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Guerra en la ciudad silvestre

Logotipo de La Vanguardia La Vanguardia 03/04/2020 Luis Benvenuty
A raya.Una gaviota mantiene a las palomas alejadas del centro de la plaza Catalunya. Las palomas están aprendiendo que si se acercan demasiado pueden acabar destripadas. Y es que una ciudad sin personas se convierte de repente en un lugar salvaje © Image LaVanguardia.com A raya.Una gaviota mantiene a las palomas alejadas del centro de la plaza Catalunya. Las palomas están aprendiendo que si se acercan demasiado pueden acabar destripadas. Y es que una ciudad sin personas se convierte de repente en un lugar salvaje

Las gaviotas están multiplicando sus ataques a las palomas. Los márgenes de la plaza Catalunya amanecen cada día atestados de restos de cadáveres de palomas concienzudamente destripados. La gaviota en cuestión acecha a su presa de un modo muy sibilino, andando y no volando, agachándose todo lo que puede para parecer un animal más pequeño y menos peligroso. Entonces, cuando la confiada paloma en su punto de mira trata de emprender el vuelo, la gaviota la noquea de un picotazo. Patapam. Adiós, paloma. El gran cruce de caminos de la capital catalana es uno de los escenarios de este incremento de las hostilidades. Las siguientes escenas pueden herir la sensibilidad del espectador. La gaviota en cuestión devora su víctima de un modo sistemático, como si no hubiera mañana. En pocos instantes tendrá que compartir su pitanza. Sólo dejarán las alas y unos pocos huesos. Es un fenómeno inusitado. Una ciudad sin personas es de repente un hábitat salvaje.

“Con la disminución de la actividad humana el espacio público está más que nunca a disposición de la fauna urbana–explican fuentes del departamento de Bienestar Animal del Ayuntamiento de Barcelona–. Y una de las consecuencias de ello es que se definen nuevos roles. Las gaviotas, al ser una especie más agresiva, están ocupando espacios que históricamente eran ocupados por palomas, desplazando así su población. A pesar de que los comportamientos que estamos contemplando no distan mucho de los habituales en los entornos naturales, en el Ayuntamiento estamos siguiendo esta nueva situación con atención y cautela. En todo caso, en estos momentos, el comportamiento de las palomas ante las gaviotas es el habitual: intentan evitarla”.

“Una consecuencia del confinamiento es que las especies están definiendo nuevos roles”

Sí, son las gaviotas las que estos días se están poniendo especialmente bordes. Ya se hicieron así con el corazón de la plaza Catalu-nya, con su gran espacio central, y también con el refrescante entorno del monumento a Francesc Macià. Muy pocas palomas se atreven acercarse. Las aves desplazadas de lo que fue su reino ahora merodean principalmente por el perímetro de la plaza. Y si uno extiende el brazo y se queda quieto las palomas se arremolinan a su alrededor con la esperanza de que les den de comer, de que les vuelvan a dar de comer. Muchas están estos días muy desconcertadas. Son las otras consecuencias del confinamiento, de esta repentina alteración del ecosistema de Barcelona. Hace semanas que los últimos turistas de Barcelona les echaron un poco de pienso.

Aunque la imagen de una gaviota comiéndose una paloma es frecuente, normalmente unas y otras guardan las distancias. Las gaviotas son perezosas y pragmáticas. Prefieren alimentarse en vertederos, por Mercabarna, en los alrededores de restaurantes de comida rápida, que emboscando a palomas. Porque las palomas no son tontas. Es que a muchas les preocupan más otros depredadores, como los gavilanes, los halcones, las águilas, los perros... “El planeta está reaccionado bien al parón del hombre –abundan las fuentes municipales–, muchos animales están entrado en las ciudades, como los delfines en Venecia. Pensar que las aves que ya viven en la ciudad no van a aprovechar esta situación es subestimar las extraordinarias capacidades de estos animales”. Y que nadie tema una escabechina irremediable. Hoy día Barcelona suma unas 90.000 palomas y unas 500 gaviotas. Además, concluyen los expertos, las palomas ya se están espabilando. “Son más salvajes de lo que parecen, y si la gente no les da de comer son capaces de volar 50 kilómetros en un momento para buscar sustento. Los individuos dominantes de la colonia ya están en ello”. Además, la primera ya está aquí, y con la primavera se multiplica el alimento.

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