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El pesimismo se abre paso en el PSOE con las nuevas exigencias independentistas

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 26/11/2019 Juanma Romero
El presidente en funciones y líder del PSOE, Pedro Sánchez, el pasado 14 de noviembre en la Moncloa. (EFE) © EFE El presidente en funciones y líder del PSOE, Pedro Sánchez, el pasado 14 de noviembre en la Moncloa. (EFE)

El cierto optimismo que reinaba en el PSOE hace aproximadamente una semana se ha tornado, en algunos cuadros, en cierto escepticismo. Otros, directamente, se muestran más pesimistas. Ya la investidura de Pedro Sánchez, y el montaje de su Gobierno de coalición con Unidas Podemos, no se percibe, fuera del búnker que protege la negociación, ni tan fácil ni tan rápida. La abstención de Esquerra Republicana de Catalunya, pieza fundamental para que prospere la reelección del líder socialista, se está encareciendo y algunos dirigentes entienden que, si no hay rebaja en sus condiciones, el precio será "inasumible" y hará falta buscar otra vía para evitar unas terceras elecciones que ni el presidente en funciones ni el partido quieren. Pero si fracasara la opción de ERC, la única alternativa abierta sería, para el PSOE, andar el camino de la derecha, que probablemente le obligaría a romper su entente con Pablo Iglesias.

La incertidumbre, la sensación de que todo "se complica" por momentos, es la temperatura ambiental en algunos sectores socialistas, también en parte de la ejecutiva federal. Una inquietud que se ve alimentada por la falta de información sobre los contactos emprendidos por la persona a la que Sánchez encargó en exclusiva la negociación: su vicesecretaria general, Adriana Lastra. Nadie tiene datos de primera mano porque la dirigente reporta directamente con el presidente, y Ferraz y la Moncloa están blindadas. Pero lo que sí ha inyectado más pesimismo —o, cuando menos, "preocupación"— son los movimientos de ERC en estas últimas horas, previos y también simultáneos a su consulta a las bases. En la Moncloa, son conscientes de que el clima se ha enrarecido en el PSOE y de que el optimismo inicial se ha oscurecido.

Este lunes era, de hecho, un día marcado en rojo en el calendario. La dirección republicana preguntó a su militancia esto: "¿Estás de acuerdo en rechazar la investidura de Pedro Sánchez si previamente no hay un acuerdo para abordar el conflicto político con el Estado a través de una mesa de negociación?". El 94,6% respondió sí. O sea: o mesa de negociación o no hay elección del líder socialista. Otro 5,4% votó no. La participación en el sufragio electrónico fue del 70%: 5.953 personas de las 8.500 con derecho a voto. "La militancia de ERC ha hablado clarísimo hoy [por este lunes] en esta consulta, ha dicho no a Pedro Sánchez, no a la investidura con las condiciones actuales que ahora hay encima de la mesa. Ha dicho alto y claro sí a una mesa de negociación entre Cataluña y el Estado", aseguró en rueda de prensa en Barcelona la portavoz de ERC, Marta Vilalta, tras conocerse los resultados del referéndum interno. Así que si el PSOE quiere atraerse a su partido, dijo, tendrá que "moverse", porque de lo contrario sus 13 diputados en el Congreso no se moverán del no.

En el núcleo duro del Gobierno y del PSOE, se insistía en las últimas horas en que había que esperar al resultado de la consulta para dar los siguientes pasos y para ver qué ocurre en el otro lado, en ERC. "A una negociación siempre se va desde una posición de máximos. No podemos valorar lo que aún no conocemos. Cuando nos reunamos con ellos, veremos", indicaban fuentes de la confianza del presidente antes de conocerse los datos del plebiscito de los republicanos. Después de que trascendiera el abrumador (y nada sorpresivo) aval de la militancia a los planes del equipo de Oriol Junqueras, Ferraz respondió con un mutismo absoluto. Ni un mínimo comentario.

Primer encuentro, quizás el jueves

El primer encuentro de las comisiones negociadoras de los socialistas —Adriana Lastra y los secretarios de Organización de PSOE y PSC, José Luis Ábalos y Salvador Illa— y de ERC —los portavoces en el Congreso y en el partido, Gabriel Rufián y Marta Vilalta, y el presidente del 'consell nacional', Josep Maria Jové— se producirá, probablemente, el jueves, después de que hayan pasado el pleno en el Parlament (Vilalta y Jové son diputados autonómicos) y la Diputación Permanente del Congreso, este miércoles. Pero de las palabras de los cercanos al jefe del Ejecutivo socialista se desprende que será a partir de entonces cuando las dos partes tengan que hacer cesiones.

