gasto mucho más aquí", explica señalando las tentaciones de la gastronomía madrileña. La mayoría de destinos de Montaño tienen un nivel de vida mucho más bajo que en España, incluso sin llevar vida de mochilero. "Sé vivir con menos, como vive el 80% de la población española. Como cuento en el libro, ahorro cuando estoy en Bolivia, en Camboya, en Myanmar o en Laos, ahorro sin querer ahorrar", explica. "En Laos o Camboya es imposible gastarse 50 euros al día, tendría que irme de fiesta una noche entera por Luang Prabao, dormir en un buen hotel…"

Nada que ver con Madrid, donde eso es lo que cuesta una buena cena. "Yo no voy llorando por las esquinas buscando dónde dormir. No, soy un pequeñoburgués, un tipo de 50 años al que le gusta vivir bien", añade. Lo comido por lo servido. Un mes entero en Canadá, Japón o Noruega no baja de los 3.000 o 4.000 euros.

La llamada de la aventura

El periodista lo tuvo claro después de aquel año sabático austral. Fue el momento en el que se decidió a dejarlo todo en tres o cuatro años. Pero antes tenía que diseñar una estrategia. "Agradezco a la gente que me ensalza como el más valiente del cole, pero estaba todo premeditado", recuerda. "Soy bastante lanzado, me gustan los deportes extremos, hago apnea, no tengo miedo cuando esquío fuera de pista, pero en este caso no quise tirarme sin red".

"Tenía que salir de aquí joven, ya me haría viejo durante el viaje"

Así que activó el plan "con tiempo", porque "tenía que salir de aquí joven, y ya me haría viejo durante el viaje". Avisó en el periódico donde trabajaba, 'Voz Pópuli', que en cualquier momento lo dejaría todo, y así fue. "Lo que no quería era llegar a los 67 con una buena jubilación pero sin energía", añade. "Porque una persona a la que le gusta disfrutar de la vida tiene que hacer las cosas con energía: deporte, viajar, sexo". A diferencia de otras personas que decidieron dejar su trabajo, a Montaño no solo le gustaba, sino que le apasionaba, especialmente la posibilidad de influir. Pero tenía otras preferencias.

El libro está trufado de aventuras, especialmente en el sureste asiático y el sur americano. Hay música (vallenatos y champetas), toda clase de gastronomía (o casi toda: aunque llega a catar el cocodrilo, no hace lo propio con los insectos camboyanos), aventuras (encuentros con anacondas o la construcción de una casa en mitad de una chagra) e incluso sexo con tintes de ‘50 sombras de Grey’ (al parecer, se liga moderamente bien viajando solo, aunque Montaño se mantiene especialmente atlético a sus 50).

Montaño en la Patagonia. (Cedida) © Proporcionado por El Confidencial Montaño en la Patagonia. (Cedida) Montaño en la Patagonia. (Cedida)

Leyéndolo, a uno le entra hambre y ganas de viajar, y casi le entran ganas de imitarlo. Otra pregunta de respuesta complicada: ¿por qué, si tantos se lo podrían permitir, no lo hacen? "Responder a eso sería chulesco", admite. Pero tiene una respuesta: "Mucha gente me dice que le encantaría pero que no lo hace por dinero, por la inseguridad de lo desconocido. En España tenemos la garantía de no perder la estabilidad, algo a lo que a los argentinos están acostumbrados. A un laosiano no le dices que deje de trabajar y que disfrute de la vida porque no tiene ningún horizonte, no tiene estabilidad, no tiene ni un médico. Los argentinos están acostumbrados a perder cada diez años su dinero ahorrado. Nosotros no, no tenemos esa inestabilidad, y creo que es lo que frena a mucha gente de hacer un parón. La comodidad te abraza".

Felizmente prescindible

Una de las sensaciones que más nos suelen atar a nuestros trabajos, familias y lugares de origen es la de que la vida no va a poder seguir adelante sin nosotros. Sin embargo, Montaño se dio cuenta cuando volvió a su lugar de origen que no era así. Que tal vez, como el famoso río de Heráclito, él ya no era el mismo, pero el cauce seguía en su lugar. "Cuando empiezas a quedar con tus amigos te das cuenta de que todo sigue igual. Alguno se ha quedado en paro, otro tiene problemas con la educación de sus hijos, pero aparte de todo eso hay normalidad".

"Tengo amigos que trabajan doce horas al día y no ven a sus hijos"

"Felizmente prescindible" es el término que utiliza para resumir esa liberación que sintió al darse cuenta de que no somos tan necesarios, que podemos desaparecer (y vivir) y todo sigue su curso. "Sé que mi madre, mis hermanos y mis amigos me echan de menos, pero saben también que en cuanto vuelva me voy a incorporar a sus vidas", añade. "No he perdido ningún amigo, aunque lógicamente te puedas distanciar de algunas personas".

