Tras dos años sin lanzar un modelo en esta gama, Fitbit se ha decidido a dar el paso con la Fitbit Charge 4, una nueva iteración de la familia Charge que sigue la estela que dejó la generación anterior.

A simple vista podemos pensar que la Charge 4 ofrece pocas novedades con respecto al modelo anterior, y en parte es así. No es que sea una absoluta revolución. Pero basta encenderla para descubrir que tras esa apariencia familiar se esconden algunas novedades que iremos desvelando en este análisis de la Fitbit Charge 4.

La incorporación de un sistema GPS de posicionamiento durante los entrenamientos y la posibilidad de realizar pagos desde la propia pulsera son algunos de los argumentos que justifican los 149,95 euros que marca su precio de salida.

 
Fitbit Charge 4
Tamaño 35,8 x 12,5 x 22,7 mm
Correas compatibles Sí, Charge 3
Peso 20 gramos
Batería 7 días de uso / 5 horas con GPS
Panel

1 pulgada

OLED táctil monocromo 

Resolución de pantalla 160 x 100 píxeles
Conectividad

Bluetooth 4.0 LE

GPS

NFC

Sensores

Acelerómetro de tres ejes

Sensor óptico de ritmo cardiaco

Altímetro

Sensor SpO2

Protección IP68
Sistemas operativos y dispositivos compatibles

Android 7.0 o superior

Mac OSX 12.2

iPhone 5S y posteriores

iPad de 5.ª generación y posteriores

Precio 149,95 euros

El análisis por apartados:

  • Diseño: si algo funciona, no lo cambies
  • Pantalla: lo retro vuelve y las pantallas monocromáticas se mantienen
  • Medición deportiva: buen reconocimiento de actividades, sueño y ahora también SpO2
  • Conectividad: demasiado sencilla para ser smartwatch, muy avanzada para ser smartband
  • Software: la parte más importante de la pulsera está en tu móvil
  • Batería: ¿una semana de entrenamientos o 5 horas posicionado? Tú eliges
  • Conclusiones: monitorización deportiva sin adornos ni florituras

Si algo funciona, no lo cambies

Tras esa máxima parecen haberse escudado en Fitbit ante los escasos cambios a nivel estético y de diseño que existen entre la Fitbit Charge 3, que también tuvimos ocasión de analizar, y la Charge 4. A simple vista a cualquier usuario le costaría diferenciarlas, pero el nuevo modelo es algo más grande.

El diseño se basa el un concepto monolítico en el que correa y dispositivo tienen la misma anchura de 22,7 mm para ofrecer la sensación de continuidad. Esta continuidad se rompe con el cambio de materiales y textura de la correa.

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La pulsera deportiva Charge 4 que estamos probando viene con el acabado clásico en negro mate, cuya única ornamentación es la textura en rombos a lo largo de su correa de silicona. Este modelo también está disponible en acabados color ciruela, azul Tormenta y una edición especial textil reflectante en color gris granito.

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De cualquier forma, no deberías tener problemas al cambiar de pulsera ya que la Charge 4 utiliza el mismo sistema de anclaje que la Charge 3 y, por tanto, ambas smartbands comparten correas.

El sistema de fijación es realmente cómodo de usar y no es necesario utilizar ningún tipo de herramientas para cambiar el aspecto de la pulsera en solo un minuto.

Basta con pulsar un pequeño botón situado en la junta entre el dispositivo y la correa para que el sistema de anclaje se libere y la correa quedará libre. El montaje de la nueva correa es incluso más sencillo ya que solo debe presentarse en su lugar y presionar ligeramente hasta escuchar el “clic” del anclaje.

Es probable que esta operación de cambio de correa de la Fitbit Charge 4 sea una de las primeras cosas que deberás hacer ya que la pulsera incluye dos tamaños de correa: un segmento de 102 mm de largo, para las muñecas más estrechas, y otro de 132 mm de largo para acomodarse a las muñecas algo más anchas.

Además de para adaptar el diámetro de la correa, este sistema de anclaje rápido facilita las opciones de abrochado de la pulsera ya que permite girarla para cambiarla de mano, permitiendo cambiar también la orientación de la hebilla para que siempre quede en la parte externa de la muñeca y la parte sobrante de la correa no estorbe.

