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Mozambique expulsa a los testigos de su ¿guerra islamista?

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 27/02/2021 Javier Brandoli. Roma
El periodista británico Tom Bowker, poco antes de abandonar Mozambique con su familia. (Foto: EFE) © EFE El periodista británico Tom Bowker, poco antes de abandonar Mozambique con su familia. (Foto: EFE) “Bien, ya está. Expulsado de Mozambique y prohibido volver en 10 años. Una decisión política sin fundamento legal. Gracias a todos los que nos han ayudado en la pelea y que han hecho estos últimos seis años maravillosos. Hasta pronto”, escribía en Twitter el pasado 16 de febrero el periodista británico Tom Bowker junto a una foto del avión que le iba a sacar a él y su familia del país africano.

Por primera vez en años, el Gobierno mozambiqueño expulsaba a un periodista por ser unos ojos y voz incómoda de lo que sucede en el grave conflicto de la región de Cabo Delgado, al norte del país. Las cifras oficiales hablan de en este momento de más de 530.000 desplazados. Muchos de ellos viven desde hace meses en las calles, en campamentos en las playas o en casas de familiares en un entorno de enormes carencias. Los ataques se mantienen. Las fuerzas de seguridad son incapaces de retomar el control del territorio. Y en medio de todo ese drama se ha abierto otra crucial batalla: el control de la información. El Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo), partido en el Gobierno, no quiere testigos que contradigan su versión oficial.

La excusa de las autoridades para echar a Bowker es que él es británico y Zitamar, su web, es una compañía registrada como agencia de noticias que carece de número de registro de prensa británico, algo que el periodista explicó que es imposible porque en UK no existe ese registro. “La expulsión de Bowker es un mensaje para asustar a los medios del país. Periodistas en Mozambique han sido presos, perseguidos o han desaparecido. El caso Bowker es un ejemplo de hasta donde llegará el Gobierno para controlar los reportajes en Mozambique”, ha declarado Angela Quintal, coordinadora del Comité de Protección a Periodistas en África. La Guerra de Cabo Delgado ha desatado de nuevo algunas viejas prácticas.

El pasado de las 24 horas y 20 kilos

Cómo contamos en El Confidencial en el pasado mes de septiembre, esta rica región mineral colindante con Tanzania lleva años envuelta en un complejo conflicto que va creciendo en intensidad. Guerrillas islamistas, mercenarios, fuerzas de seguridad y conflictos tribales son los protagonistas de una guerra que esconde algo más dentro. Tom Bowker se había convertido en un incómodo observador internacional de lo que allí sucede sin apenas testigos y ha sido expulsado del país como en los viejos tiempos de la nueva democracia.

Mozambique, cuando consiguió la independencia, decretó una norma que se conocía como 24/20. Iba destinada sobre todo a los ex colonos portugueses, propietarios de tierras e industrias, a los que se les aplicaba por interés nacional una norma en la que tenían 24 horas para salir del país con una maleta que pesara máximo 20 kilos. La literalidad de la norma fue perdiendo vigencia, pero su espíritu siempre se mantuvo y en 2013 sirvió para echar al entrenador portugués de fútbol Diamantino Miranda por racista. El míster dijo que los mozambiqueños eran ladrones en medio de un partido tras una controvertida decisión arbitral.

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Javier Brandoli

Zitamar, un incómodo testigo

“Zitamar (web de información encabezada por Tom Bowker en Mozambique) se ha convertido en un muy reputado boletín informativo hecho por un grupo de corresponsales locales, pero además se ha convertido también en un medio cada vez más envuelto en informar sobre la guerra civil que sucede en Cabo Delgado”, explicaba en una reciente newsletter Joseph Hanlon, reputado periodista e investigador que fue corresponsal de la BBC en Mozambique durante la cruenta Guerra Civil, entre 1979 y 1985, y ha vivido y pasado largos periodos en el país. Su 'newsletter' es una de las páginas independientes más usadas y fiables sobre lo que sucede en este estado del sur de África. Al menos, Hanlon, además de un gran conocedor del país, es una voz neutral, algo complicado de encontrar en el enrevesado sistema político económico creado por el partido dominante, Frelimo.

¿Por qué echan a Bowker? La teoría de Hanlon y de algunas voces con las que El Confidencial ha hablado, mozambiqueños que viven en Cabo Delgado, es que este conflicto es algo más que una guerra de islamistas radicales como quiere hacer creer el Gobierno de Maputo. El Ejecutivo de Felipe Nyusi no para de solicitar ayudas internacionales, sabedor de que muchas grandes compañías tienen fuertes intereses en los yacimientos de gas de la costa, sin ser capaz de parar una revuelta que ha provocado, por ahora, más de medio millón de desplazados en una de las mayores tragedias humanitarias que ahora mismo suceden en el globo.

El dinero de ese gas es el principal fuente de financiación del país. Imponer su versión de los hechos es clave para el éxito, por tanto, de una guerra y de sus finanzas. Nyusi ya amenazó el pasado 25 de noviembre a los que se atrevieran a contradecirle: “Nos preocupa que en esta saga de distorsión de la realidad en la difusión de mentiras se estén utilizando algunos órganos de información que, en lugar de guiarse por el profesionalismo, terminan por actuar de manera deliberada o inocente en beneficio de enemigos o terroristas”, dijo el presidente, quien llamó a las fuerzas de seguridad a “impedir que los denigren”.

