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Voces, espectros y ruidos inexplicables: qué está pasando en el British Museum

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 14/05/2020 E. Zamorano
Foto: iStock. © Externa Foto: iStock.

Si el lector ha tenido la oportunidad de acudir a un museo en jornadas de poca actividad y con escasos visitantes, seguramente haya percibido con cierta inquietud el eco disonante de sus pasos al adentrarse en galerías y dejar atrás reliquias antiguas, féretros sagrados de reyes antediluvianos y pinturas que evocan momentos del pasado que supusieron un antes y un después en la historia o bien escenas místicas en las que los ángeles y demonios se alternan. Un museo, al fin y al cabo, es un enclave repleto de silencios demasiado ruidosos, si se admite el oxímoron.

Los guardias de seguridad nocturnos deben de ser las personas que más familiarizadas estén con este silencio que siempre se ve perturbado por algún crujido mínimo que de repente se amplifica al chocar con las paredes de cada una de las galerías. La noche cae sobre el British Museum. Sus guardianes se disponen a hacer su turno. En los últimos meses, este centro de antigüedades y obras de arte, uno de los más visitados de toda Europa, ha acaparado la atención de periodistas y curiosos al haber ocurrido en él sucesos que no se pueden explicar tan fácilmente. De ahí que de vez en cuando alguna imagen o vídeo se haga viral documentando este tipo de fenómenos.

Los sucesos han sido documentados por guardias o personal de limpieza, quienes tienen una relación más íntima con los objetos que los turistas

Pero si hay alguien lo que de verdad se cuece en sus largos pasillos y corredores esos son los guardias de seguridad, aquellos que patrullan cada una de las estancias para detectar algún imprevisto, como una fuga de agua o de gas. Por ello, un artista norteamericano llamado Noah Angell, lleva cuatro años recogiendo sus historias sobre experiencias extrañas, desde detectores de movimiento que suenan en mitad de la noche, cambios bruscos de temperatura en salas y algún que otro susto al revisar cámaras de seguridad e imágenes tomadas por los visitantes.

Evidentemente, se trata de un edificio vetusto con siglos de antigüedad. Y por ello, es normal que algunas de sus puertas crujan más de lo habitual, que el aire acondicionado produzca zumbidos o que los pasos de algún compañero que se acerca se amplifiquen en exceso. Sin embargo, a pesar de estar acostumbrados a esta serie de ruidos, incluso los más veteranos han notado una punzada en el estómago cada vez que salta un repentino ruido o una alarma de detector de movimiento. Algunas ocasiones se asombran ante el ruido de llantos, música o voces que irrumpen de repente. Las cámaras muestran cómo puertas que estaban cerradas se abren de repente; aunque esto se atribuya a las corrientes de aire, dichos fenómenos no pasan desapercibidos al estar tan monitorizado el edificio.

'Orbs' y presencias extrañas

Angell ofrece tours por el museo de manera informal, aunque ahora a raíz del coronavirus los ha tenido que posponer. Su testimonio lo recoge un extenso reportaje sobre el tema de la revista ‘The Economist’, por lo que ya podemos intuir que no se trata de uno de tantos relatos 'creepypasta' que abundan por la red hoy en día de dudosa credibilidad. Uno de los puntos fuertes de la investigación de este guía es que da voz a los trabajadores del nivel más inferior del museo: guardias de seguridad, personal de limpieza o asistentes de galerías, quienes tienen una relación con los objetos expuestos diferente a los turistas, mucho más íntima, debido a pasar años observándoles desde la máxima proximidad.

Hay ciertas piezas que, si estuvieran en el contexto correcto, todavía tendrían un propósito

Uno de los sucesos más recientes ocurrió hacia las tres de la madrugada cuando una alarma saltó en unos baños que no estaban abiertos al público y dos guardias se personaron allí para ver que estaba pasando. Cuando llegaron, parecía que no había nada raro en aquel lugar, pero un operario que vigilaba las cámaras de seguridad vislumbró cómo una serie de ‘orbs’ (nombre que le da la parapsicología a la aparición de bolas de luz de distinto tamaño) que subían la escalera que llevaba a la sala de la Gran Corte. “No vemos nada”, alegaron los guardias de seguridad. “Están a vuestro alrededor”, respondió el agente desde la sala de cámaras.

Lo más intrigante es que esta aparición coincidió con el estreno de una exhibición llamada “Alemania: Memorias de la Nación”, que estuvo desde el octubre de 2014 hasta enero de 2015. Los fenómenos se dieron nada más depositar en la sala una puerta de hierro del campo de concentración de Buchenwald. Al cerrar la exposición y retirar los objetos, junto con este portón, ya nunca más se volvieron a ver ‘orbs’ a través de las cámaras de seguridad.