La correa, aunque algo rígida, se aprecia de buena calidad y la hebilla es metálica en un acabado en gris, lo cual aporta una mayor sensación de calidad al conjunto.

Una vez ajustado el tamaño adecuado, la pulsera se acomoda perfectamente a la muñeca y resulta para nada pesada ya que apenas pesa 20 gramos.

Tampoco sobresale mucho ya que el dispositivo tiene un grosor de unos 12,5 mm incluyendo ahí el sensor cardiaco que debe permanecer en contacto con la piel, mientras que el frontal tiene una longitud de 35,8 mm.

En el lateral del dispositivo se mantiene la hendidura en el lado izquierdo que indica la posición del botón háptico y que a su vez sirve de anclaje para el cargador. Al aplicar una ligera presión sobre esa zona, la pulsera inteligente Charge 4 nos devuelve una pequeña vibración que indica que el “botón virtual” se ha pulsado.

Este botón se utiliza para activar la pantalla cuando no se tiene activada la función de detección de movimiento y para volver atrás entre los distintos menús de configuración y funciones de la pulsera.

Salvo el frontal fabricado íntegramente en cristal, todo el dispositivo está facturado un policarbonato que se aprecia de buena calidad, y dibuja unas líneas suaves en su parte posterior para hacerlo más confortable mientras se lleva puesto.

En base del dispositivo encontramos una hilera de sensores entre los que es fácil identificar el sensor óptico de ritmo cardiaco, así como los infrarrojos integrados en sistema SpO2 necesarios para detectar funciones como la de pulsioxímetro.

En la pequeña joroba en la que se ubican los sensores de monitorización también encontramos los contactos metálicos a los que se conecta el cargador cuyo uso es obligatorio ya que no permite la carga inalámbrica.

En términos generales, el diseño de la última smartband de Fitbit podría calificarse como funcional. No es ni la más original, ni la más cómoda de todas, pero cumple su función a las mil maravillas, y hace su trabajo ofreciendo una experiencia de uso muy buena.

Lo retro vuelve y las pantallas monocromáticas se mantienen

Ya hemos comentado que hay pocos cambios en el apartado del diseño de la Fitbit Charge 4 que estamos analizando, y la tendencia se mantiene al hablar de la pantalla.

Si no fuera porque en estos momentos estoy mirándola y veo que estamos en 2020, bien podría decirse que la pantalla es de hace una década por la tecnología que utiliza.

Hablamos de una pantalla OLED de 1 pulgada en escala de grises y con funciones táctiles, aunque la respuesta a las pulsaciones no siempre es precisa ni inmediata. Sorprende que solo cuente con una resolución de 160 x 100 píxeles en un dispositivo que, sí o sí, vas a mirar a una distancia de no más de 40 cm.

Esto hace que irremediablemente se aprecien los pixeles que forman los dígitos y textos del contenido que se muestra en pantalla, diluyendo la sensación premium que debería transmitir una smartband de esta categoría.

Ver una pantalla de estas características en 2020 no deja de sorprender, sobre todo cuando incluso dispositivos de monitorización deportiva mucho más asequibles ya montan pantallas táctiles a todo color y con mejor definición.

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Como decimos, la experiencia táctil de la pantalla no siempre es la deseable y eso que es la única forma de interactuar con la interfaz de la Charge 4.

Para acceder a los menús de configuración y de funciones es necesario deslizar la pantalla hacia arriba, abajo o hacia la derecha. En algunas ocasiones, la pantalla ha detectado un deslizamiento hacia abajo, cuando en realidad se ha realizado hacia la derecha y viceversa.

Como sucede en muchos smartwatches y pulseras deportivas, la pantalla se activa al levantar el brazo haciendo el gesto de mirar la hora. Es en ese momento cuando el acelerómetro de tres ejes integrado manda la orden a la pantalla para que se encienda.

La Fitbit Charge 4 ha logrado implementar muy bien esta respuesta. Basta un gesto suave y natural para que la pantalla se active. Eso sí, tiene un ligero retraso que, en un primer momento parece que no se va a encender, pero tras unas décimas de segundo, enciende la pantalla y muestra la información.

