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Los vándalos destrozan 500 años de historia

Logotipo de La Vanguardia La Vanguardia 19/06/2021 Paloma Arenós
Los vándalos destrozan 500 años de historia © Proporcionado por La Vanguardia Los vándalos destrozan 500 años de historia

Un grupo de jóvenes, según testigos después de jugar a fútbol la medianoche del viernes al sábado, montó un pequeño castillo humano para que uno de ellos alcanzase la Creu de Terme, un monolito medieval del siglo XVI de estilo tardogótico, ubicado en la entrada del monasterio de Sant Cugat del Vallès. Con el peso del joven, el monumento venció, cayó y sufrió varios destrozos. El vándalo acabó herido con una fractura en el brazo y fue trasladado a Mútua de Terrassa. La zona afectada ha quedado protegida perimetralmente y la policía ha abierto una investigación para esclarecer los hechos.

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¿Broma? ¿Apuesta? ¿O mala intención? Sea como fuere, el incivismo ha destrozado una cruz de piedra que es patrimonio histórico de Sant Cugat –es la única que queda original–, así como patrimonio nacional, ya que forma parte de un complejo del monasterio, catalogado como bien cultural de interés nacional.

Símbolo de la ciudad

El ataque al monumento del siglo XVI causa gran consternación

A primera hora de ayer, la brigada municipal se encargó de recoger todos los restos del monumento para que el Centro de Restauración de Bienes Muebles de Sant Cugat se encargue de su restauración.

Este símbolo del monasterio ya ha sufrido varios ataques a lo largo de su existencia pétrea. En 1936, en plena Guerra Civil la destrozaron en su anterior emplazamiento, en el cruce de caminos entre Sant Cugat, Terrassa, Rubí y Martorell, entre la capilla de Sant Domènec y la era de Can Mates. Tiempo más tarde, en 1940, se reconstruyó y se trasladó hasta su actual emplazamiento. “Lo ocurrido es un atentado contra nuestro patrimonio cultural contra una cruz muy valiosa. Y no es la primera vez. Hace una década, en la fiesta mayor, los Diables organizaron un castillo de fuegos aquí dentro y también quedó un poco dañada por los impactos pirotécnicos y se tuvo que volver a reconstruir”, lamenta el historiador local Domènec Miquel.

El pertinaz botellón

El último fin de semana sin discotecas tampoco se ha librado de la práctica, plenamente consolidada, del botellón. Solo la madrugada del viernes al sábado, 4.732 personas fueron desalojadas de los puntos de aglomeración festiva en calles, plazas y playas de Barcelona. El paseo del Born, el Arc de Triomf y las playas del Somorrostro y Sant Miquel en la Barceloneta se mantuvieron en lo más alto del ranking en una noche sin detenciones ni denuncias que las autoridades policiales calificaron de tranquila... menos para los vecinos.

La tenienta de alcaldía de Cultura, Esther Madrona, condenó, con tristeza, el ataque y lo calificó de “daño histórico a un patrimonio cultural nacional” y lamentó “la falta de respeto” hacia este bien cultural. El Consistorio estudia presentar una denuncia contra el o los atacantes, una vez se aclare la autoría. El rector de la parroquia de Sant Pere d’Octavià (a la que pertenece el monasterio), mosén Emili Marlés, también se mostró afectado por lo que representa la Creu de Terme “en el imaginario de Sant Cugat”. Marés apuesta por “crear una cultura y sensibilidad para que se valore el patrimonio tan rico que tenemos”. El cura detalló que entre los feligreses que ayer fueron a misa, una vecina –impactada por el ataque– decidió depositar un ramo de flores ante el pedestal de la cruz caída.

Este ataque, según el historiador Miquel, “debería reabrir el debate de si el entorno del monasterio tiene que estar abierto como ahora o se debería volver a vallar, como ocurre con parques como el de la Ciutadella de Barcelona. Por la noche, se cierra con llave. Sería una manera de proteger, mejor, este tesoro”, propone.

La cruz, fechada en el siglo XVI, seguramente sustituyó a una anterior documentada ya en el siglo XV como “la cruz de piedra”. Después apareció con el nombre de la cruz Bufart y ya, más tarde como cruz de Sant Domènec, según el historiador. Se levanta sobre una base escalonada. Tanto el pie como la cruz están esculpidos con motivos característicos de la tracería gótica (lanzas, rosas…). La cruz, con los brazos acabados en flor de lis, presenta la imagen de la crucifixión en una cara y la Virgen con el niño Jesús en la otra.

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