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El Ejército se refuerza con 7.000 militares por primera vez en democracia

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 31/05/2019 Miguel González
El Buque de Acción Marítima 'Audaz' (P-45) atracado en el muelle de Las Delicias de Sevilla. © José Manuel Vidal (EFE) El Buque de Acción Marítima 'Audaz' (P-45) atracado en el muelle de Las Delicias de Sevilla.

La democracia española heredó del franquismo un ejército de cientos de miles de soldados, mal equipados y peor instruidos, una estructura aquejada de esclerosis y macrocefalia, concebida para ocupar el propio territorio e inútil para defender a España de sus amenazas. La transición militar consistió en convertir al Ejército del bando vencedor de la Guerra Civil en el Ejército de toda la Nación y en hacer de él un instrumento ágil y flexible, encuadrado en las alianzas militares occidentales y dotado de carácter expedicionario. En paralelo, fue objeto de un drástico adelgazamiento, que se aceleró con la supresión de la mili y la profesionalización.

La Ley de la Carrera Militar de 2007 fija “el número máximo de efectivos militares en servicio activo entre 130.000 y 140.000”. Sin embargo, la cifra actual es algo superior a los 120.000. Básicamente, porque durante la crisis económica iniciada en 2008 se aplicaron drásticas políticas de ajuste de personal: la tasa de reposición de los mandos se redujo al 10%, y las convocatorias de tropa y marinería se redujeron al mínimo, lo que supuso una pérdida de unos 10.000 efectivos en una década.

La inflexión en esta caída se produjo el año pasado, cuando se ampliaron las convocatorias de plazas. Para que esa medida no sea coyuntural ha habido que ampliar las plantillas: el Gobierno ha autorizado incrementar en 7.000 el número de militares. El detonante de ese cambio de tendencia es el nuevo régimen de conciliación de la vida laboral y familiar, que reconoce como un “derecho profesional de los militares” la reducción de jornada por tener hijos menores de cuatro años a su cargo. De esa manera, esa reducción de jornada ya no se subordina a las necesidades del servicio.

Esta reforma ha sido esgrimida por los mandos de los tres ejércitos para pedir un aumento en el número de efectivos, aunque en realidad hace ya años que lo venían demandando. Las Fuerzas Armadas han tenido que cubrir cada vez más puestos en organizaciones internacionales: fundamentalmente en la OTAN, pero también en la UE y otras instituciones. Además, han asumido nuevas tareas, como ha ocurrido con la creación de la Unidad Militar de Emergencia, para combatir todo tipo de desastres, o del Mando de Ciberdefensa, para proteger las redes informáticas, sin que las plantillas de personal se hayan ampliado.

El incremento previsto está aún por debajo del techo fijado por la Ley de la Carrera Militar, por lo que no ha sido necesario plantear su reforma al Parlamento, según las fuentes consultadas. El camino se allanó después de vencer la resistencia de Hacienda, ante las dificultades para cumplir el objetivo del déficit pactado con Bruselas.

La incorporación de los nuevos efectivos se hará de forma progresiva. Será más rápida en el caso de la tropa y marinería, pero se demorará cinco años —el tiempo que tarda su formación en las academias— para los nuevos oficiales, por lo que no se completará hasta 2024.

Con todo, ese incremento no cubre las demandas procedentes de las Fuerzas Armadas. El Ejército del Aire cifra en 5.000 los efectivos que necesita a corto plazo. Cada año vienen fugándose a las líneas aéreas casi 60 pilotos, el doble de los que salen de la academia. Las promociones se han duplicado, pero no será fácil cubrir el déficit tanto de pilotos como de mecánicos. La Armada, por su parte, cifra en 3.200 los puestos vacantes. Ambos ejércitos miran de reojo a Tierra, el más beneficiado por el incremento.

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