Imaginamos que ese breve retraso es el que necesita el sensor de brillo de la pantalla para ajustarlo al nivel adecuado y contrarrestar la luz ambiental.

El brillo de la pantalla de la Fitbit Charge 4 es correcto incluso a pleno sol, aunque las opciones de ajuste quedan limitadas a tres, siendo el modo Auto el más adecuado ya que adapta el brillo de la pantalla a la intensidad de luz ambiental.

Desde la app de Fitbit con la que se configura el funcionamiento de la Charge 4 puede personalizarse el diseño de las esferas que se muestran en pantalla, de forma que aparezca distinta información o que cambie su aspecto.

La experiencia de uso de la pantalla en la Fitbit Charge 4 no puede decirse que es de las mejores, pero cumple su función de mostrar la información de forma precisa. Además, desde la app de Fitbit se puede elegir entre distintos diseños de pantalla en los que se muestra distinta información para obtener de un solo vistazo los datos que necesitas saber.

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El problema es que, a veces, para acceder a esa información es necesario prestar más atención de la deseable, teniendo incluso que interrumpir levemente la actividad para encender la pantalla.

Buen reconocimiento de actividades, sueño y ahora también SpO2

Hay que reconocer que el objetivo para el que se ha creado esta pulsera de actividad lo cumple de forma precisa y sin paliativos siendo uno de los puntos fuertes en el que realmente destaca la Fitbit Charge 4 que estamos analizando.

No cabe duda que la Fitbit Charge 4 ha sido creada para monitorizar la actividad y en eso centra todo su potencial, olvidándose de otros aspectos más experienciales.

Una de las funciones básicas en este tipo de dispositivos es el reconocimiento y monitorización de distintos parámetros específicos de cada disciplina deportiva. Es aquí donde detectar un mayor número de actividades resulta imprescindible.

La pulsera solo permite “precargar” seis accesos directos a disciplinas deportivas, por lo que es necesario configurarla para que monitorice los seis deportes o entrenamientos que practicas habitualmente. Si necesitas alguno más tendrás que cambiarlo por uno de los que ya existen desde la app de Fitbit instalada en tu smartphone, y de cuyo funcionamiento te detallaremos más adelante.

Es cierto que el catálogo de disciplinas deportivas no llega a casi el centenar que ofrecía el Huawei Watch 2e que analizábamos hace unas semanas, pero sí dispone de 20 actividades entre los que se encuentran tenis, natación, pesas, golf, senderismo, yoga, artes marciales, ciclismo o distintas modalidades de entrenamiento y de máquinas de gimnasio como elíptica, máquina de escaleras o carrera en cinta.

La limitación de seis accesos directos puede llegar a ser molesto ya que un entrenamiento de sala puede fácilmente incluir sesión de pesas, carrera en cinta, elíptica o máquina de escaleras, entre otras actividades.

La Charge 4 de Fitbit viene equipada con una buena batería de sensores que le permiten monitorizar las constantes durante el entrenamiento de forma eficiente y fiable ya que, en algunos casos, obtiene sus resultados combinando la información obtenida por distintos sensores.

Basta con iniciar la práctica deportiva para que la pulsera detecte que te has puesto manos a la obra y comenzará a recopilar los datos, identificando el tipo de actividad que has iniciado en base a tus movimientos. Cuando te detengas a hacer un descanso, el contador de la pulsera también se detendrá automáticamente.

Demasiado sencilla para ser smartwatch, muy avanzada para ser smartband

Uno de los principales dilemas de esta pulsera es que, sin duda, es una pulsera que se encuentra un escalón por encima de muchas de sus rivales. Pero el problema es que también se encuentra solo un escalón por debajo de los smartwatches y con un precio muy similar.

Aun así, la Fitbit Charge 4 cuenta con argumentos sólidos para respaldar su posición, y la conectividad es uno de ellos.

Una de las principales novedades que incorpora la Charge 4 es la integración del GPS en la propia pulsera por lo que, para iniciar ese posicionamiento desde el primer minuto, lo ideal es activar manualmente la actividad desde el propio dispositivo. Inmediatamente iniciará el posicionamiento y comenzará a registrar los datos.

Otra de las características interesantes es el sensor SpO2 que estima la saturación de oxígeno en sangre. Esta estimación se lleva a cabo desde los sensores óptico e infrarrojo ubicados en la base del dispositivo.