La inquietud de las estatuas

De acuerdo a Killian Fox, el periodista que ha entrevistado a este entusiasta guía de museos, Angell no es una persona que se caracterice por creer demasiado en el mundo paranormal y tampoco es creyente de ninguna religión, considerándose a sí mismo agnóstico. Su explicación de este tipo de sucesos que no tienen explicación estriba, según él mismo reconoce, en “algo de tipo psíquico”. Además, uno de los hechos a tener en cuenta es que en los últimos años algunos gobiernos europeos han acabado devolviendo a sus países de origen muchas de las piezas que extrajeron de sus colonias para poner en sus museos. En 2017, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, declaró “una gran prioridad” devolver a África la herencia cultural que hay en galerías como el Louvre o el Museo d’ Orsay.

Algunas instituciones culturales de Gran Bretaña ya han cedido a devolver objetos y reliquias. El Museo de Manchester anunció el año pasado que entregaría 43 piezas originarias de Australia. Sin embargo, el British Museum ha declinado las solicitudes que ha recibido de Etiopía, Nigeria y Chile para que les devuelva parte de su patrimonio. “En los discursos convencionales sobre la repatriación de las figuras”, observa Angell, “los objetos en disputa son como peones. Estos pueden ser fantásticos, grandes y arcaicos, pero el uso que se les está dando es meramente simbólico, de tal modo que dos países con agravios o rencillas antiguas pueden utilizar para obtener aquello que quieren del otro. Es por ello que dichos objetos parecen estar inquietos”, asevera el guía.

Fue como entrar en un congelador. Se me revolvió el estómago. Muchas de las momias deberían devolverse a sus tumbas

¿De dónde proviene esa inquietud? Básicamente, muchas de las obras del museo de Londres se obtuvieron por medios ilícitos, fueron arrancadas del entorno en el que reposaban durante cientos de años. Y aunque estos objetos sean seres inanimados, a nadie le gusta que les secuestren de su lugar de origen. Cuenta la leyenda que se oía llorar a la cariátide de la habitación 19 que Lord Elgin arrancó del Partenón griego en el transcurso de su viaje a las islas británicas. Jim Peters, gerente de las colecciones del departamento de Gran Bretaña, Europa y Prehistoria del museo apunta a que muchas de las piezas “no están en sincronía” con el ambiente de las galerías. “Hay ciertas piezas que, si estuvieran en el contexto correcto, todavía tendrían un propósito”, declara a ‘The Economist’.

Una opinión que comparten más compañeros de Peters. Lissant Bolton, encargada de África, Oceanía y las Américas, habla de que muchos visitantes tratan a los objetos como si fueran “entidades vivas”. Algunos les ven como ancestros. Sin ir más lejos destaca entre ellos Hoa Hakananai’a, una estatua de cuatro toneladas construida a partir de piedra granítica y de ojos profundos que pertenecía a la Isla de Pascua. Su gobernante visitó el British Museum en 2018 para tratar de devolverla a su isla, considerándola aún entonces una entidad viva. “’No es una roca’, alegó el presidente del Consejo de Ancianos de Rapa Nui el año pasado. ‘Contiene el espíritu de un ancestro, como si fuera casi un abuelo. Esto es lo que queremos que vuelva a la isla, no solo una estatua”.

© Proporcionado por El Confidencial

Por no hablar de los misterios que rodean la zona del Antiguo Egipto. A estas alturas, todo el mundo conoce las leyendas en torno a la maldición del rey Tutankamón. Phil Heary, un veterano trabajador con una experiencia de más de 29 años, le habló a Angell de una noche muy traumática en la que vigilaba un pasillo en el que se encontraban las salas con 19 momias del Antiguo Egipto. El empleado recorría como siempre el largo pasillo cuando empezó a notar que la temperatura se desplomaba de repente y sin razón aparente, ya que estaban todos los aparatos de aire acondicionado apagados.

“Fue como entrar en un congelador. Se me revolvió el estómago. La sensación que imprimía aquel sitio era de terror, tan solo quería salir de allí. Muchas de las momias que hay ahí deberían devolverse a sus tumbas”, relata Heary. A fin de cuentas, a nadie le gustaría que, en un futuro remoto, alguien te exhumara para exponerte a diario a miles de visitantes. El British Museum lleva varias semanas cerrado. Pero puedes echar un vistazo a este artículo para volver a estos espacios donde se une el arte con lo trascendental, aunque solo sea de forma telemática.

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