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Vivir y trabajar en el mayor vertedero tóxico de Georgia

logotipo de dw.com dw.com 10/26/2021 Natia Shavadze, Ingrid Gercama, Nathalie Bertrams
© Proporcionado por dw.com

"Mire lo que le hemos hecho a nuestra tierra", lamenta Gocha Dumbadze, caminando por la montaña de basura doméstica e industrial conocida como el vertedero de Gonio. Se oye graznar a las gaviotas, mientras un camión arroja bolsas de restos de comida, latas, aceite de motor y cristales rotos. El hedor de los residuos quemados inunda el espacio. Un rebaño de vacas mastica bolsas de plástico.

El vertedero se encuentra a 10 kilómetros de Batumi, la segunda ciudad más grande de Georgia, también conocida como "Las Vegas del mar Negro" por sus casinos. Lo que empezó como un vertedero no oficial establecido en 1965 bajo la ocupación soviética, ha crecido hasta cubrir unos 300.000 metros cuadrados y elevarse entre 12 y 15 metros en el aire.

Dumbadze, un jornalero de 34 años y activista comunitario, vive al lado del vertedero en una choza que construyó con material recolectado en el mismo basurero. Otras veinte familias también se alojan aquí y se ganan la vida recogiendo desperdicios. La mayoría se han visto empujadas hasta aquí por la pobreza o las deudas del juego. Otras han huido de la incertidumbre en Abjasia, una república escindida de Georgia y apoyada por Rusia.

"Es un desastre ecológico", lamenta Dumbadze señalando un estanque de color verde brillante, que utilizan como fuente de agua. Cree que el pozo está contaminado por el vertedero y dice que los niños de la zona enfermaron después de jugar junto al agua.

Contaminación del aire, el suelo y el mar

El país genera 1.117.396 toneladas métricas de residuos al año, que acaban en 33 vertederos y 1.100 basureros ilegales y no regulados. El año pasado, 83.838 toneladas de basura procedentes de la región suroccidental circundante de Ayaria se vertieron en Gonio, que es responsabilidad del municipio de Batumi y está gestionado por LLC Sever, una empresa de recogida de residuos.

Sin embargo, según el Banco Mundial, Gonio, que como muchos vertederos del país carece de una gestión adecuada y no cumple las normas sanitarias de la Unión Europea (UE), es actualmente el mayor y más peligroso vertedero de Georgia.

Hace varias décadas, Natela Beridze, que hoy tiene ya 70 años, y su marido eran ganaderos vacunos. Cuando la gente empezó a verter basura en Gonio, la agricultura cerca de la zona se hizo imposible, ya que la tierra y el agua de los alrededores se contaminaron. "Pero nadie nos ayudó", cuenta Beridze. En la actualidad, la pareja se dedica a recoger basura para poder subsistir económicamente.

"El vertedero de Gonio es uno de los principales contaminantes de la región. El aire, el suelo y el mar están contaminados por el vertedero", critica Kakha Guchmanidze, ecologista independiente y especialista en gestión de residuos. Según Guchmanidze, el vertedero nunca ha sido equipado con sistemas adecuados de gestión de residuos, como un revestimiento, incineradores, filtros oxidantes de metano, estaciones de tratamiento de materiales tóxicos o incluso simples vallas y cierres.

Se han detectado fugas de agua tóxica en el cercano delta del Chorokhi, un valioso ecosistema e importante zona para las aves migratorias, que desemboca en el mar Negro. Los animales marinos, incluidas especies emblemáticas como el delfín nariz de botella y el esturión, ya amenazados por la sobrepesca y la degradación del hábitat, se ven afectados por la creciente contaminación.

Asimismo, los vertederos no gestionados también son una amenaza para el clima. El gas que se produce cuando se descompone la basura orgánica está compuesto por entre un 40 y un 60 por ciento de metano, que afecta significativamente más al calentamiento global que el dióxido de carbono. La descomposición de la basura orgánica contribuye aproximadamente al cinco por ciento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Recogida de residuos a cambio de céntimos

El vertedero es también un problema de salud pública. Hasta cien personas trabajan en él como jornaleros, a menudo sin equipo de protección ni seguro médico.

"El trabajo es muy peligroso", explica Mirza, mientras busca botellas, metal, aluminio y cobre. Lo vende a 5,45 euros (6,30 dólares) por bolsa a una empresa de reciclaje de Batumi. Como muchos de los trabajadores, tiene cicatrices y quemaduras por rebuscar entre los residuos tóxicos.

"No hay normas sanitarias en el vertedero y es urgente cerrarlo cuanto antes", subraya Tornike Kutchava, viceministro de Economía y Finanzas de Ayaria. Kutchava confirma que el agua tóxica se está filtrando al mar Negro y que el peligroso material puede acabar en la cadena alimentaria.

UNICEF informó en 2019 que el 80 por ciento de los niños de la región de Ayaria tenían niveles de plomo en sangre peligrosamente elevados y sugirió una posible relación con lugares peligrosos como los vertederos del país.

Promesas del Gobierno

En 2009, el gobierno de Ayaria anunció planes para cerrar el vertedero de Gonio y en 2015 recibió tres millones de euros (3,5 millones de dólares) del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), así como cuatro millones de euros (4,6 millones de dólares) de la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo, para construir una nueva instalación de eliminación de residuos sólidos.

Según Kutchava, el nuevo emplazamiento de Tsetskhlauri, a unos 45 kilómetros al norte de Batumi –que cumplirá las normas medioambientales de la UE y estará equipado, por ejemplo, con una unidad de recogida de gas metano– está en construcción y se inaugurará en 2022.

La gestión de residuos es un componente fundamental de la promesa del Gobierno central para conseguir un crecimiento más sostenible. El compromiso nacional de Georgia es alcanzar el 50 por ciento del reciclaje de plásticos para 2025 (el mismo objetivo que la UE) y el 80 por ciento para 2030.

Desde 2019, todos los municipios de Georgia están obligados a tener un sistema de separación de residuos, pero según el ecologista Guchmanidze, todavía no se ha materializado. "Una transición gradual hacia los principios de la economía circular sería la mejor solución para una gestión sostenible de los residuos", añade.

Aunque Mirza cree en los beneficios del reciclaje, teme que la nueva planta del Gobierno –que está demasiado lejos para poder desplazarse todos los días– le quite sus ingresos. Prefiere seguir trabajando en el vertedero, aunque sea peligroso.

Dumbadzee, por su parte, confía poco en las promesas oficiales y dice que nadie ha venido a hablar con ellos. Personas como él, que viven en el vertedero de Gonio, no están incluidas en los planes del Gobierno ni tienen derecho a una indemnización, según un portavoz del Ministerio de Economía y Finanzas de Ayaria.

"Perderemos todo y seguiremos viviendo en el vertedero", predice Dumbadze, mientras se encuentra con Mirza junto a una hoguera en la que arden neumáticos y plásticos, emitiendo un humo negro de olor ácido.

(ar/rml)

Autor: Natia Shavadze, Ingrid Gercama, Nathalie Bertrams

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