Cuando la sangre se encuentra bien oxigenada, su color es más rojo, por lo que los sensores infrarrojos son capaces de distinguir distintos niveles de intensidad y establecer así su nivel de oxígeno en función de si rebota una luz más rojiza o más azulada, síntoma de que la sangre tiene una baja concentración de oxígeno.

Los datos de saturación de oxígeno en la sangre se combinan con otros parámetros para obtener gráficos e históricos sobre la calidad del sueño o el nivel de esfuerzo realizado en cada tramo del entrenamiento.

Estos datos son realmente útiles ya que contribuyen a la detección temprana de anomalías respiratorias que podrían derivar en serios problemas de salud como la apnea del sueño o arritmias.

En cualquier caso, Fitbit Charge 4 no es un dispositivo de categoría médica y solo debe tenerse en consideración a modo orientativo, pero nunca diagnóstico. Por lo que, ante la mínima sospecha, lo más recomendable es acudir a un médico.

Ya que mencionamos las funciones relacionadas con el sueño, la Charge 4 que estamos analizando también permite monitorizar las distintas fases del sueño en base a las lecturas de la frecuencia cardiaca, saturación de oxígeno en sangre o detección de movimientos.

Teniendo en cuenta todos esos factores, es capaz de detectar cuánto tiempo has estado en cada fase del sueño (despierto, sueño ligero, REM y sueño profundo) y dependiendo de esos datos, te asigna una puntuación cualitativa para la sesión de sueño.

Este reconocimiento de fases también se aplica a la práctica deportiva, ya que Fitbit Charge 4 detecta la intensidad de la actividad en base a tu ritmo cardiaco y la separa en tres zonas distintas: Zona de quema de grasas, Zona cardio y Zona de pico.

Esta clasificación por zonas no es fija, sino que se va adaptando al usuario y su evolución para ser más fiable a medida que se va poniendo en forma. Por ejemplo, cuando alguien no practica deporte habitualmente, puede entrar en Zona de quema de grasa con 70 pulsaciones, en Zona cardio con 110 pulsaciones y en pico con 160 pulsaciones.

Sin embargo, a medida que se gana fondo, el rango de pulsaciones de cada zona también va cambiando para adaptarse a la mejora en la respuesta física.

La última pulsera de Fitbit conserva el mismo sistema de sincronización de notificaciones desde el móvil que ya vimos en la versión anterior. Hablamos de aviso de llamadas, pero también de mensajes recibidos en distintas aplicaciones.

Gracias a estas notificaciones puedes leer los mensajes de WhatsApp, SMS y correos electrónicos directamente en la pantalla, aunque lo hace con las limitaciones propias de una pantalla de una pulgada.

Ejercicio y música siempre han ido de la mano. De hecho, se ha demostrado que escuchar la música adecuada durante los entrenamientos puede mejorar los resultados. Fitbit ha potenciado esa teoría en la Charge 4 incorporando una función que permite controlar la reproducción de música de Spotify.

Sin embargo, esta función no nos ha terminado de convencer. En primer lugar, la función solo puede ser usada si tienes una suscripción Spotify Premium. Algo que no es responsabilidad de Fitbit, sino que es Spotify quien lo impone desde su API y que ya hemos visto en otros servicios como altavoces inteligentes.

Asumiendo que tienes esa suscripción, de todas formas, tendrás que llevar tu smartphone contigo ya que lo que hace esta función es vincular la pulsera con la app de Spotify y permitir el control de la reproducción de contenidos, pero es tu smartphone quien reproduce el contenido y tiene conectados los auriculares.

Sin duda habría tenido más sentido incorporar algo de memoria interna en la Fitbit Charge 4 y permitir al usuario guardar ahí su música para que pueda dejarse el smartphone en casa. Algo que cobra especial sentido ahora que se puede pagar y usar el GPS sin depender del móvil.

La última de las novedades importantes que no podemos dejar de nombrar es la posibilidad de realizar pagos directamente desde la pulsera gracias al sistema Fitbit Pay. Este sistema todavía es limitado en cuanto a entidades bancarias que lo soportan (aquí tienes un listado de entidades).

