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El Gobierno quiere proteger más a Ceuta y Melilla incorporándolas a Schengen

Logotipo de El Confidencial El Confidencial hace 5 días Ignacio Cembrero
Efectivos de la Policía Nacional junto a un grupo de migrantes en Ceuta. (EFE) © EFE Efectivos de la Policía Nacional junto a un grupo de migrantes en Ceuta. (EFE)

Cuando reabran las fronteras terrestres de Ceuta y Melilla con Marruecos ya no serán probablemente, como lo fueron hasta su cierre en marzo de 2020 a causa de la pandemia, las más transitadas de África por la cantidad de peatones que las cruzaban a diario.

Ha sido necesario que miles de inmigrantes marroquíes -12.000 es la última estimación que se baraja- entrasen en Ceuta a nado entre el 17 y el 19 de mayo para que el Gobierno español tome conciencia de la fragilidad de las dos ciudades autónomas y de la asfixia económica a la que les somete Marruecos desde hace más de tres años.

El Gobierno “está considerando (…) suprimir el régimen especial que para las ciudades autónomas se dispuso cuando España ingresó en Schengen” en 1991, declaró el jueves en Ceuta el secretario de Estado para la Unión Europea, Juan González-Barba. Él y el secretario de Estado de Política Territorial, Víctor Francos, visitaron el jueves Ceuta y Melilla.

Las dos ciudades quedaron fuera de Schengen, el espacio de libre circulación europeo, para que así los marroquíes residentes en las provincias circundantes en Tetuán y Nador pudieran entrar en ellas sin visado, con su pasaporte o su carnet de identidad. Cruzaban masivamente para trabajar, estudiar en una escuela de Melilla, hacer turismo y compras o para dedicarse al contrabando que llegó a mover hasta 1.300 millones de euros anuales. Una vez en las ciudades estos marroquíes, que carecían de visado, no podían viajar a la Península. En los puertos y en el aeropuerto de Melilla existe un control policial y aduanero.

Juan Jesús Vivas (PP) ya pidió a finales de 2019 que su ciudad se incorporase al espacio Schengen de la Unión Europea

El caos crónico en ambas fronteras, la facilidad para colarse entre la muchedumbre –sirios, tunecinos, argelinos etcétera se introducían entre los marroquíes- incitó al presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas (PP), a pedir a finales de 2019, que su ciudad se incorporase al espacio Schengen.

Apostó públicamente por “revisar“ la excepción prevista para Ceuta en el Tratado de Schengen para poder así, dijo, “reducir la presión migratoria y su impacto sobre determinados servicios y ámbitos” como la sanidad o la educación. Muchos marroquíes, sobre todo mujeres, acudían al hospital de la ciudad para dar a luz y también a las urgencias.

Vivas formuló esta petición poco después de que Marruecos pusiera fin, el 7 de octubre de 2019, al contrabando con Ceuta provocando la desaparición de cientos de puestos de trabajo en la ciudad y de miles en la vecina provincia de Tetuán. Las autoridades marroquíes tomaron esta decisión sin advertir a las españolas, pese a la repercusión que la medida iba a tener del lado español de la frontera. En Melilla el contrabando se mantuvo hasta que, a causa de la pandemia, la frontera cerró hace 16 meses, pero la dirección general de Aduanas marroquí había anunciado que tenía los días contados.

Si las dos ciudades entran a formar parte del espacio Schengen su vida cotidiana se verá alterada. Será necesario proporcionar visados de larga duración a todos aquellos marroquíes que trabajan en ellas, a los niños allí escolarizados, pero que viven del otro lado de la valla. El turismo marroquí, otro de los motores económicos junto con el contrabando, caerá en picado. Desaparecerá también el control fronterizo que existe hoy en día en los puertos y en el aeropuerto.

Responder a una amenaza híbrida

El súbito interés del Gobierno español por proteger a Ceuta y Melilla quedó puesto de manifiesto con la visita que hizo a las dos ciudades Pedro Sánchez el 18 de mayo. Díez días después su jefe de gabinete, Iván Redondo, anunció en el Congreso la elaboración de un plan estratégico. Aunque no lo dijo explícitamente, con ese proyecto el Ejecutivo tratará de responder a la amenaza híbrida que supuso la oleada migratoria que sumergió Ceuta ese mismo mes.

Hasta ahora los sucesivos gobiernos españoles se habían resistido a acentuar el carácter europeo de Ceuta y Melilla por temor, probablemente, a indisponer al vecino marroquí. Las ciudades no forman, por ejemplo, parte de la unión aduanera europea, es decir que no son frontera comercial con Marruecos. A finales de 2011 la Asamblea de Ceuta aprobó por unanimidad su incorporación a la unión aduanera, pero el Gobierno de Mariano Rajoy no solo no tramitó esa petición, sino que trató de disuadir al presidente Vivas de que siguiera adelante con ella. Con tal motivo viajó a Ceuta en 2013 Iñigo Méndez de Vivo, entonces secretario de Estado para la Unión Europea.

Pese a las reiteradas ofertas de Frontex, la agencia europea para el control de fronteras, el Ministerio del Interior siempre ha rechazado su ayuda en las verjas de Ceuta y Melilla para, de nuevo, no molestar a las autoridades de Marruecos. Frontex participa en la operación Indalo, en el mar de Alborán, entre Argelia y España. El año pasado envió también a un equipo a Canarias.

Preguntado en 2015 en TVE sobre la ausencia de Frontex en las dos ciudades, el ministro de Asuntos Exteriores de Rajoy, José Manuel García-Margallo, llegó a afirmar que no actuaba en tierra cuando sus agentes llevan años desplegados en la frontera entre Bulgaria y Turquía.

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