Los socialistas, aunque no lo habían anunciado oficialmente (tampoco descartado), se avenían a una mesa de partidos para buscar una salida a la "crisis política" en Cataluña. Era una iniciativa no demasiado cara, asumible para Sánchez y para el partido. De ahí que la semana pasada se percibiera, entre los cargos intermedios, que la investidura podría ser viable. Pero los republicanos les corrigieron y lanzaron el aviso: lo que piden es una negociación entre gobiernos. "De Govern a Gobierno", en suma. Pero Pere Aragonès, 'vicepresident' del Ejecutivo catalán y coordinador nacional de ERC dejó por escrito, en una tribuna en 'La Vanguardia' publicada este domingo, horas antes de la apertura de las urnas virtuales, las condiciones para la investidura. Las "cuatro patas de la mesa de negociación".

Uno, "un diálogo de reconocimiento", "de igual a igual", entre gobiernos. Dos, un "diálogo sincero, sin condiciones", "sin cortapisas", en el que cada parte exponga sus propuestas. El Govern trasladaría el ejercicio del derecho de autodeterminación de Cataluña y la amnistía para los condenados por el 'procés'. Tres, un calendario "claro", y que se vea pronto que los dos ejecutivos "vuelven a estar sentados enfrente pero no enfrentados", "sentados y hablando". Y cuatro, "con garantías de cumplimiento", de tal manera que se someta "a validación del pueblo catalán" lo que las dos partes sean "capaces de pactar" en esa mesa de negociación.

Aragonès pedía un gesto "inequívoco" de compromiso por parte del PSOE "quizás" antes de la investidura. Este lunes, Vilalta no quiso aclarar cuál debería ser ese 'gesto' que ayudase a la abstención. No será una condición una reunión entre gobiernos, dijo, aunque sí podría contribuir a crear un clima propicio. La portavoz, pues, no concretó si se pedirá esa cumbreun remedo, por tanto, de la de Pedralbes, de hace casi un año— o bien un compromiso por escrito. Reclamó ir paso a paso, sin avanzar escenarios, informa Europa Press.

El "peligro" de las inercias

Aunque hay dirigentes socialistas que entienden que las condiciones impuestas por ERC no son más que una "teatralización" de cara a sus bases, y que le sirven para fortalecer su posición negociadora, otros sí muestran más preocupación, porque los de Junqueras han puesto negro sobre blanco sus exigencias, y les será muy difícil apearse de ellas, máxime cuando han obtenido un apoyo masivo, del 94,6%, de su militancia. "Es cierto que hay un elemento peligroso, y que entres en determinadas inercias en una negociación, poniendo líneas rojas que luego es muy difícil retirar, más aún cuando has hecho una consulta", opinaba este lunes una fuente de Ferraz que recordaba la experiencia bien reciente, la del verano, cuando los vetos y exigencias de PSOE y Unidas Podemos hicieron imposible la interlocución.

Ahora, el punto quizá de más complicada digestión para los socialistas es la mesa entre gobiernos. Si ERC aceptara la reactivación de la comisión bilateral Generalitat-Estado no habría problema, porque está recogida en el Estatut y ya se reanimó en agosto de 2018. Pero ese foro sirve para discutir las diferencias entre los dos ejecutivos en cuestiones concretas: transferencias, competencias, financiación, infraestructuras, litigiosidad... No para abordar el encaje de Cataluña en España. Se entiende que los republicanos quieren volver, pues, a la foto de Pedralbes, que para el separatismo era leída como una cumbre entre dos ejecutivos y que la Moncloa buscó rebajar: no hubo reunión entre los dos gobiernos, alegó entonces, y sí un encuentro en los dos presidentes al que, al final, se añadieron, para "saludar", sus respectivos equipos.

El PSOE siempre ha sido muy remiso a la fórmula ambicionada por los secesionistas. De hecho, la dirección y el propio presidente no cesaban de repetir que en Cataluña hay una "crisis de convivencia" que primero ha de ser resuelta allí, de tal modo que los independentistas reconozcan y dialoguen con los catalanes no separatistas. La condición de ERC impondría la bilateralidad que siempre ha perseguido el soberanismo.