El sistema es tan sencillo como introducir los datos de pago en la aplicación de Fitbit que controla el funcionamiento de la pulsera y, en el momento de pagar, activar la función de pago desde la pulsera insertando un número PIN. Después solo tienes que acercarla al datáfono contactless como harías con el móvil o con la propia tarjeta.

La parte más importante de la pulsera está en tu móvil

Puede resultar curioso, pero el componente más importante de este dispositivo no se encuentra en la pulsera, sino que lo tienes que instalar en tu smartphone. Hablamos de la aplicación de Fitbit, disponible para Android e iOS.

Esta aplicación actúa como HUB en el que se sincronizan todos los datos recogidos por la Charge 4, y se segmentan y combinan para mostrar gráficas y puntuaciones en ámbitos como el rendimiento deportivo, el control del sueño, la programación de nuevos objetivos, etc.

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El panel Hoy de la app permite obtener una vista rápida de cómo está yendo el día en cuanto a distancias, calorías, datos de sueño etc., a modo de resumen. Basta con pulsar sobre alguno de los datos indicados para empezar a bucear en los detalles de cada apartado.

Por ejemplo, el apartado del análisis del sueño está presidido por una gráfica en la que se muestra la puntuación del sueño obtenida cada día. La app otorga una nota a tu sueño en función del porcentaje de tiempo que has pasado en cada una de las fases de sueño. No se valora solo la duración sino la calidad.

Desde aquí, se puede acceder a los detalles del sueño para ver el tiempo que se ha estado en cada fase y acceder a los datos de saturación de oxígeno en el torrente sanguíneo para detectar apnea de sueño u otras patologías respiratorias que afectan al correcto descanso.

Una de las novedades que Fitbit ha incorporado con la Charge 4 es la métrica de Minutos en zona activa con la que se cuantifican los minutos de actividad deportiva en función de su intensidad mediante una serie de multiplicadores.

Esta nueva métrica toma las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y la Asociación Americana del Corazón, y las convierte en minutos de ejercicio. Estos organismos recomiendan un mínimo de 150 minutos de actividad diaria o 75 de actividad intensa. ¿Cómo trasladar esa recomendación a la rutina del día a día? Pues mediante el cálculo que propone la métrica de Minutos en zona activa de Fitbit.

El concepto puede ser un poco confuso al principio ya que no se trata de minutos reales de ejercicio, sino una conversión en función de la intensidad y duración de la actividad física.

Fregar el suelo de tu casa, hacer la compra, bailar e incluso limpiar el coche implican un cierto grado de actividad que implica un movimiento y una aceleración del ritmo cardiaco derivada de ese esfuerzo, y no por ello es una actividad deportiva en sí misma.

Los algoritmos de Minutos en zona activa utilizan el sistema de zonas de ritmo cardiaco que mencionábamos en el apartado anterior y le aplica una serie de multiplicadores. De ese modo, cuando la Charge 4 que estamos analizando detecta actividad en la zona de quema de grasas, le aplica un multiplicador X1 a ese tiempo registrado.

Cuando la actividad es algo más intensa y se sitúa en la zona de cardio o pico, se le aplica el multiplicador X2, por lo que 10 minutos en las zonas de mayor intensidad, son 20 minutos en Minutos en zona activa.

Esto significa que, si practicas una actividad física deportiva intensa, solo necesitarás 75 minutos reales para puntuar con 150 minutos en la zona activa, mientras que, si practicas actividades menos exigentes, necesitarás mantener esa actividad durante 150 minutos reales para cumplir con las recomendaciones de la OMS.

Una de las ventajas de contar con posicionamiento GPS integrado en la pulsera deportiva es que permite combinar los datos de posicionamiento con los de las constantes, creando mapas de intensidad del ejercicio.

Esta función resulta perfecta para los runners u actividades similares, ya que les permite descubrir en qué zonas del recorrido han bajado el ritmo y en cuales su cuerpo se ha puesto al límite.

La app de Charge 4 muestra toda esa información y la pone en un contexto aportando un histórico de los datos para que el usuario pueda ver su evolución. La aplicación de Fitbit es, sin duda, uno de los valores diferenciales de la Charge 4, ya que se posiciona como una sólida herramienta que da sentido a los datos que recoge la pulsera.

