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La razón definitiva para no explotarte los granos

logotipo de Cosmopolitan Cosmopolitan 24-11-2017 Alejandro Tovar

Qué tendrá, que resulta tan atractivo. Porque, bien pensado, es algo horrible, repugnante. Pero lo entiendes como un gran divertimento. Atención a la escena: sales de la ducha y, mientras te cepillas el pelo, la descubres. Llevas días sintiendo que algo va a suceder, que hay algo reclamando su papel protagonista. Y ha llegado el día del estreno. Ella te mira y te reta desde tu pómulo rosado que ahora presenta un punto discordante: una espinilla brutal. Y allá vas, con dos dedos en forma de pinza, dispuesta a hacerla desparecer mientras gozas con la pelea. ¿Te suena? Tal vez ahora te lo pienses dos veces cuando descubras lo que le sucedió a la pobre Katie Wright, una chica de Texas.

Porque su historia también comenzó como tantas otras, con el gusanillo por borrar del rostro una palpitante espinilla. Pero pudo tener un fatal desenlace. Katie desencadenó en su rostro una fuerte infección, resultado de no haber limpiado correctamente sus brochas de maquillaje. La foto es un poema:

Las manos quietas: esta chica te explica por qué nunca te debes quitar una espinilla © Hearst Communications, Inc. All rights reserved Las manos quietas: esta chica te explica por qué nunca te debes quitar una espinilla

La misma Katie la compartió en sus redes sociales para tratar de generar conciencia. En una entrevista, explicaba: “Decidí quitarme una espinilla que tenía debajo de la piel porque me llevaba doliendo varios días. Tras una hora, toda mi cara comenzó a hincharse y empezó a desfigurarse, dejando una herida abierta que seguía creciendo”.

Y corriendo al hospital. En Urgencias, los médicos le explicaron que esa espinilla estaba, por supuesto, infectada, y que ahora podía extenderse por el resto de su cara, alcanzando al ojo e, incluso, al cerebro. Los antibióticos empezaron a correr y fueron capaces de frenar el avance, pero los especialistas le aseguraron que, de no haber actuado con rapidez, el problema podría haberle provocado una ceguera permanente, una parálisis facial, o incluso –y no es broma–, la muerte.

Katie es ahora la voz más decidida contra la habitual práctica de explotar granos y espinillas. Con su testimonio, quiere generar conciencia e invitar a mantener unas rutinas de limpieza rigurosas que se extiendan, también, a los utensilios de maquillaje. “Siempre he sido muy estricta en el lavado de la cara, pero jamás pensé que también debía desinfectar la brocha de las cejas”, explicaba en su entrevista.

Los médicos y los dermatólogos llevan años ofreciendo consejos al respecto. Los granos son la consecuencia del taponamiento de un folículo de la piel, que impide el saneamiento natural y fomenta el crecimiento de bacterias. Pero es nuestro sistema inmune el que debe erradicar el problema, acabando con esos agentes perjudiciales. Por eso, si provocamos que la infección salga al exterior abriendo una puerta en nuestro rostro, estaremos ayudando a que esta se extienda con, visto lo visto, consecuencias que pueden llegar a ser realmente desastrosas.

¿Consejo general? Haz caso a quien te diga que no-te-toques. Hacerlo sólo empeorará la situación, podrá dejarte una marca difícil y costosa de borrar y, en el extremo, te hará correr el riesgo de desencadenar una infección mayor. Y si lo que quieres es evitar que las espinillas aparezcan, otra buena práctica es dejar descansar a la piel de vez en cuando y prescindir del maquillaje: los productos cosméticos consiguen, si no se eliminan correctamente, ‘alimentar’ los poros y terminar taponándolos, provocando así que surjan los granos.

En definitiva, limpieza y responsabilidad. Cualquier cosa antes que acabar como la pobre Katie.

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