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Legisladores cubanos deshonran la lucha democrática al apoyar el 'fascismo' de DeSantis | Opinión

logotipo de El Nuevo Herald El Nuevo Herald 1/24/2022 Fabiola Santiago, El Nuevo Herald, Miami

Jan. 24—OPINIÓN Y COMENTARIO

Los editoriales y otros contenidos de Opinión ofrecen perspectivas sobre temas importantes para nuestra comunidad y son independientes del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Apenas los reconozco, legisladores y líderes republicanos cubanoamericanos de Miami.

Son un grupo vergonzoso.

¿Cómo pueden pedir democracia para Cuba en serio —y con asomo de credibilidad— cuando suscriben y pasan por alto los impulsos fascistas y racistas del gobernador Ron DeSantis en la Florida?

Ustedes están del lado de censurar lo que grupos de personas, entre ellos educadores y empresarios, pueden decir sobre la historia y la discriminación de los negros. Están del lado de la supresión de los derechos al voto de las minorías en nombre de la dominación política de un partido y a expensas de la democracia.

¿Les suenan estos temas?

Deberían sonarles: La gente es censurada, es gobernada por un partido y se le niegan sus derechos en Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Pero, para ustedes, está bien hacerlo en la Florida cuando el tirano del momento es DeSantis, cuyo trabajo sucio de acoso racial y sus fechorías electorales ustedes ayudan a promover rápidamente en la Legislatura.

Esquema electoral de DeSantis

En su último esfuerzo por saltarse los principios democráticos de equidad electoral, DeSantis ha presentado a la Legislatura de la Florida su propio mapa de redistribución de distritos del Congreso, que favorece claramente a los republicanos y priva de derechos a las minorías.

"Reduce el número de distritos en los que los afroamericanos podrían elegir un representante de su escogencia en un 50%, y mengua [el] poder de voto de los ciudadanos hispanos a pesar del dramático crecimiento de la población hispana en la Florida en los últimos 10 años", dijo al Miami Herald la abogada de Miami Ellen Freidin, presidente del grupo de defensa Fair Districts Now.

¿Cómo pueden ustedes, los herederos políticos de los cubanos que lucharon por una representación justa étnica y racial, defraudar a su propia comunidad y apoyar a DeSantis cuando obra así?

Los líderes cívicos hispanos de la Florida de antaño se revuelcan en sus tumbas —y los que todavía están en pie están asqueados de lo que ustedes están permitiendo.

El ambicioso DeSantis intenta acomodar la baraja en varios frentes para asegurarse una victoria en la Florida si se convierte en el candidato republicano para las elecciones presidenciales de 2024. Y trata de asegurar su reelección este otoño mezclando alarmismo con temas candentes que apelan a los niveles más bajos de xenofobia.

Hacerlo no es una estrategia política inteligente y aceptable como se intenta argumentar.

Con su movimiento descaradamente inconstitucional de gerrymandering (acomodar) los distritos por sí mismo —los mapas entregados al presidente del Senado con una carta advirtiendo que él tiene el poder de aprobar o desaprobar sus mapas— está violando las normas estatales de Distrito Justo y la Ley de Derechos de Voto.

¿Cómo pueden ponerse del lado de él, como una colección de cabezas de chorlito?

Otros cubanos lucharon por la representación

Los primeros líderes cívicos y políticos de la comunidad cubanoamericana sobre los cuales informé durante décadas —republicanos, demócratas e independientes, codo con codo, y otros aliados hispanos como el alcalde de Miami, Maurice Ferré, puertorriqueño— lucharon por el derecho de las minorías a la representación.

Las suyas fueron largas y duras batallas por el derecho al voto, a la ciudadanía americana, y a distritos donde las minorías tuvieran una oportunidad justa de competir. Y algunos de los mismos votantes del grupo de DeSantis (ahora personas mayores, pero no más sabias) despreciaron a los cubanoamericanos; nos dijeron que volviéramos a Cuba o a México y, cuando no lo hicimos, huyeron de Miami en masa.

Ustedes son libres, por supuesto, de tomar la posición política que quieran, pero sepan esto: están deshonrando a los líderes cívicos sobre cuyos hombros están parados, aquellos que trabajaron fuertemente para asegurar los derechos civiles que ustedes disfrutan.

Lo que está sucediendo en la Florida bajo la dirección de DeSantis no es una política partidista rutinaria.

Es un asalto descarado a la democracia por parte de un hombre fuerte que, como dijo Vanity Fair, tiene "un creciente complejo de creerse Dios", y el estado del estado —las restricciones al voto que ustedes aprobaron en la última sesión, el proyecto de ley para proteger a los donantes de dinero oscuro y el intento racista de blanquear la historia de los negros en las escuelas— debería recordarles la tiranía de la cual huyeron sus padres.

Ustedes no deben conocer muy bien la historia de Cuba. De lo contrario la conciencia les gritaría que recordaran que, para que el izquierdista Fidel Castro pudiera obtener el apoyo mayoritario de la población (como tratan de convencer a la gente de que va a ocurrir aquí con los demócratas al mando), existió un dictador, Fulgencio Batista, con su golpe de Estado de derecha en 1952.

No hay políticos valientes

Lo que siempre falta en Miami es coraje político.

¿Por qué no pueden ser republicanos honorables como la congresista Liz Cheney y su compatriota cubanoamericano de Ohio, el congresista Anthony González?

González llamó al expresidente Donald Trump lo que es, "un cáncer para el país". Votó para destituirlo, y ahora González no se presentará a la reelección en 2022. Deben saber que se vio abrumado por las amenazas provenientes de la clase de gente con la que ustedes están, y temió por la seguridad de su esposa y sus hijos.

¿Dónde está el Anthony González de Miami?

En ninguna parte, porque casi todos los funcionarios republicanos cubanoamericanos elegidos, desde el Congreso hasta la Legislatura de la Florida, están aprovechando la ola de conveniencia política, agarrados a los faldones de Trump y DeSantis.

Además, aunque es triste decirlo, algunos de ustedes también están cortados por la misma tijera con el síndrome de superioridad, ¿no es así?

Su comportamiento pusilánime y sin sentido en esta democracia luce aún peor cuando los cubanos verdaderamente valientes y pavorosamente reprimidos en la isla se enfrentan a una dictadura.

No tenemos tanta suerte en Miami.

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