¿Una semana de entrenamientos o 5 horas posicionado? Tú eliges

La autonomía de la Fitbit Charge 4 que estamos analizando se mantiene en los mismos términos que ya vimos en la Charge 3 que, en nuestro caso específico, ha alcanzado hasta seis días de actividades deportivas casi diarias.

Sin embargo, como no podía ser de otro modo, esta autonomía se reduce drásticamente hasta un máximo de 5 horas cuando se activan las funciones GPS.

Dentro de esta buena duración caben todas las comillas y asteriscos, ya que su duración depende directamente del número de notificaciones que tengas activadas, el tipo de actividad deportiva que practiques, y si se practica en exteriores donde se activan las funciones del GPS integrado o en el interior de una sala donde el posicionamiento carece de sentido.

Debido a las condiciones actuales de confinamiento a causa del Covid-19, los movimientos han sido limitados, tanto en tiempo como en distancia. Pero han sido lo suficientemente amplios como para probar las funciones del GPS y su impacto en la duración de la batería.

El uso más habitual durante toda la prueba de la Fitbit Charge 4 ha sido realizar una actividad moderada al aire libre, con la función de localización por GPS activada durante una hora y media aproximadamente, y una media de 5 días por semana. Todo ello con algunas notificaciones activadas como el aviso de llamada o la recepción de correos.

Ante este escenario, la autonomía de la Fitbit Charge 4 ha sido de seis días frente a los siete días de uso que promete Fitbit. Pero si se reducen las notificaciones y se prescinde del posicionamiento GPS no resultará descabellado conseguir superar incluso esos siete días de uso.

Cuando llega el momento de recuperar su carga de batería, la Charge 4 utiliza un cargador propietario con conexión USB de tipo A que, a modo de pinza se ajusta a la hendidura que sirve como referencia para el botón háptico lateral haciéndolo coincidir con los contactos de carga.

La carga del dispositivo tarda unos 35 minutos en alcanzar el 50% y unos 105 minutos en completar el 100% de carga.

Monitorización deportiva sin adornos ni florituras

Llegamos al punto final de este análisis en el que hemos podido descubrir las debilidades de esta pulsera de actividad, pero también sus fortalezas que son muchas.

El primer punto débil de la Charge 4 es que se parece demasiado a un smartwatch, pero continúa siendo una smartband.

Esto no es per se un problema, ya que se trata más de un tema de percepción que pueden tener los usuarios que se acerquen a esta smartband avanzada con la expectativa de encontrar funciones propias de un smartwatch y luego se encuentren con que el producto se centra muy exclusivamente en la monitorización deportiva y la promoción de una vida activa más que en la conectividad que ofrece un reloj inteligente.

Por todo lo demás, la Fitbit Charge 4 ejecuta de forma impecable para lo que ha sido diseñada, y lo hace bien a dos niveles.

A nivel de hardware la pulsera viene muy bien equipada con una sensórica muy precisa con la que recoge la materia prima con la que trabajan estos dispositivos: tus constantes vitales y los datos de tu entorno.

Después viene otra tarea tanto o más importante que la de recogida de datos, que no es otra que la presentación y segmentación de esos datos de forma que sean útiles para el usuario y le ayude a mejorar en sus entrenamientos o, simplemente, a corregir hábitos del sueño, etc.

Por lo tanto, la actitud con la que el usuario se acerque a este dispositivo marcará de forma definitiva su experiencia. Si lo que busca es precisión y un buen procesado de los datos, al tiempo que se potencia la motivación, la Fitbit Charge 4 es una excelente elección.

Elementos como la pantalla monocromática o una experiencia táctil muy limitada se alinean en la lista de los "contras", siendo una de las debilidades de este dispositivo. Debilidades que, pese a todo, no consiguen eclipsar la brillantez de sus puntos fuertes.

Es indudable que en el mercado de importación chino existen alternativas mucho más asequibles que los 149,95 euros que cuesta la Fitbit Charge 4, pero también es cierto que detrás no tienen un hardware y, sobre todo, un software tan sólido como el que ofrecen los dispositivos de Fitbit... y eso tiene un precio.

Charge 4

Charge 4 es la primera pulsera de actividad de Fitbit con GPS integrado.