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Inflación, un ángel disfrazado de demonio

logotipo de Expansión Expansión 20/10/2022 Bernardo Prum
Los bancos centrales están aumentando las tasas con el objetivo de frenar la inflación. © iStockphoto Los bancos centrales están aumentando las tasas con el objetivo de frenar la inflación.

(Expansión) - El actual ha sido un año complicado para los ecosistemas empresariales de todo el mundo. Y muy particularmente para el mexicano, en el que aún no se ve luz al final del túnel. Desde el inicio del año se habla de una inflación sin precedentes y que, conforme pasan los meses, parece no ceder y cada mes se supera a sí misma. Con números así, no falta mucho tiempo para que haya una recesión o estanflación generalizada, paralizando a la economía del país a niveles que no hemos visto en mucho tiempo. En momentos de alta inflación el poder adquisitivo de los consumidores baja considerablemente. Eso crea espirales complicadas para la liquidez de los negocios, los puede poner verdaderamente en jaque. No sólo bajan sus ventas, pueden perder clientes que estén en busca de nuevas opciones. Poco a poco, esto desencadena problemas económicos que después son verdaderamente difíciles de sortear, ¿pero, entre ese mar de malos augurios, hay una oportunidad para las empresas?

¿Una oportunidad de oro? No todos están en el mismo barco Margen de maniobra limitado

Las grandes oportunidades no siempre llegan como el camino o la opción fácil, la que se toma sin miramientos, muchas veces ese ángel salvador llega disfrazado de demonio, lo difícil es encontrarlo. Frente a estos escenarios altamente complejos se habla constantemente de que la inflación puede ser una oportunidad de oro para las empresas. Les ayuda a perfilar estrategias, probar su capacidad de resiliencia y poner en marcha sus planes anti riesgos. Al final del día, la palabra japonesa para “crisis” significa al mismo tiempo “peligro” y “oportunidad”; como tal, todo dependerá del enfoque que se le dé a una situación tan problemática como la de presiones inflacionarias altas. Y lo que para algunos es una oportunidad de oro, para otras empresas bien puede ser la estocada final. Sobre todo para las pequeñas y medianas empresas (pymes) mexicanas que no tienen la misma capacidad de respuesta a una crisis. Vaya, ni siquiera tienen acceso a los mismos instrumentos financieros que las compañías de mayor tamaño para mantener vivos sus inventarios y gestionarlos frente a una baja de ventas y un estancamiento de mediano plazo. Muy al principio de la pandemia se decía con frecuencia que “todos estamos en el mismo barco” frente a la emergencia sanitaria. La metáfora estaba muy incompleta. Más bien, todos estábamos en la misma tormenta, pero algunos la navegaron con buques de guerra y otros más con botes pesqueros. Las oportunidades, es decir, no se presentan igual para todos, mucho menos para quienes apenas pueden sobrevivir. Las pymes enfrentan un escenario sumamente complejo gracias a la inflación, pero que además se encadena a dos años de pandemia, de los que muchas empresas apenas salieron avante con grandes esfuerzos. De acuerdo a información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en México aproximadamente 30% de las compañías cerraron sus cortinas para siempre en los primeros meses de la pandemia. La mayoría de ellas, por supuesto, eran pymes. Durante el COVID-19, las pymes sobrevivieron con márgenes de maniobra limitados. Se digitalizaron a cuentagotas y como pudieron. La gran mayoría no puede hacer mucho más en un 2022 que se vuelve cada vez más difícil para los emprendedores. La temporada más alta de ventas está a la vuelta de la esquina—como el Buen Fin y los festejos navideños—, pero una buena proporción de las empresas que apenas sobreviven quizá no llegue a ella.

Las pymes saben sobrevivir y saben enfrentar escenarios adversos. Siempre lo han hecho. Pero su realidad es más dura que la de las empresas de mayor tamaño. Y eso es algo que no se puede soslayar: son los negocios que más requieren del apoyo de sus clientes e incluso de su ecosistema. Toda crisis puede tornarse en oportunidad, la clave está en canalizar todas y cada una de las oportunidades, salir a buscar otras más y rodearse de aliados en todos los flancos. Las pymes no deben confiarse, necesitan prepararse para un escenario aún más complejo porque quizá éste no sea el momento más difícil de los próximos meses. Con esas armas en mano, la inflación puede virar de ser el enemigo número uno al mejor amigo de las pymes. Nota del editor: Bernardo Prum es Director de Creze. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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