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¿Libertad de expresión?

logotipo de La Vanguardia La Vanguardia 30/06/2020 Jordi Juan
© Rafael Henrique/SOPA Images/LightRocket via Getty Images

El mundo está cambiando a pasos agigantados y comienzan a vivirse situaciones inimaginables pocos años atrás. Que multinacionales como Coca-Cola, Starbucks, Unilever u Honda boicoteen a la red ­social Facebook por negarse a actuar contra el contenido tóxico de algunas de sus páginas es algo inédito y que confirma que no siempre vamos a peor. Más de 160 empresas han anunciado suspender las campañas de publicidad que ­tenían contratadas en la red social hasta que la empresa se comprometa a parar la difusión de fake news y de discursos de odio en sus plataformas.

Hace dos años, Facebook ya sufrió un grave problema reputacional cuando se descubrió que la firma Cambridge Analytica disponía de datos personales de más de 50 millones de usuarios de la red que podían ser usados para fines políticos. En aquel momento, Marck Zuckerberg ya hizo acto de contrición después de una fuerte campaña de boicot. Ahora ha sido como consecuencia de la pasividad de la compañía ante los tuits de Donald Trump sobre las protestas que habían generado la muerte del afroamericano George Floyd. Diversos empleados de Facebook optaron por hacer un paro virtual en protesta por la pasiva actitud de la compañía mientras el boicot comenzaba a crecer en las redes. A la vista de las protestas, Zuckerberg no ha tenido más remedio que rectificar y el contenido tóxico será eliminado y los mensajes de políticos que, como el de Trump, contengan falsedades serán etiquetados con un aviso sobre su idoneidad, como hace Twitter. En un primer momento, la reacción de Zuckerberg fue acogerse a la defensa de la libertad de expresión de la plataforma.

Y aquí radica parte del problema. En saber si la libertad de expresión tiene o no tiene un límite. Quien esto suscribe cree que sí, y admite que bajo esta misma cabecera han aparecido artículos que seguramente nunca debieron de haberse publicado. Y ad­mito mi culpa. Nuestra obligación ­como medios de comunicación es evitar que el odio se extienda en nuestra sociedad. Y la libertad de expresión no debería ser ninguna excusa para fomentarlo.

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