El Papa saca al obispo crítico

“La razón subyacente tanto de las expulsiones como de la represión general de la prensa es frenar la información sobre la guerra civil en Cabo Delgado. La semana pasada, bajo presión de Mozambique, el Papa retiró al obispo de Pemba (Cabo Delgado). Había defendido con fuerza a la gente local y era jefe de la Comisión Católica de Justicia y Paz. El obispo y muchos académicos y periodistas han señalado que las raíces de la guerra son la pobreza y la desigualdad crecientes, y la forma en que solo una pequeña élite del Gobierno se beneficia del gas y los rubíes de Cabo Delgado. Frelimo sigue presentando la guerra como una desestabilización total del Estado Islámico desde el exterior, y no quiere informar que la codicia de la élite y la mala conducta de la policía y el ejército están provocando que la gente se una a la insurgencia”, explica Hanlon.

Esa misma visión ha sido corroborada por varios de los locales con los que se ha comunicado este periódico y que en ese estado de control impuesto por el Gobierno exigen atemorizados no desvelar su identidad. “La gente se pasa a los insurgencia porque están hartos de la pobreza y corrupción”, señala una de esas voces. Ya en septiembre pasado, uno de nuestros informadores pidió cambiar la forma de comunicación: “Perdone, ¿podemos hablar de otra forma? El Gobierno controla todas las comunicaciones, especialmente con números extranjeros”, nos pidieron entonces.

Efectivamente, el Papa Francisco, que visitó Mozambique en septiembre pasado, ha enviado a Luiz Fernando Lisboa, el brasileño obispo de Pemba, a su país natal donde ha sido nombrado arzobispo, mientras su puesto ha sido sustituido por Antonio Juliasse Ferreira, hasta ahora obispo auxiliar de la capital, Maputo. Lisboa había sido muy señalado por los afines a Frelimo por ser muy crítico con la labor de las fuerzas de seguridad en su diócesis. “Uno de los extranjeros que ha estado al frente de quienes critican injustamente al Gobierno de Nyusi y a las Fuerzas de Defensa y Seguridad que arriesgan sus vidas día y noche para combatir a los terroristas en Cabo Delgado es sin duda el actual Obispo de Pemba, Luiz Fernando Lisboa”, declaró Gustavo Mavie, ex director de la Agencia de Información de Mozambique y director de la Comisión Central de Ética Pública. Las palabras de Mavie fueron apoyadas por el entorno de Frelimo. Lisboa sostenía que los insurgentes no eran extranjeros islamistas, como mantenía y mantiene el Ejecutivo de Nyusi, “sino que están formados por muchos mozambiqueños”.

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Paola Bruni

“Estamos entrando en un período muy difícil en el que la codicia y la corrupción del Frelimo es la raíz de la guerra civil en Cabo Delgado. El ejército está debilitado hasta el punto de que Total (empresa energética) ha exigido una zona segura de 25 kilómetros alrededor del proyecto de gas en tierra antes de reanudar el trabajo, y el ejército ni siquiera puede reabrir la única carretera pavimentada de Pemba a Palma. Frelimo necesita convencer a la comunidad internacional de que debe ser apoyado porque esta es una guerra terrorista contra el Estado Islámico. Y necesita implicar a Estados Unidos y países europeos claves a bordo porque se están beneficiando del gas. No puede aceptar que nadie diga que el emperador está desnudo, que la guerra tiene raíces locales. Por tanto, la prensa, la sociedad civil y los investigadores académicos deben ser silenciados. Otros seguirán al obispo de Pemba y Tom Bowker”, señala Hanlon.

Una nueva ley para controlar la prensa

Efectivamente, las incómodas voces de Lisboa y Bowker ya no son altavoces de lo que ocurre en Cabo Delgado, pero el Gobierno de Maputo parece que quiere estrechar definitivamente el lazo sobre la libertad de prensa. El ejecutivo ha presentado una proposición de ley que cambia el panorama mediático del país.

El proyecto afectaría a todo tipo de publicaciones en cualquier formato, a las que a partir de ahora se les obligaría a registrarse y primero solicitar un permiso o serán consideradas como clandestinas. Las publicaciones en el país deben ser dirigidas por ciudadanos mozambiqueños, compañías mozambiqueñas o asociados. Las compañías extranjeras de medios que se formen en el país deben al menos tener un capital 80% mozambiqueño. El registro puede suspenderse en cualquier momento. Los medios extranjeros sólo pueden otorgar dos credenciales. Los periodistas y medios deben actuar por el interés público y, para ello, se citan una larga lista de restricciones, entre ellas obtener información de forma desleal. Incumplir estas normas tiene consecuencias penales, señala el proyecto de ley.

La prensa internacional, más independiente y fuera de los grupos de comunicación que controla la todopoderosa Frelimo, está en el punto de mira, pero también la local a la que el proyecto sirve para cortar alas. Entre los desaparecidos en Cabo Delgado está el periodista Ibrahim Abu Mbaruco, que trabajaba en la radio comunitaria de la ciudad de Palma, y que según algunos testigos fue raptado en abril pasado por policías y no se la ha vuelto a ver. El era otra de esas voces hoy desaparecidas que narraba la guerra desde dentro.

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