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La "explosión" de las madres solteras por elección: "Es un alivio que mi hija no tenga padre"

logotipo de El Mundo El Mundo 13/09/2019 LOLA SAMPEDRO
Nika Zurano y su hijo Hugo. © Unidad Editorial, S.A. Nika Zurano y su hijo Hugo. «Es un alivio que mi hija no tenga padre». Cristina Serra tiene 44 años, es maestra de Educación Física, triatleta y madre de Carla, una bebé de 19 meses que buscó y tuvo sola, con donante de esperma. Ella forma parte de esa «explosión» de mujeres que deciden vivir en soledad su maternidad, desde la libertad de la reproducción asistida. En España, este perfil subió en 2018 un 13%. En algunas comunidades como Baleares, el aumento es del 96%. «Tengo amigas separadas que me dicen que ojalá ellas hubieran hecho lo mismo que yo», asegura entre risas esta fuerza de la naturaleza que viene a la entrevista cargada con dos mochilas y su niña en brazos. Pura fibra y energía, es complicado imaginarla cansada. El encuentro es en el Illes Marratxí, el gimnasio al que suele ir a entrenar: «A mí lo único que me preocupaba era el deporte, que pudiera seguir preparando mis triatlones». Y pudo, cuando Carla nació, Cristina ya tenía toda su vida organizada, había buscado guarderías, canguros...: «Mira, solo en mi móvil tengo cinco teléfonos de chicas para cuando necesito una mano». Cuando se acercaba a los 40, ya estaba mal con su última pareja, pero no quiso «cometer el error de buscar un embarazo» con alguien con quien ya no se llevaba bien. Dos años después de la ruptura, empezó el tratamiento en la clínica IVI en Palma. En total, dos intentos y 18.000 euros, «ya ves, lo mismo que cuesta un coche». Lo dice y se ríe mirando a su niña todoterreno que sube y baja de la trona, que pasea por la cafetería, pinta y va y viene con sus andares de bebé, como una cría libre y feliz. Cuando dijo que estaba en tratamiento para quedarse embarazada, un familiar le sugirió que se «comprara un perro, son mucho más fáciles y baratos». Otro le recordó que «tener un hijo no es como comprar unas zapatillas de deporte, a un niño no lo puedes cambiar». Se lo decían explicándole la vida, como si Cristina fuera una cría y no la mujer adulta y libre que es. No les hizo caso y ahora, asegura, la ven tan feliz que solo le comentan lo valiente que ha sido. «En el último año se ha doblado la demanda y en los últimos tres ha subido un 70%. Es una explosión», asegura Javier Marqueta, director en Mallorca de IVI. Según el médico, «las solteras que desean tener hijos ya no están limitadas socialmente como antes, tienen más información y acceso a las técnicas y son conscientes de que la edad es sumamente importante». A su clínica van lesbianas y también mujeres heterosexuales solteras sin pareja: «Estamos viendo un aumento en separadas que deciden tener hijos y anteponen ese deseo a la pareja». Desde IVI se fijan en el fenotipo de las mujeres a la hora de escoger al padre donante. Tienen en cuenta su raza, el color de ojos y el grupo sanguíneo. «Es importante entender que el hombre dona su esperma al centro, no a las mujeres», aclara Marqueta. Ellas acuden a la clínica preocupadas por la salud de su futuro hijo y en eso influye mucho la selección del donante: «Aportamos pruebas, test de compatibilidad genética con las pacientes. Así buscamos evitar mutaciones, enfermedades». Cristina entra en el perfil habitual de esas madres solteras por elección. «En su mayoría, mujeres que toman esta decisión cuando rondan los 40. Como profesiones, nos encontramos que dominan las profesoras, las administrativas y las enfermeras», indican desde IVI. En pleno debate sobre las «madres arrepentidas» Cristina asegura que nunca ha sentido arrepentimiento de tener a su hija, «ni por un segundo»: «Yo floto en una nube desde que la tuve, era mi gran sueño, no recuerdo ni un día malo ni una mala noche, esa es la verdad». Lo dice y parece mentira, así que lo explica con más detalle con ánimo de convencer a la periodista: «Mi niña duerme bien desde siempre, conmigo en la cama. El colecho nos va estupendo. La tuve por cesárea y no he necesitado a nadie nunca, ni el primer día después haberla tenido por cesárea». «Como no tengo ayuda de mis padres, porque son muy jóvenes y tienen su vida, cuento con un montón de canguros de los que tirar, la guardería a la que va, la de este gimnasio... Lo tengo muy bien montado para disfrutar de mi hija sin olvidarme a mí misma, para mí eso es muy importante». «Tengo cinco amigas que han sido madres solteras por elección. Cada vez somos más y eso es así porque nos hemos dado cuenta de que las parejas se rompen continuamente y no lo necesitamos para ser madres», asegura Cristina, que cuando tuvo a su hija se sintió «muy tranquila, realizada y libre, porque no dependía de nadie». «Acabé entendiendo que mi hija y yo somos una familia». Esa ha sido uno de las luchas principales de la Asociación de Familias Monoparentales de las Islas Baleares (FAMOIB): ser reconocidas por ley como núcleo familiar. Lo consiguieron en julio de 2018. «Eso supone poder tener una serie de ventajas a nivel social y psicológico. Que esté reconocido que mi hijo y yo somos una familia significa que él no tiene ninguna carencia», explica su presidenta Nika Zurano, para quien «el hecho de reconocer la monoparentalidad de forma amplia hace que la sociedad sea más justa, más real». En su asociación, además de madres solteras por elección, hay una cuyo hijo tiene un padre que no quiso reconocer, tres hombres que han tenido a sus hijos con vientres de alquiler y un viudo. «No crecí con la idea de ser madre soltera, pero pasa el tiempo y te das cuenta de que si no lo tienes así, no lo tendrás», cuenta Nika, una enfermera de 46 años que con 38 empezó en un hospital público el proceso para tener a su hijo Hugo, que ahora tiene cinco años. Ella tuvo un año de espera, aunque cuenta que en otros puede haber hasta cuatro. En la pública te dan tres oportunidades para poder quedarte embarazada de un donante anónimo, tienes que tener menos de 40 años cuando empiezas el tratamiento y no tener otros hijos. Nika se quedó encinta de Hugo a la segunda. Al principio le daba vergüenza contarlo en el trabajo, pero una vez comenzó el proceso empezó a verlo «como algo normal». «La gente nos ve como personas muy valientes, si hubiera más ayuda se vería como algo más normal, porque es algo normal, las familias monoparentales somos el 30% de la población española, dos millones de personas», explica Nika recordando los últimos datos publicados por el INE. Ella, al contrario que Cristina, reconoce que ha tenido días de bajón, de cansancio, «como todo el mundo, y también muchas alegrías». Hugo sabe que ha nacido sin padre y lo vive con normalidad. Una vez al mes, va con su madre a la asociación, donde juega con otros niños de familias monoparentales: «No es un crío que pregunte por su padre ni creo que esa sea una pregunta que vaya a formular». Para Nika, elegir ser madre soltera no tiene nada que ver con el feminismo, sino «con el individualismo, con la libertad personal de decidir». «Si hubiera tenido pareja, lo habría tenido con él, pero no la tenía y decidí ser madre igual. Mi hijo ha nacido del amor».

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