"Aquí hay que llevarles a una mesa en Cataluña y que la interlocución entre gobiernos sea sobre cuestiones más institucionales. No podemos admitir una mesa entre gobiernos sin más, entre iguales, porque parece que estamos en un conflicto entre dos naciones después de una guerra", alega una baronesa territorial del PSOE afín a Ferraz. Y continúa: "ERC, como todos los nacionalistas, son muy fetichistas con esto de las mesas y se meten ellos solos en unos laberintos de los que luego es difícil salir. Y podemos terminar en una situación que no puedan salvar". Precisamente por estas reticencias internas, es complicado que Sánchez acepte esta vez la figura del relator, que tanta polvareda interna generó en febrero y que sigue siendo repudiada en el PSOE. Es cierto que esta vez no la piden los republicanos. Sí la exige JxCAT, que incluso demanda que tenga categoría de mediador internacional.

No al referéndum de autodeterminación

Otra complicación para el PSOE es el sistema de validación posterior que plantea Aragonès. Si se tratase de someter a refrendo popular una reforma estatutaria, no habría problema legal alguno. Pero si los republicanos entienden por tal un referéndum de autodeterminación, ahí jamás habrá acuerdo. El PSOE no aceptaría un plebiscito para segregar Cataluña. Ni Sánchez ni los territorios. Esa sí que es una línea absolutamente roja para ellos. La consigna es "diálogo dentro de la Constitución", punto recogido en el preacuerdo firmado con UP.

"Siempre fui muy pesimista. Pero que jueguen y vayamos a terceras. Entonces vendrá Vox y se llevará todo por delante", manifiesta un dirigente

"Yo siempre he sido muy pesimista. Nos es imposible aceptar esas cuatro condiciones que pide ERC. La situación es imposible. Pero vamos, que jueguen y no faciliten la investidura y vayamos a terceras elecciones. Entonces vendrá Vox y se llevará todo por delante. Pero se merecen que llegue la derecha y la ultraderecha. Se lo han ganado a pulso —manifiesta con indignación un integrante de la ejecutiva federal—. El problema es que seguimos pensando en los catalanes con los ojos de hace 10 años, y eso se acabó. Yo no veo a Pedro cediendo lo suficiente para una investidura".

Otros miembros de la dirección de Sánchez, y también de fuera de Ferraz, ya anticipan que serán necesarias "bastantes horas y voluntades para llegar a un punto de encuentro satisfactorio". Es decir, que serán necesarias muchas reuniones para conseguir casar ambas posturas y que la investidura, por tanto, no será ni mucho menos tan gratis por parte de ERC como se hubiera podido imaginar en un principio o como la ofreció en verano, antes de la sentencia del 'procés'. "Tiene un punto de órdago lo que están haciendo. Y se lo tienen que pensar bastante si estiran demasiado la cuerda", indica una responsable de la cúpula. Los vaticinios más pesimistas también se podían oír este lunes al término de la presentación en el Congreso del último libro del exministro José Bono, a la que acudieron el presidente castellanomanchego, Emiliano García-Page, diputados y exparlamentarios socialistas, y también de otras formaciones.

El expresidente del Congreso José Bono (2i) durante la presentación de su libro 'Se levanta la sesión', junto a los vicepresidentes primero y segunda de la Diputación Permanente, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis (c) y Ana Pastor (i); al presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page (2d), y al director del Área Editorial en Grupo Planeta, Carlos Revés (d), este 25 de noviembre en la Cámara Baja. (EFE) © Proporcionado por Titania Compañia Editorial S.L. El expresidente del Congreso José Bono (2i) durante la presentación de su libro 'Se levanta la sesión', junto a los vicepresidentes primero y segunda de la Diputación Permanente, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis (c) y Ana Pastor (i); al presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page (2d), y al director del Área Editorial en Grupo Planeta, Carlos Revés (d), este 25 de noviembre en la Cámara Baja. (EFE)

En algunos cuadros territoriales, especialmente aquellos que ya recelaban mucho del acercamiento y dependencia de ERC, aunque lo veían inevitable dado el panorama tan adverso para los socialistas que dejaron las urnas del 10-N, el escepticismo y la inquietud es mayor aún. Algunos desearían que se explorara la vía de la derecha, o que al menos se presionara más a PP y Ciudadanos, pero esa no es la idea, por ahora, de Sánchez. De momento, su apuesta es amarrar su entente con Unidas Podemos, conseguir los apoyos de los minoritarios y la abstención de ERC sin pagar demasiado peaje. Pero esta última pieza del rompecabezas es quizá la que pueda estrellarse si nada cambia. La ecuación es simple, en palabras de un dirigente autonómico: "Si no rebajan, el acuerdo será casi imposible". Es cierto que hay barones y responsables más optimistas, que consideran que ERC simplemente sigue la "liturgia" de los procesos negociadores.