Los milagros de la tecnología: a efectos prácticos, en realidad da igual llamar a los amigos del pueblo desde una buhardilla en Lavapiés o desde la jungla amazónica. "Tengo amigos que trabajan en una consultora o en algún periódico importante y que trabajan doce horas al día, que cuando pueden ver a sus hijos estos ya están dormidos", añade. "Imagínate la gente que vive en Madrid y tiene a sus padres lejos, o todos los jóvenes que se han tenido que ir de España".

Cruzando el Amazonas. (Baltasar Montaño) © Proporcionado por El Confidencial Cruzando el Amazonas. (Baltasar Montaño) Cruzando el Amazonas. (Baltasar Montaño)

Eso sí, aún sigue siendo difícil deshacerse del estereotipo negativo del vividor que no tiene que dar cuentas a nadie. "En mi entorno ha habido gente que casi siempre cariñosamente me ha preguntado ¿pero te parece bien vivir sin nada que hacer? ¿No te aburres? ¿No te cansas? ¿Realmente no te apetece estar asentado?", recuerda. "Lo que hacemos la mayoría es vivir bien trabajando, pero este es un modelo adictivo cuando lo descubres, lo trabajas y te sientes bien".

Por ahora, tiene cuerda económica (y anímica) para unos cuantos años más. No se ha planteado parar. "El día que me canse, como no tengo compromisos me asentaré en Mendoza (Argentina) a dedicarme al vino o en Vietnam a aprender el idioma. Mientras, me dedicaré a vivir viajando y seré un vividor en el buen sentido". No echa de menos el periodismo, ni mucho menos el trabajo de camarero que desempeñó durante sus veranos universitarios. Pero tampoco envidia el destino de sus amigos opositores, que cada vez son más: "El covid está haciendo a la gente pensar. Es el mayor ejercicio de estabilidad de futuro, pero me parece una derrota".

"Me gusta la vida de irresponsable bien entendida"

Lo que no sería nunca es nómada digital, porque contraviene uno de sus principios innegociables: no tener responsabilidades. "Me gusta la vida de irresponsable bien entendida", matiza. Como mucho, rendir cuentas a su blog. Pero considera que es uno de los mejores modelos posibles: "La suerte del nómada digital es que puede pasar años trabajando y viajando, solo necesitan una buena conexión de wifi y cumplir con las entregas".

Durante sus viajes por todo el mundo, el periodista se encontró una raza de viajeros trabajadores que, por las características de su trabajo, pasaban gran parte del año de puerto en puerto: "He conocido a ingenieros informáticos, a diseñadores gráficos, a traductores o gente que trabajan durante ocho meses intensos en el aeropuerto de Ibiza, que los despiden cada año y se pasan tres de los cuatro meses restantes viajando antes de volver a la estabilidad".

© Proporcionado por El Confidencial

Héctor G. Barnés

Con lo que no se ha encontrado demasiado a lo largo de sus viajes es con la suspicacia de los locales, salvo algún que otro argentino. "En América alguna vez me lo han dicho, '¿qué pasa, que en España la gente puede permitirse dejar de trabajar y venir a vivir aquí sin currar?'", recuerda. "Se lo toman no sé si mal, pero sí te dicen 'como sois el primer mundo, os lo podéis permitir', no se dan cuenta que somos primer mundo para algunas cosas y otras no, y que la gente en España está desando trabajar". En el sudeste asiático, la reacción es muy distinta, y no se ha sentido nunca como un conquistador que se aprovecha de un cambio de moneda beneficioso. Al fin y al cabo, añade, son gente como él los que están moviendo la economía local de cada uno de esos países.

Guía básica del viajero novato

Si a alguno de los lectores les ha picado la curiosidad y se le han atragantado las porras cuando ha empezado a sospechar que quizá no estaría mal pasarse el invierno recorriendo las Maldivas, Montaño tiene una pequeña guía para saber si dar el paso. O no: lo importante es saber qué se desea.

"Yo recomendaría un año sabático (de seis meses a un año) y viajar a un destino según los gustos de cada uno. Una excedencia de un año, por ejemplo. Un picoteo que merezca la pena. Si no hablas inglés y quieres conocer una nueva cultura con cierta afinidad a la nuestra, vete a Latinoamérica, pero a los países menos turísticos. Un Colombia-Bolivia, aunque pases a Perú a ver el Macchu Picchu. Si hablas inglés, me haría un Australia-Nueva Zelanda, porque si viajas a Asia sin saber el idioma te va a faltar ese salto final. No es un viaje turístico, tienes que ir a hablar con la gente, a disfrutar y preguntar. Comer lo que comen ellos, no echar de menos la tortilla y el vino español. Te están esperando para cuando vuelvas".

"Hay que irse lejos al principio, no vale Marruecos"

Y concluye: "Tienes que irte lejos de tu entorno personal y profesional. Bien lejos: no vale Marruecos, está demasiado cerca. Hay que separarse, las primeras semanas son complicadas. Y viajar sin miedo. Volver a lo mismo que estabas haciendo, retomar tu vida y poner un plan en marcha. Lo primero es probar y saber si viajar es lo que te gusta o que lo que echas de menos es tu país y tu vida. Y así tienes la garantía de saber qué modelo es el bueno para ti".

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