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Pedro Pitarch: "Vemos que ni PP ni PSOE han combatido al independentismo"

Logotipo de El Mundo El Mundo 20/03/2019 MARISA CRUZ
© EFE

Militares retirados del más alto rango, profesionales con nivel de excelencia, aceptan ahora, en un movimiento sin precedentes, integrarse en las listas de un partido político, Vox, que intenta hacer suya la bandera del patriotismo, el servicio a España y la unidad nacional, todos ellos argumentos blasonados en el espíritu de los Ejércitos a los que han pertenecido durante décadas.

Pedro Pitarch, teniente general retirado, ex jefe del Eurocuerpo y de la Fuerza Terrestre y ex director general de Política de Defensa en el Gobierno de Zapatero explica las razones que, en su opinión, se encuentran detrás de este alistamiento político de ex altos mandos: "Ha anidado la sensación de que los Gobiernos no combaten el desafío frontal del independentismo. Vemos que no lo hizo el PP ni lo hace el PSOE".

Pitarch, hombre de principios democráticos, siempre atento a la actualidad del país y al pálpito militar está convencido de que el principio fundamental de la unidad del Estado y la soberanía nacional es el que subyace en la decisión del grupo de ex generales de dar el salto a la política.

Ése, y no otro, es en su opinión el móvil. La "decepción" al ver que los Gobiernos, "ni éste ni el anterior" han frenado el reto secesionista. Muchos piensan, mantiene, que "la política de apaciguamiento, la de los gestos, ha fracasado". Creen que "la otra parte la rechaza abiertamente" hasta el punto de que, incidir en ella, se convierte en una serie de "cesiones sin contrapartida" que "debilita al Estado".

En el espíritu militar está grabado el principio del "orden" y ahora aumenta la sensación de que "nadie sabe ponerlo". Se trata de un sentimiento que ha ido subiendo de grados desde hace años y que ahora empieza a aflorar.

El caso de los lazos amarillos cuya retirada fue ordenada por la Junta Electoral Central y que el presidente de la Generalitat desoyó, es el último ejemplo que decepciona en las filas militares. "Esto es un desmadre", opina el propio Pitarch para quien un desafío así debería implicar que Torra "durmiera esta misma noche en el cuartelillo".

Fulgencio Coll, general de Ejército, también retirado, y ex jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, fue el primero en alistarse a las filas de Vox. Coll, uno de los poquísimos militares condecorados civilmente con la Gran Cruz de Isabel Católica durante el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, refrendó este martes en los micrófomos de la Cope la preocupación de los militares por la tensión independentista.

"La situación que tenemos en España nos obliga a contribuir de una forma u otra", afirmó antes de añadir que los generales que entran en política pueden aportar "experiencia y valores". Es, de hecho, sintomático que tres de los cuatro generales de Vox se presenten en provincias de la Comunidad Valenciana y Baleares, donde el catalanismo siempre ha tratado de expandirse. Coll culpa también de esta situación "perjudicial" al PP y considera que el avance del catalán en detrimento del castellano en la escuela y en el empleo público ha tenido "resultados desastrosos".

Cargos políticos del Ministerio de Defensa coinciden también en interpretar la entrada de los generales en política de la mano de Vox como una reacción al reto secesionista.

Apuntan en este sentido una "arriesgada" y "mala interpretación" del artículo 8 de la Constitución según el cual las Fuerzas Armadas "tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional". E incluso, el artículo 30 que establece que "los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España".

"Esos artículos están ahí y hacen especial mella en los militares; es una encomienda constitucional que tienen a flor de piel". Sin embargo, precisan las fuentes, no debe perderse de vista nunca que esa "misión" está supeditada a lo que disponga el poder político democráticamente elegido por los ciudadanos.

Precisamente una mala interpretación del artículo 8 de la Constitución fue la que hace 13 años, en enero de 2006, le costó el cargo de manera fulminante al general José Mena, entonces jefe de la Fuerza Terrestre, al sugerir en su discurso de la Pascua Militar, la aplicación de dicho precepto, es decir, la intervención del Ejército, si el Estatuto de Cataluña que entonces se negociaba rebasaba los límites de la Carta Magna. José Bono, ministro de Defensa, ordenó su arresto domiciliario y el Consejo de Ministros le destituyó a petición del Jefe del Estado Mayor de la Defensa, general de Ejército y hoy jefe del CNI, Félix Sanz.

El caso del general Mena fue, visto con la perspectiva del tiempo, una primera señal de la existencia de malestar en círculos militares ante el problema catalán. Un recelo que los acontecimientos de los últimos años no han hecho sino acrecentar.

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