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España, en la cúspide de los países que aman los líderes fuertes y valoran menos la democracia

Logotipo de El Mundo El Mundo 18/01/2022 PABLO PARDO
Cartel con la imagen de Pedro Sánchez. © Unidad Editorial, S.A. Cartel con la imagen de Pedro Sánchez.

España es uno de los países del mundo en los que los ciudadanos han experimentado una mayor caída en su satisfacción con la democracia durante la pandemia del Covid-19. Así lo determina un análisis de Centro para el Futuro de la Democracia de la Universidad de Cambridge que se basa en 6.852 sondeos de opinión realizados en 169 países, a los que han respondido un total de 8 millones de personas. El estudio también afirma que España es uno de los países en los que más ha subido el apoyo a que el Gobierno sea dirigido por un líder fuerte que no tenga que preocuparse por elecciones o Parlamentos La caída del apoyo a la democracia es una de las características que comparten los países analizados, pero la magnitud del cambio en España "es uno de los casos más extremos", según explica a este periódico Xavier Romero, uno de los autores del estudio. Los otros países industrializados en los que se da un desplome similar al de España del respaldo al sistema democrático son Grecia, Alemania, y Japón.

Los cuatro comparten una característica demográfica: tienen una población envejecida. De hecho, el estudio refleja una correlación casi perfecta en las "democracias plenas" entre el porcentaje de habitantes mayores de 70 años y el descenso del apoyo a ese sistema de gobierno. La consecuencia de ello es que en España casi una de cada diez personas rechaza la idea de que "la democracia es la mejor forma de gobierno". Puede sonar a poco, pero es que hace apenas cinco años la proporción era de la mitad, lo que revela un descenso constante de la popularidad del sistema democrático. Así, según datos internos que el Centro para el Futuro de la Democracia ha compartido con este periódico, el rechazo a la democracia en España, que históricamente había estado en el 5% de la población, subió al 5,4% en 2017, el 7,8% en 2019, y el 9,3% en 2021. Al mismo tiempo, más de un tercio de los españoles defienden la idea de que haya un líder fuerte que no vea su libertad de acción limitada por el sistema de contrapesos del sistema democrático.

Concretamente, el 36% de los encuestados apoyan esa idea. Es una cifra inferior al 41% de 2019, pero considerablemente superior al 26% de 2017. Aquí, España está por encima de países como Suecia o Gran Bretaña, aunque en Francia o Italia la idea del 'líder fuerte' tiene más apoyo. A eso se suma una confianza extremadamente en específicamente Pedro Sánchez en lo que se refiere a la lucha contra el Covid-19. Cuando se compara la credibilidad que ofrece un jefe de Estado o de Gobierno en relación a las redes sociales a la hora de obtener información vez sobre la pandemia con las redes sociales, el resultado es devastador para el presidente español. En general, los líderes políticos tienen, como cabria suponer, mucho más crédito que Facebook, Twitter, Instagram o YouTube.

De trece países encuetados, ése es el caso en doce: todos menos Japón. Pero el siguiente, empezando por atrás, es España, donde Sánchez apenas logra que la crean al hablar del coronavirus menos de un 10% de ciudadanos más que los que prefieren fiarse de redes sociales. En España, también, el Covid-19 no ha tenido apenas el efecto apaciguador de la tensión política y reforzador de la unidad nacional que, según Cambridge, ha mostrado en otros países. Así, de trece naciones analizadas por Cambridge, España es la tercera - tras Estados Unidos, que es un caso extremo de división, e Italia - en la que la pandemia ha tenido menos impacto a la horade reducir las divisiones políticas entre la población y de mejorar la valoración que los votantes tienen de otros ciudadanos que apoyan opciones políticas diferentes de las suyas. La cuestión es que en la mayoría de los países analizados por la Universidad de Cambridge se da una caída del apoyo a la democracia y un aumento de la preferencia por un liderazgo político sin limitaciones, pero España lleva esa tendencia más lejos que los demás. Eso no quiere decir que los populismos tengan buen futuro.

Al contrario. El estudio pone de manifiesto que el apoyo a ese tipo de opciones políticas se está desplomando, especialmente en las regiones en declive económico, en las que hasta ahora tenían su mayor granero de votos. De hecho, las grandes ciudades son las que han visto más crecimiento de esta opción política, "posiblemente debido a que el Covid-19 ha golpeado con más fuerza en los núcleos urbanos", según Romero. Y eso es algo que también se da en España. Pero ese ascenso no ha compensado el desplome de la popularidad del populismo. Ni siquiera cuando los líderes de esa corriente ideológica han moderado sus posiciones, como en Polonia, han conseguido recuperar en popularidad. Eso se debe, según el estudio, a que la crisis sanitaria ha puesto de manifiesto entre los ciudadanos la importancia del conocimiento científico y de la gestión profesional del aparato del Estado. El problema es que, también, está cayendo el apoyo a la democracia.

Eso parece, implícitamente, más apoyo hacia una tecnocracia no democrática, al estilo de, por ejemplo, China. El informe no incluye esas valoraciones, dado que, como explica Romero, "no nos hemos metido en conclusiones tan explicitas a ese nivel porque realmente los datos que tenemos no lo permiten". Pero lo que sí parece evidente es que los ciudadanos de las democracias avanzadas están teniendo cada vez más afinidad haca la ida de "todo por el pueblo, pero sin el pueblo". Así pues, el Covid-19 ha frenado el auge del populismo y ha reforzado la idea de que la democracia no es eficaz en general y menos para combatir una situación de emergencia como la que el mundo lleva sufriendo desde hace dos años. Según los autores del informe, se trata de un cambio social y político que probablemente continuará durante la próxima década, igual que la crisis financiera de 2008-2012 marcó la evolución política de los países hasta la llegada del Covid-19.

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