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El 40% de los españoles mayores de 50 convive con dos o más enfermedades

Logotipo de El Independiente El Independiente 01/04/2019 Cristina Castro
Cuatro de cada 10 españoles con más de 50 años convive con dos o más enfermedades crónicas. © Proporcionado por Park Row Digital, S.L Cuatro de cada 10 españoles con más de 50 años convive con dos o más enfermedades crónicas.
Primero en Upday © Proporcionado por Park Row Digital, S.L Primero en Upday  

Mientras crece la esperanza de vida, la Sanidad afronta uno de sus mayores retos. El aumento de quienes pasan cada vez más años de su vida conviviendo con enfermedades. Males que gracias a los avances médicos ya no matan pero, sin embargo, permanecen y exigen unos cuidados que los Sistemas Sociosanitarios no siempre están preparados para afrontar.

En concreto y en España, el 39,9% de los españoles mayores de 50 años conviven con dos o más enfermedades, una cifra que se incrementó un punto porcentual entre 2006 y 2015, según refleja el análisis sobre “Multimorbilidad y resultados sanitarios en adultos mayores en 10 Sistemas Sanitarios europeos 2006-15”, que se publica en la revista Health Affairs.

Mayores de 50 años con dos o más enfermedades en Europa (en porcentaje) © Proporcionado por Park Row Digital, S.L Mayores de 50 años con dos o más enfermedades en Europa (en porcentaje)

Alemania ha sido el país donde más han crecido los enfermos crónicos con varias enfermedades, con un aumento del 34,2 al 44,6% en 10 años. En el conjunto de los 10 países analizados – que incluye también Francia, Italia, Austria, Bélgica, República Checa, Dinamarca, Suiza y Suecia – el porcentaje de multimorbilidad (pacientes con dos o más enfermedades crónicas) ha aumentado un 3,2% hasta el 41,5%.

Suiza es el país más sano y, pese al incremento de los últimos años, la tasa está en el 26,2% según los últimos datos de 2015. En el extremo contrario está Bélgica, donde casi la mitad de la población que rebasa los 50 años (47,5%) tiene dos o más enfermedades crónicas.

Los datos proceden de cerca de 7.000 personas incluidas en la Encuesta de Salud, Envejecimiento y Jubilación en Europa (SHARE) y ha estudiado distintos condicionantes de salud como problemas cardiovasculares, hipertensión, ictus o problemas cardiovasculares, diabetes y problemas de azúcar, enfemedades crónicas pulmonares, artritis y reuma, cáncer, úlceras, parkinson, cataratas, fracturas de cadera y fémur, alzheimer y otras demencias y depresión.

Respuestas “lentas” de los países

El estudio ha analizado también la respuesta que los Sistemas Sanitarios están dando a este tipo de enfermedades. Ésta se califica como “lenta” y desigual, mientras se destaca que algunos países enfoquen la atención a enfermos crónicos en relación a la edad y en otros no, o que en aquellos donde hay iniciativas en marcha – entre los que sitúa a Francia, Alemania o España – estas sean en su mayoría de carácter local.

Según los datos de SHARE, en los últimos años las enfermedades crónicas han reducido su impacto en las visitas en atención primaria en casi todos los países, así como en las capacidades funcionales de los enfermos. En España, en 2006, cada enfermedad crónica suponía visitar al médico de familia un 27% más, aunque esa correlación se redujo un 13% en 2015.

“En los últimos años la cronicidad ha aumentado por tres razones, el envejecimiento de la población, el aumento de la esperanza de vida y la mejora de los servicios sanitarios que ha convertido en crónicas enfermedades que eran letales”, explica Jesús Santianes, médico de Urgencias del Hospital Central de Asturias y coordinador del Grupo de Trabajo de Cronicidad y Dependencia de la Sociedad Española de de Médicos de Atención Primaria (Semergen).

Santianes subraya que, independientemente de la edad, aproximadamente un tercio de la población padece una enfermedad crónica y que éstas suponen tres cuartas partes de los costes sanitarios. “Entre el 70 y el 80% del cupo que atiende un médico de familia son patologías crónicas”, añade, “son además pacientes polimedicalizados que ocupan el 80% de las hospitalizaciones en servicios de geriatría y medicina interna”.

Ese es otro de los factores en los que incide el estudio. Que los avances en atención primaria no se han replicado ni a los ingresos hospitalarios ni a la calidad de vida. Un enfermo crónico tiene un 58% más posibilidades de ingresar en el hospital por cada una de las afecciones que padezca. El estudio subraya a España como uno de los países, junto a Austria, la República Checa o Alemania, donde más se ha conseguido reducir el impacto de estas enfermedades en la Sanidad, aunque califican la multimorbilidad como uno de los mayores retos en este ámbito.

Para Santianes, se han producido mejoras en la gestión de las enfermedades crónicas en los últimos años pero queda mucho camino por recorrer. “Una posible vía de abordaje de esta situación sería darle un enfoque multidisciplinar. “Al enfermo crónico no podemos verle como alguien que padece una o dos enfermedades individualmente, sino como una persona con una situación de salud y social”, explica el médico, que pone un ejemplo. “Podemos ver en atención primaria a un anciano como hipertensión y si nos obcecamos en bajarle la tensión sin tener en cuenta otros factores, podemos acabar provocándole un bajón de tensión que le ocasione una rotura de cadera. En ese caso pasaríamos de un paciente independiente con hipertensión a alguien con una dependencia que podría condicionar el resto de su vida”, indica.

Si tenemos en cuenta exclusivamente la edad, en España las personas mayores concentran el 70% del gasto sanitario. Sin embargo, otros datos como los del informe de Antares de 2014, reflejan que nuestro país está a la cola en plazas de hospital para enfermos crónicos, por lo que califica de “inquietante” la gestión del proceso de envejecimiento en España.

En el libro Qué está pasando con tu Sanidad, del ex ministro socialista de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, planteaba la necesidad de modernizar un sistema que, según él, atiende a enfermedades y enfermos agudos cuando lo que viene son “enfermedades y enfermos crónicos”. “Cada vez más lo que tenemos no se corrige operando en un quirófano. La mayoría de problemas puede tener un tratamiento en casa pero la atención domiciliaria es una revolución pendiente”. Cambiar camas de hospital por plazas en residencias de larga estancia o cambiar parte del personal sanitario por otro con titulaciones diferentes que atienda en otro tipo de entidades es un reto que “encuentra resistencias precisamente en la gente que cree que puede perder su trabajo en ese cambio. Pero hay que discutirlo y quitar el freno de mano por intereses corporativos”, decía Sevilla a El Independiente

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