¿Posible retraso hasta enero del debate?

Los cercanos a Sánchez insisten en que se quiere el debate de investidura "cuanto antes", que los planes de que arranque el lunes 16 de diciembre se mantienen, si bien no descartan que haya que retrasar el calendario para lograr atraerse a ERC. Quizás hasta enero. Sin embargo, hay dirigentes que estiman que esa salida es peor, porque estarían más cerca unas hipotéticas elecciones en Cataluña, en las que los republicanos quieren convertirse en primera fuerza y batir a JxCAT. En ese escenario, los de Junqueras no tendrían incentivos para ayudar a Sánchez, avisan en el PSC, porque temerían ser motejados de 'botiflers'.

Y es que el partido hermano, el PSC, se ha venido mostrando en las últimas semanas más cauteloso. Ni antes era más optimista, dicen fuentes próximas al primer secretario, Miquel Iceta, ni ahora es más pesimista. "Prudencia y realismo", recomienda un algo mando. Los socialistas catalanes advierten de que "con ERC siempre hay que esperar hasta el final" y "nunca se sabe". El líder sufrió el 'castigo' de los republicanos en sus carnes: se negaron a facilitar que fuera designado senador por el Parlament y se quedó sin presidir la Cámara Alta. Ni en Ferraz ni en el PSC olvidan la experiencia amarga de los Presupuestos: la negociación descarriló porque, pese a aceptar el Gobierno la figura del relator, se negó a debatir sobre el referéndum de autodeterminación. Cortó por lo sano, ERC y JxCAT tumbaron las cuentas de 2019 con el PP y Cs y Sánchez se vio abocado al adelanto electoral.

Ahora, el PSOE vuelve a caminar sobre el alambre. Sin saber si la investidura será posible ni el coste a asumir, y con el peligro de que España se conduzca a unas terceras generales que rechaza y que serían, como temen algunos cargos, "una plataforma para la extrema derecha".


La semana pasada fue la rueda de prensa y la rueda de entrevistas, este lunes, la presentación en sociedad del último libro de diarios de José Bono, 'Se levanta la sesión' (Planeta, 2019). El exministro socialista lo hizo en la que fue su casa, la que presidió entre 2008 y 2011, el Congreso de los Diputados

Bono fue teloneado por el jefe del Ejecutivo manchego, Emiliano García-Page, y por el vicepresidente primero de la Diputación Permanente, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, que sustituyó a la jefa de la Cámara Baja, Meritxell Batet, aún convaleciente por sus vértigos. "Un político purasangre, que tiene que estar corriendo todo el día y con una meta", le elogió Page, quien valora de él que es un político que "ha ganado mucho", por sus victorias consecutivas en las urnas, pero que también ha sabido sobreponerse a los "baches", como cuando perdió contra José Luis Rodríguez Zapatero en el 35º Congreso del PSOE, en 2000. 

El expresidente de la Cámara Baja cumplimentó de vuelta a Page, a quien él eligió como consejero cuando este tenía solo 23 años, en 1993; recorrió pasajes de su libro, como había hecho una semana antes y tocó muy de soslayo el posible Gobierno de coalición de PSOE  y Unidas Podemos cuando se refirió a uno de los fundadores de la formación morada, Juan Carlos Monedero, presente en la sala Ernest Lluch del Congreso. "Ahora tendremos que empezar a llevarnos mucho mejor", ironizó.

Al acto acudieron sus tres hijas (Amelia, Ana, Sofía) y su hijo (José), además de su exmujer, Ana. También políticos de distintas formaciones, como los expresidentes del Congreso Jesús Posada y Ana Pastor, del PP; el número dos de Page en el PSOE regional, el diputado Sergio Gutiérrez, y los dirigentes de Ciudadanos Nacho Prendes y Edmundo Bal. También se vio a exdiputados socialistas como Juan Moscoso o Juan Luis Gordo; al exportavoz de CiU Josep Antoni Duran i Lleida; al excoordinador federal de IU Gaspar Llamazares o al ex secretario general de la UGT Cándido Méndez

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