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“Los médicos de familia estamos hartos”

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 16/02/2019 Juan Cruz
Médicos en familia: de izquierda a derecha, Suso Sueiro, María Fernández, Elena Polentinos, Miguel Melguizo, Salvador Tranche, Paulino Cubero, Gisela Galindo, Isabel Arenas, Ana Arroyo y Remedios Martín.[ © alvaro garcia Médicos en familia: de izquierda a derecha, Suso Sueiro, María Fernández, Elena Polentinos, Miguel Melguizo, Salvador Tranche, Paulino Cubero, Gisela Galindo, Isabel Arenas, Ana Arroyo y Remedios Martín.[

Los médicos de familia están “hartos” y podrían salir a la calle empujados por “el sufrimiento y la incertidumbre”. ¿Huelga? “Será rebelión y catarsis”.

Ese es el ánimo que domina en los representantes de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria. Ayer, en su sede de Madrid, al tiempo que se convocaban las elecciones generales, describían las razones de su hartazgo.

Ellos no estaban pendientes de la fecha electoral. De hecho, alguno se preguntaba si de veras los políticos que concurren a esas contiendas alguna vez hicieron uso de la sanidad pública.

Suso Sueiro, médico de familia en Santiago, directivo de esa federación, subraya el hartazgo: “La sanidad tiene relumbrón hospitalario por las grandes innovaciones. Pero la medicina familiar es la que soporta en sus espaldas el sistema y cada día se halla en estado más precario”. En Cataluña, dice Antoni Sisó, “no fuimos en realidad a la huelga: practicamos una catarsis”.

Salvador Tranche, el presidente navarro de la federación (unos 20.000 médicos de familia de los 37.000 que hay en el país) dice que la situación de la sanidad pública es “de pronóstico reservado”. Estos médicos son “esos ejércitos de hormigas laboriosas” sin los cuales lo que parecía un tesoro nacional “perecerá en la incertidumbre”.

En las convocatorias de los MIR la cifra de médicos de familia se ha estancado en unos 1.700 desde hace años. Inamovible cifra de la precariedad. De los 6.600 “médicos formados por un MIR maravilloso”, unos 3.600 emigran “a países donde no solo ganan más, sino que pueden vivir una vida mejor que la que aquí les espera”. Resume Sisó: “Tenemos un sistema hiperespecializado y hemos descuidado la base”. Como en Estados Unidos: gastan en lo vistoso y descuidan lo básico.

Posan alegres, pero la procesión está grabada en sus palabras. María Fernández, asturiana que desde hace 22 años ejerce en Madrid la medicina de familia, es la vicepresidenta de esta sociedad. Isabel Arenas ya está en su cuarto año de residencia en el hospital de La Paz, y además trabaja en el centro de salud del barrio del Pilar. Paulino Cubero tiene una historia más larga; ahora está en el centro de salud de General Ricardos.

Paulino Cubero ha estado en la calle con la marea blanca. La gente les aplaude cuando se manifiestan, “pero no se unen, no se han dado cuenta de que las privatizaciones de 2012 se hicieron también contra ellos”.

Los tres cuentan el minucioso trabajo humano que implica su relación con la enfermedad. En los barrios ellos no son solo médicos, sino encargados de atenuar el dolor “con conversación y consejo, haciendo medicina, con tiempo y empatía, diagnóstico y paciencia”. La anulación de facto de la ley de dependencia ha dejado a ciegas muchas vidas cuya única luz es la que enciende el médico de familia al que se confían los barrios. No hay inversión, “hay trabajo y hartazgo”. Por eso, por el hartazgo, ayer escuchaban las noticias del porvenir electoral con la sensación de que “vamos a pasar” de los eslóganes que ahora pegarán en las paredes de los barrios donde ellos cuidan del dolor ajeno.

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