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Científico Rafael Navarro, primer mexicano en Marte

logotipo de La Jornada La Jornada 05/04/2021 Emir Olivares Alonso
El científico mexicano, Rafael Navarro en imagen de archivo. Foto tomada de la cuenta de Twitter @icnunam © Proporcionado por La Jornada El científico mexicano, Rafael Navarro en imagen de archivo. Foto tomada de la cuenta de Twitter @icnunam

Ciudad de México. El primer mexicano en llegar a Marte se llama Rafael Navarro González destacado investigador del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien falleció por Covid-19 el pasado 28 de enero.

El equipo de científicos e ingenieros de la NASA que trabaja con el robot de exploración Curiosity en el planeta rojo –en el que Navarro colaboró— dio el nombre del mexicano a una montaña marciana, en homenaje a sus contribuciones.

El monte “Rafael Navarro” es una elevación escarpada de 120 metros de altura localizada en la parte noroeste del cráter Gale, cerca del Monte Sharp, donde está trabajando el Curiosity, que llegó a suelo marciano en agosto de 2012.

Es el quinto científico del mundo, y primer mexicano, en recibir esta distinción y grabar simbólicamente su nombre en Marte. Colaboró en dos misiones de investigación para la búsqueda de vida en ese planeta.

El equipo del Curiosity ha dado nombre a otros sitios explorados por el robot en honor investigadores cuyos trabajos fueron clave en las investigaciones en el planeta rojo y que han fallecido en años recientes, como Jake Matijevic, John Klein, Heinrich Wänke y Nathan Bridges.

Este lunes, la UNAM convocó a una conferencia virtual donde se anunció la decisión en honor a su destacado investigador. En ese marco, Fabiola Aceves Díaz, esposa del científico mexicano, agradeció la distinción y recordó que debido al empeño con el que Navarro desarrollaba su labor constantemente tenían una plática que él tomaba a broma.

“Siempre le decía: ‘Un día, tu nombre estará en Marte. No sé cómo, no sé de qué forma, pero estará’. Él sólo se reía. Trabajaba día y noche, era impresionante. Pero además de hacer bien su trabajo como investigador, también lo hacía como esposo, compañero y padre”.

Christopher Mckay, investigador de la NASA, destacó la trayectoria de Navarro, con quien trabajó de manera conjunta por más de 20 años. “Nos unió nuestro interés común de la búsqueda de vida en el exterior y en las zonas extremas de nuestro planeta”.

Recordó que los trabajos del mexicano fueron fundamentales para comprender después de más de 30 años los hallazgos de la misión Vikingo.

Su familia señaló que desean lanzar una fundación con su nombre para apoyar a jóvenes que deseen seguir el camino de la ciencia. Sin embargo, hasta ahora no han contado con el apoyo suficiente. Otra de las anécdotas narradas por su esposa es que constantemente el científico les decía: “De toda esa gente que me escucha, con una sola persona que se interese en la ciencia, le estoy ganando un científico a México”.

Nacido en abril de 1959, Navarro González egresó de la Facultad de Ciencias de la UNAM en 1983 y hacia 1989 realizó sus estudios de doctorado en la Universidad de Maryland, Estados Unidos. Aunque en esa época recibió recibió ofertas de trabajo de la NASA, decidió regresar a México. Ingresó al ICN en 1989 y 1994 fundó el Laboratorio de Física de Plasmas y de Interacción de Radiación con la Materia.

Fue uno de los fundadores de la astrobiología en México y recibió varios reconocimientos internacionales.

Estudió el papel de los relámpagos volcánicos en el origen de la vida; la detección de crisis del nitrógeno para la vida primitiva; encontró una zona estéril en la Tierra análoga a Marte; descubrió una nueva herramienta para indagar el cambio paleoclima en la Tierra mediante el análisis de gases atrapados en relámpagos petrificados; además de la identificación de las fallas de la misión Vikingo de la NASA en la detección de vida marciana.

En 2020 se le confirió el Premio Universidad Nacional. La Unión Europea de Geociencias le otorgó en 2009 la Medalla Alexander von Humboldt por demostrar que el ecosistema hiperárido en el desierto de Atacama era análogo de las condiciones del suelo en Marte, trabajo que fue fundamental para planear las misiones de la NASA al planeta rojo.

De ahí que fue incluido en el diseño del Laboratorio SAM, que se encuentra dentro del robot explorador Curiosity, en Marte, y cuyos resultados han sido presentados en las revistas Science y Nature.

En 2019 expertos de la NASA, del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia y de la Universidad de París reconocieron la relevancia de su trabajo desde la UNAM en busca de vida pasada en Marte.

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